Ismael Grasa renueva los manuales de urbanidad

Ismael Grasa./
Ismael Grasa.

El escritor aragonés reivindica la buena educación, las viejas costumbres y las ciudades en su libro 'La hazaña secreta'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Los estoicos, Marco Aurelio y Montaigne estarían felices de saber que un escritor aragonés renueva sus tratados de buenas costumbres. 'La hazaña secreta' (Turner Minor), el nuevo libro del filósofo Ismael Grasa (Huesca, 1968), es una deliciosa obra literaria, escrita con amor por el lenguaje, que reivindica la urbanidad como una manera no sólo de manejarse por la vida, sino de hacer un mundo mejor. «Es una reflexión ética y cívica», resume Grasa.

En estas páginas se habla de indumentaria y de hábitos de higiene personal, de muebles viejos, de libros que acumulan polvo en las estanterías y que hay que mover de vez en cuando para que no se aburran, de jardines, de paseos y de amistad. «No es un libro nostálgico, porque no creo que antes hubiera una mejor educación, pero sí es una reivindicación de que nuestras vidas, para ser vividas de verdad, tienen que cobijar lo antiguo», asegura el escritor.

En tiempos de que todo se usa y se tira, de cambiar compulsivamente lo antiguo por lo nuevo, Grasa cree que los ciudadanos tienen la responsabilidad de cuidar lo que les rodea. «Todo lo que somos se edifica sobre lo viejo, así que cuando hacemos tabla rasa con algo, no estamos asumiendo lo que somos», explica Grasa. «Las objetos no tienen que tener solo pasado, también deben ser susceptibles de tenerlo, nos deben trascender», agrega.

«La gente se gasta mucho dinero en cosas nuevas y luego no es capaz de ver la belleza de un mueble del siglo XIX. De hecho, no hay nada más elegante que una cómoda que alguien ha dejado en la acera y que otro coge, sube a su casa y arregla. Este gesto es una manera de comunicarnos», asevera.

La ciudad como espacio común, el ágora de los griegos, es uno de los placeres que los ciudadanos no saben apreciar y disfrutar, a juicio del filósofo. «Una ciudad que olvida su centro y deja que se deteriore no es una ciudad. El centro tiene que ser para la buena vida y además, es mucho más ecológico», dice Grasa. A él no le emocionan los grandes heroísmos («que nos gustan tanto a los latinos»), sino el civismo cotidiano. «Lo más profundo se alcanza, a veces, a través de lo superficial», corrobora el filósofo, que ha publicado libros como 'De Madrid al cielo', con el que ganó el premio Tigre Juan, y 'Trescientos días de sol', premio Ojo Crítico de Narrativa.

'La hazaña secreta', título tomado de una cita de Montaigne en la que el filósofo francés reflexiona sobre la idea de que «la verdadera hazaña es un día en que no pasa nada», es una apelación a que las clases medias tomen conciencia de que la elegancia no es algo elitista, sino un camino para vidas felices y especiales. Porque cree Grasa que «la gente común, como concepto, no existe». «Me horroriza que se puedan tener estereotipos sobre la 'gente común'», insiste.

Y no todo está perdido con los jóvenes, sostiene. Él mismo, que lidia a diario con adolescentes en sus clases de filosofía, percibe que sus alumnos le prestan atención cuando da todas estas lecciones de urbanidad. «Les enseño cómo usar los cubiertos, cómo cerrar una puerta con cuidado... Y ellos se dan cuenta de que todo eso les sirve si van a un restaurante», señala.

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