Juan de Loxa vive

El equipo del Museo-Casa Natal de Federico García Lorca posa junto a la cuna del poeta, ayer, tras la celebración del 'Cinco a las cinco'./RAMÓN L. PÉREZ
El equipo del Museo-Casa Natal de Federico García Lorca posa junto a la cuna del poeta, ayer, tras la celebración del 'Cinco a las cinco'. / RAMÓN L. PÉREZ

El Patronato Federico García Lorca galardonó al equipo del Museo Casa Natal de Fuente Vaqueros «por su dedicación a la conservación y la difusión de la obra lorquiana». El poeta, fallecido el pasado mes de diciembre, fue homenajeado en la conmemoración del '5 a las 5'

PABLO RODRÍGUEZGRANADA

Si sus versos, como fusiles que «por 'hache' o por 'be'», aún disparan y su voz, la que con urgencia llamaba a quitarnos la mordaza de la boca, aún se escucha en alamedas, plazas, reuniones y fiestas, es que Juan de Loxa no se ha ido. El poeta vive y no hace falta prueba alguna por más que la rosa blanca de su pelo no haya florecido en esta lluviosa primavera. Está en la garganta y la memoria de todos, como estuvo ayer en Fuente Vaqueros, glosado en la casa que él ayudó a poner en pie cuando Federico García Lorca, su amigo -como él decía-, era un nombre que se pronunciaba en voz baja.

Loxa, padre y primer director del Museo-Casa Natal Federico García Lorca, fue honrado por la Diputación Provincial en la conmemoración del 120 aniversario del nacimiento del autor de 'La casa de Bernarda Alba', un reconocimiento que el presidente de la institución, José Entrena, hizo extensible a los «amigos, colaboradores y compañeros de Juan, personas muy cercanas que han compartido experiencias con él desde sus inicios, haciendo aquello que mejor saben para recordarle, en ese espacio tan inexorablemente unido a su persona como el patio de la casa natal de su poeta más admirado».

Entrena, que estuvo acompañado por la responsable de Cultura de Diputación, Fátima Gómez, la nueva directora del Patronato, Inmaculada López Calahorro, y el alcalde Fuente Vaqueros, José Manuel Molina, entre otros, recordó la labor «discreta y poco visible» del granadino y celebró la dedicación que tanto él como el equipo que reunió en el Museo-Casa Natal y el Centro de Estudios Lorquianos han tenido para «conservar y difundir» la figura y la obra del escritor fuenterino.

El presidente de la Diputación trajo al recuerdo los inicios del museo y la ilusión y el empeño que Juan de Loxa, ya entonces un histórico de Granada por su labor al frente de 'Poesía 70' o su papel en el movimiento Manifiesto Canción del Sur, puso para lograr que Federico recuperara el espacio que le arrebataron las pistolas. Aquel esfuerzo lo acometió con la compañía de figuras como Inmaculada Hernández Baena, Alejandro Gorafe, Pedro García López, José Rodríguez Montero, Mercedes García Mingorance o Patricio Santiago, entre otros. Ayer eran ellos, como parte del legado humano que el gestor lojeño regaló a Granada, los que recibían el premio Pozo de Plata que el propio Loxa instituyó.

«Nuestro compromiso con Lorca y con Juan es seguir trabajando por el bien de este pueblo, Fuente Vaqueros, que es universal», aseguró un emocionado Gorafe. El técnico, uno de los artistas contemporáneos más relevantes de la escena andaluza, recordó «los difíciles primeros años» de la casa museo, por entonces un «cascarón vacío». El granadino señaló a Loxa como figura indispensable a la hora de recabar piezas y fondos relacionados con el poeta y cómo el propio director tiró de su biblioteca para montar el Centro de Estudios Lorquianos «en un intento de incitar a otros escritores e intelectuales para que hicieran lo mismo que él».

«Es un día muy especial», reconocía entre bambalinas Inmaculada Hernández. La archivera del patronato, figura imprescindible en gran parte de las investigaciones que se han realizado sobre Lorca en las últimas décadas, también mostraba su agradecimiento por el premio y ensalzaba la figura del antiguo director de la institución.

«Unión fértil con Lorca»

Juan Antonio Díaz, otro de los amigos de Loxa presentes en la cita, rememoró la figura del lojeño, «que parecía pequeño en distancias cortas, pero que conforme ha pasado el tiempo se ha ido haciendo más y más grande». El profesor granadino destacó la «unión íntima y fértil» de Loxa y Lorca, dos gigantes «que llenaban los espacios con su forma de ser y su sentido del humor», y reclamó a los herederos del lojeño la llegada de su legado al Centro de Estudios Lorquianos. «Juan estaría feliz de que sus cosas estuvieran a buen recaudo con la gente que empezó con él», dijo.

Antonina Rodrigo, otra de las grandes firmas de Granada y responsable de multitud de estudios sobre Lorca, Mariana de Pineda y las víctimas de la Guerra Civil, recordó cómo conoció a Loxa por medio de la poeta Elena Martín Vivaldi y destacó el empeño del gestor en la recuperación de Federico «para la libertad y la cultura». «Era un ser libre, pasional, insobornable, radicalmente independiente, riguroso y mantuvo la dignidad de trabajador de la poesía y la radio, con una entrega total y una capacidad sin igual para llevar a cabo cosas imposibles», señaló.

Como ella, Carlos Manso, otro de los amigos del gestor, también destacó la importancia que tuvo a la hora de recuperar Federico para el pueblo. Lo hizo recordando cómo la figura del escritor estaba denostada en aquella Granada de 1962 que él conoció, una ciudad «que ha saldado una deuda con el poeta» gracias en gran medida a la labor incombustible de Juan de Loxa. «Gracias a él volvimos a tener a Federico en nuestras vidas, gracias a él su figura se reivindicó», dijo.

El recuerdo de Juan de Loxa tomó forma de música y verso en el último tercio del acto. Lo hizo gracias a la voz de Enrique Moratalla, amigo y compañero del lojeño en Manifiesto Canción del Sur que quiso rendirle un especial homenaje interpretando uno de sus poemas, 'Maqamat Fuadi'. Moratalla estuvo acompañada por el violinista José Vélez, el guitarrista Rafael Soler y el flautista Juan María García. Tras ellos, Elodia Campra, otra institución de la provincia, leyó textos de Lorca y Loxa con la compañía musical del cuarteto Ars Nova, una formación que tuvo el buen gusto de poner el broche de oro con música de Carlos Cano. Para entonces, la noche se había acodado en el patio de Federico y no cabía más Granada en la casa. Justo como Juan habría querido.

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