El arte de mover a las masas con la palabra

Martin Luther King, durante uno de sus discursos./
Martin Luther King, durante uno de sus discursos.

El escritor Andrew Burnet recupera a Kennedy, Mandela, la Pasionaria o Suárez en '50 discursos que cambiaron el mundo'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Desde Grecia y Roma hasta el día de hoy, la palabra ha sido tan poderosa como las armas, así que la retórica se ha convertido en el arte que los líderes han utilizado para persuadir a las masas. El escritor y periodista Andrew Burnet ha recopilado algunas de las intervenciones públicas más importantes de la historia en el libro '50 discursos que cambiaron el mundo' (Turner). «Hoy, un discurso pueden llegar a escucharlo millones de personas al mismo tiempo; pero el buen orador sabe cautivar a cualquier público, por numeroso que sea», escribe Burnet en el prólogo de su obra.

Cuando el 30 de agosto de 1918, ante centenares de trabajadores de una fábrica en Moscú, Lenin proclamó «¡para los trabajadores, todo!», el primer líder de la Unión Soviética estaba dando los pasos para asentar el Estado que surgía tras la Re volución Rusa. Cuando el 8 de marzo de 1983 en Orlando (Florida), el presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, dijo que «el comunismo es un capítulo triste y aberrante de la historia y sus últimas páginas se están escribiendo ahora», el enfrentamiento entre los dos bloques atisbaba su fin. Esa ha sido una de las funciones de los discursos, marcar las épocas como señaladores de páginas en un libro.

Kennedy («yo soy berlinés»), Martin Luther King («tengo un sueño»), Nelson Mandela («hoy, día de mi liberación») o Yasir Arafat («he venido con una rama de olivo en una mano y el arma de un luchador por la libertad en la otra») son los protagonistas de algunos de estos discursos que cambiaron el mundo. Para bien y para mal, porque Hitler, Goebbles o Himmler también fueron grandes oradores. En su selección Burnet incluye dos referencias españolas: el legendario «no pasarán» de La Pasionaria, pronunciado el 19 de julio de 1936 en Madrid y que sirvió como lema a todos los defensores de la República, y el «puedo prometer y prometo» de Adolfo Suárez, el 13 de junio de 1977, dos días antes de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo, que fortaleció la figura del candidato centrista de cara al electorado.

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