Felipe Benítez Reyes: «Durante un tiempo, Walter Arias me tuvo abducido»

Benítez Reyes. /Alberto Ferreras
Benítez Reyes. / Alberto Ferreras

La Fundación José Manuel Lara reedita 20 años después y con un nuevo epílogo 'El novio del mundo', la novela del autor gaditano

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Dice Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960) que él tiene poco en común con Walter Arias, el personaje central, pero no centrado, de 'El novio del mundo'. Han pasado 20 años, «y por lo menos 20 cosas», dice Benítez Reyes, desde que la historia de su filósofo surrealista, pícaro y metafísico insuflara aire nuevo a la literatura española. Ahora, la Fundación José Manuel Lara reedita, con el añadido de un nuevo epílogo, una novela de culto, políticamente incorrecta, que partió de una ocurrencia y se convirtió en un clásico.

-¿Qué ha pensado al encontrarse con su obra dos décadas después?

Uno nunca está del todo contento con lo que escribe, pero eso es bueno, porque es un gran estímulo y si estás muy contento, te paralizas. Al principio sentí un poco de prevención y temor porque no sabía qué iba a hallar, no soy la persona que era ni el escritor que era. En este tiempo, no la había vuelto a leer y tenía un recuerdo vago, más del proceso de escritura que de la escritura en sí. Pero el reencuentro con Walter Arias ha sido muy potente porque durante un tiempo, este personaje tan excesivo me tuvo abducido. En aquella época, escribía 14 horas al día y pensaba en él en todo momento: si veía una película, tomaba notas para que me sirvieran. Incluso los artículos que hacía para la prensa parecía que los había escrito Walter y no yo.

-¿Cómo surgió el personaje?

Yo no tengo visiones panorámicas, no sé que le va a ocurrir al personaje. Yo voy tirando del hilo, aunque en este caso, el carrete fue largo. Tuve suerte con la primera frase, alguien que se acuesta en Ámsterdam y se levanta en una acera de Melilla con un camisón de mujer y sin acordarse de nada. A ninguna persona normal le ocurre eso, así que antes han tenido que pasar muchas cosas. Las primeras páginas me fueron dando la pauta y cuando uno encuentra el tono, todo fluye. La novela tiene mucha acción, pero su verdadero protagonista no es Walter Arias, sino el pensamiento de Walter Arias. Importa más la interpretación de los hechos que los hechos en sí mismos, y en eso fue un precursor.

-¿Se esperaba la repercusión que tuvo el libro?

No me la esperaba, y los editores tampoco. Recuerdo que cuando le entregué la novela, el difunto Toni López, de Tusquets, me dijo: «Literariamente es un nueve y comercialmente, un cuatro». Yo pensé que la media era un seis, que no estaba mal. Una semana después de su publicación se hizo una segunda edición y tuvo una gran aceptación sin campañas de prensa. Un tipo comenzó a escribirme diciéndome que era Walter Arias y que me había apropiado de su vida. En estos caso, mejor no contestar, que he visto muchas películas de terror. Otro me entregó una tarjeta que decía 'Club Walterista'. Una vez, un joven se me acercó por la calle y me dijo que se llamaba Walter Arias. Y creo que hasta se ha hecho un ballet basado en la obra. Es una novela de largo recorrido y con motivo del 20 aniversario es una buena ocasión para resucitar a este hombre.

-¿Cree que 'El novio del mundo' podría publicarse por primera vez actualmente?

Dependería del estatus del escritor. En 20 años han pasado muchas cosas, la irrupción de internet, la piratería, las modas literarias... Todo eso está llevando a los lectores por un determinado carril y esta novela no encaja en ninguno.

-Es columnista de prensa en los periódicos de Vocento. ¿Cómo afronta los artículos?

Procuro no moralizar, no dar sermones. Intento hacer una especie de análisis de la realidad con tendencia humorística, pero no con la idea de provocar la risa, sino para evidenciar lo absurda y lo involuntariamente cómica que puede ser la realidad. Ofrezco un retrato caricaturesco de la realidad y en eso mis artículos emparentan con la ficción.

-Ha ganado el Nacional de Literatura, el Nadal, el premio de poesía la Fundación Loewe, el Premio de la Crítica y el Ateneo de Sevilla, entre otros galardones, y sin embargo, parece que usted no ocupa en la literatura española el lugar que merece. ¿Lo ve así?

Si eso ocurre, no es por mala intención. Yo vivo lejos de los círculos donde se resuelven esas cosas y no tengo contacto con ello. Para que se acuerden de mí, se tienen que acordar en abstracto. Pero vaya, una cosa por la otra, porque ese apartamiento me sirve a mí para escribir con más tranquilidad, con más método, con más disciplina. Cuando uno es joven, a lo mejor aspira a que le reconozcan más o a tener más lectores, pero la edad va atemperando esos pensamientos y ahora pienso: '¿Las cosas van bien? Sí. ¿Podrían ir mejor? También. Pero mientras vayan bien, van bien'.

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