Fallece Ursula K. Le Guin, autora de culto de fantasía y ciencia ficción

Le Guin, después de dar su discurso tras recibir el Premio Nacional de Literatura de Estados Unidos en 2014. /Robin Marchant (AFP)
Le Guin, después de dar su discurso tras recibir el Premio Nacional de Literatura de Estados Unidos en 2014. / Robin Marchant (AFP)

La creadora de la serie de novelas de 'Terramar' había sido reconocida por su capacidad para analizar la cultura real desde otros mundos

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

La muerte de Ursula K. Le Guin con 88 años (Berkeley, 21 de octubre de 1929 – 22 de enero de 2018) ha provocado la perdida en el mundo real de una de las grandes creadoras de mundos imaginarios. Con su fallecimiento se acabarán sus afinadas aproximaciones a la cultura desde mundos soñados, ya no surgirán más novelas de 'Terramar' ni su pluma volverá a presentar una nueva obra para publicar junto a sus 22 obras.

Reconocida en el mundo de la ciencia ficción y de la fantasía con los prestigiosos premios Nebula y Hugo, Le Guin se acercó al ser humano desde diferentes aspectos que le ofrecía la imaginación. Hija del reconocido antropólogo Alfred Krober, su interés por el ser humano la condujo a tratar de exponer sus dudas y sus ideas en sus escritos. Entre sus originales enfoques se encuentra 'La mano izquierda de la oscuridad', una novela que explota los tabúes e interrogantes del ser humano a través de diferentes razas alienígenas y los cambios de sexo. En su multipremiada 'Los desposeídos: una utopía ambigua' logró abrir el debate entre los lectores -no cerrado- sobre los sistemas políticos. Su formación ayudó a sus inquietudes morales y filosóficas: estudió en las universidades de Harvard y Columbia, donde se especializó en lenguas romances y en la literatura italiana y francesa del Renacimiento y de la Edad Media.

También el mundo de la fantasía resultó prolífico para Le Guin con sus crónicas de Terramar. No obstante, su traslación al cine en 'Cuentos de Terramar' (2006), la película de animación de Goro Miyazaki (hijo de Hayao Miyazaki) resultó fallida para la escritora porque sintió que su mensaje se había modificado para mal.

No obstante, la principal aportación de Le Guin fue su exploración del ser humano gracias a su interés por el taoísmo, sus inclinaciones anarquistas -que nutren sus ocho novelas del ciclo de los planetas de Ekumen-, su feminismo o sus reflexiones sobre la filosofía desde unos textos habitualmente escritos en primera persona y traducidos a más de 40 idiomas. «Un libro es una vía de introspección para comprender la realidad», explicaba en una entrevista durante la promoción de 'La rueda celeste'.

Una docena de poemarios, 13 libros infantiles y más de un centenar de relatos enriquecieron su aportación en forma de novela. La ciencia ficción acogió su aproximación por su novedad. Ese fue uno de sus grandes éxitos. Le Guin había abandonado el género durante su adolescencia porque las obras consistían en «hombres blancos a la conquista del universo» y volteó el enfoque con gran éxito cuando decidió comenzar su carrera.

«Cuando yo empecé a escribir lo más fácil era colocar a un hombre en el papel principal y las chicas solían fingir que eran hombres o mujeres, pero los chicos solían rechazar la protección de una mujer en los libros infantiles. Pero eso me atacaba con un poco de tristeza porque pienso que la mayoría de los hombres y mujeres tienen tanto a un hombre o a una mujer en su interior y son capaces de ser mucho más de lo que les han dicho. Gracias a las feministas me di cuenta de que no tenía que sentarme y decir que no soy una mujer y preguntarme por qué estoy escribiendo como un hombre. Fue un gran paso para mí porque hay grandes diferencias en la sensibilidad y en la audiencia. Sabía que perdería cierta audiencia al poner a una mujer en el centro de la historia y que sería acusada de ser una feminista chillona, que lo era, pero merecía la pena porque me colocó en el centro de mi propia existencia no fingir que era un hombre. Creo que fortaleció mi escritura con un buen trato», explicó en una entrevista concedida a la cadena PBS.

«Cuando tenía 11 años me compré con mis ahorros 'Un mago de Terramar' y descubrí que ir a una escuela de magos era evidentemente lo mejor que nadie podía hacer. Otra gente pudo haber leído eso y sacar ideas», señaló el reputado escritor Neil Gaiman en la ceremonia de un premio a Le Guin para apuntar la influencia de la estadounidense. J. K. Rowling o James Cameron podrían haber secundado sin ruborizarse la influencia de la autora para 'Harry Potter' o 'Avatar'.

En 2014, dignificó a los escritores de ciencia ficción al acudir a recoger el 65° Premio Nacional de Literatura de Estados Unidos. «Me complazco en aceptarlo y compartirlo con todos los escritores que fueron excluidos de la literatura tanto tiempo: mis compañeros autores de fantasía y ciencia ficción, escritores de la imaginación, quienes durante los últimos 50 años vieron que todos los premios bonitos se iban con los llamados 'realistas'», lanzó en su mensaje de recogida antes de soltar una socarrona risa. «Uno de los grandes ha muerto. No sólo como escritora de ciencia ficción, sino como un icono literario. Buena suerte en la galaxia», escribió en la misma línea en Twitter el escritor Stephen King al conocer este martes su fallecimiento.

Se convirtió en una escritora de culto que llegó a miles de lectores porque su cuidado interés por la escritura logró alcanzar su deseado fin. «El mal uso del lenguaje es el modo en que los políticos y los publicistas lo hacen, para su beneficio, sin asumir la responsabilidad de los que significan las palabras. El uso de lenguaje para conseguir el poder o el dinero es algo malo: es mentir. El lenguaje empleado como un fin en sí mismo, recitar un poema o contar una historia es lo correcto, avanza hacia la verdad», aconsejaba la escritora. «Los cuentacuentos y los poetas pasaron sus vidas aprendiendo ese oficio y el arte de usar bien sus palabras. Y sus palabras hacen que las almas de sus lectores sean más fuertes, más brillantes y más profundas», recordaba en su página web la escritora.

«Nunca pude descubrir cómo me enganchaba ni cómo lo hacía porque su estilo era tan limpio y tan preciso. Aprendí la forma de emplear el lenguaje, a escribir sobre los asuntos de las mujeres y que un personaje principal puede ser una mujer. Me hizo mucho mejor escritor y, sobre todo, mucho mejor persona», resumió Gaiman antes de entregarle el 65° Premio Nacional de Literatura de Estados Unidos junto a su admiración y la de aquellos que aprendieron a mirar al mundo real a través de sus mundos imaginados.

Fotos

Vídeos