«Soy tan ambicioso en la literatura que escribo para la posteridad»

El escritor Luis Mateo Díez./Emilio Naranjo (Efe)
El escritor Luis Mateo Díez. / Emilio Naranjo (Efe)

El escritor Luis Mateo Díez publica 'El hijo de las cosas', una «fábula moral» teñida de humor sobre las relaciones familiares

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El escritor Luis Mateo Díez está acostumbrado a que le pongan la etiqueta de prolífico, y la admite con gusto. «No acabaría de escribir en el resto de mis días todas las historias que tengo pensadas y anotadas», explica Díez (Villablino, León, 1942), que publica 'El hijo de las cosas' (Galaxia Gutenberg), una historia sobre las relaciones de familia y, en concreto, sobre los lazos que se establecen entre hermanas y hermanos.

En esta nueva obra vuelve a explorar Luis Mateo Díez un campo en el que se mueve con soltura, el humor. Pero en este caso se trata de un humor «exagerado y desorbitado», heredero de Valle Inclán, de Mihura y de Poncela y del teatro del absurdo de Beckett. «Mi vida está llena de tragedias, pero yo me considero una persona divertida. El humor es una línea que está hasta en mis novelas más duras, me gusta que siempre haya un momento en el que el lector pueda reírse», apunta el escritor.

Luis Mateo Díez se ve a sí mismo como una persona sencilla y humilde, hasta que coge la pluma. «Entonces me convierto en el hombre más ambicioso del mundo, escribo para la posteridad», señala el autor de 'Visicitudes', un observador de la condición humana, a la que considera «frágil». «Mis personajes tienen muchos secretos. Su vida exterior es anodina, pero la interior es intensa y compleja», asevera.

Respecto a su trayectoria, Díez destaca que no ha escrito «dos libros iguales». En su primera época se caracterizaba por el tono realista, cerca de la «provincia» imaginaria que no se puede ubicar en ningún lugar, pero que sobrevuela toda su obra. Unas provincias en las que la atmósfera es muy peculiar, algo que el escritor aprendió a crear inspirándose en un grande, Simenon. «Las atmósferas acaban siendo morales, pervertidas. En las ciudades de sombras hay inquietud, zozobra, he intentado que esas ciudades tengan vida propia», añade.

Pero tras estos inicios, Díez se despegó del realismo, un estilo que «ya no es necesario para explicar el mundo». «Ya no estamos en el siglo XIX. Ahora los medios de comunicación son tan invasivos que no hace falta que la literatura nos cuente la realidad. El periodismo se ha adueñado de la realidad», apunta Luis Mateo Díez, al que no le atrae el género de moda, la autoficción, en el que la obra se mezcla la vida del autor. «No tengo interés en que alguien me cuente su vida porque hay pocas vidas interesantes», apuntala.

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