«Allá donde habite una persona habrá odios, traiciones, conflictos...»

«Allá donde habite una persona habrá odios, traiciones, conflictos...»
Ramón L. Pérez

Hoy se presenta 'Melvia', una novela con la que Juan Castilla Brazales toma el pulso a la fantasía y que presenta esta tarde en el Colegio de Arquitectos

PABLO RODRÍGUEZGRANADA

‘Melvia’ (Ediciones Miguel Sánchez, 2017) es la nueva novela de Juan Castilla Brazales. El autor se sumerge en la fantasía tras ‘La casa de los tulipanes’ para narrar una historia en la que se entremezclan desapariciones, conflictos y mapas legendarios que describen un segundo mundo. Amor, intriga y traiciones dominan la trama de un libro que se presenta hoy en el Colegio de Arquitectos (20 horas) con la presencia de la periodista Nativel Preciado, que acompañará al autor.

¿Qué es Melvia?

–Melvia es un ejercicio de amor hacia un hijo. Empecé a escribirlo por una petición de mi hijo, siendo adolescente. Quería que le escribiera algo que le gustara. Yo no tenía ni idea y me puse, así que creo que es un ejercicio de amor hacia un hijo. (Risas)

Cambia a la fantasía tras ‘La casa de los girasoles’.

–Sí, mi hijo leía historias de fantasía y es por eso que lo toco en Melvia. No es quizás el género que más me guste. No sé si es un ejercicio válido, pero creo que digno ha quedado.

El libro transcurre entre dos mundos muy diferentes pero con muchos lazos en común.

–Cierto. Hay una conversación que mantienen dos de los personajes en las que uno le pregunta al otro cómo es su mundo y él dice exactamente eso, son distintos pero no tan diferentes. En Melvia hay ambición, vanidad, orgullo y traición. Son sentimientos y experiencias muy humanas. Siempre he pensado que allá donde pueda haber mundos, creo que las ideas serían semejantes. Allá donde habite una persona con cabeza habrá odios, traiciones, conflictos...

En el libro hay un constante juego con el dos (gemelos, investigadores, mundos). ¿Es premeditado?

–No. Sí admito que era complicado escribir la historia y me gustó combinar. De hecho, combinan dos mundos muy diferentes. Uno como el nuestro y otro que se acerca quizá algo más al que toco en mi profesión. No es Al-Andalus, porque de querer lanzarme a ese mundo lo habría hecho de otra forma y porque quiero huir de algo que conozco y que trato diariamente, pero sí es un mundo imaginario con connotaciones clásicas del mundo latino. Ha nacido por instinto, quizás con nombres que tienen guiño a lo árabe, como Nura, pero nada más.

Una de las cuestiones que queda en el aire es su final abierto. ¿Tendremos regreso a Melvia?

–Quien sabe. (Risas) El final abierto siempre me ha llamado la atención y aquí es cierto que no queda muy claro cuál es el destino del protagonista. Así que no, no cierro la puerta a un regreso a Melvia en el futuro; aunque por el momento no creo que caiga en esa tentación.

En el cajón

¿Cuánto tiempo ha pasado en el cajón?

–Varios veranos. Tengo una profesión de la que vivo y esto es una afición que tengo que ir postergando de verano en verano. Es un ‘handicap’ enorme porque cuando lo retomas es muy difícil. Queda aparcado durante meses y cuesta mucho trabajo ponerse en sintonía.

Sobre el proceso de escritura de tus dos libros, ¿hay diferencias?

–Me da la impresión de que Melvia, al ser la irrupción, me ha permitido mejorar estilísticamente. Estoy con una tercera novela y veo el salto que ha dado a la hora de construir estructuras, jugar con la trama, definir a los personajes...

¿Escribe con una meta o desarrolla la historia sin saber donde va a llegar?

–Hasta ahora, nunca he trabajado con meta. No sé por donde va la historia ni lo que va a surgir. Tanto ‘Melvia’ como la otra nacieron sin tener un final en mente. Hay gente que descubre a los personajes antes de escribir y se hace esquemas. Yo no. Hasta ahora escribo e improviso, creo que me permite sorprender con los personajes. Por fortuna logro ensamblarlo.

En otras entrevistas ha hablado de que no descarta hacer novela histórica. ¿Ha pensado en lanzarse a la aventura?

–Prefiero quedarme donde estoy. Respetando todo, jamás se me ocurriría decir nada contra nadie, pero la novela histórica me ha echado para atrás. He leído a autores que se meten en charcos que exigen mayor documentación. Cuando veo anacronismos, disparates o cosas absurdas lo dejo porque me pone de mal humor. Desgraciadamente eso llega a mucha gente, mientras que la historia llega a un sector más pequeño.

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