Solidaridad y buen toreo

Los toreros que participaron ayer en el festival al inicio del festejo. /ENRIQUE
Los toreros que participaron ayer en el festival al inicio del festejo. / ENRIQUE

Se repartieron seis orejas y un rabo en el festival a beneficio de la Asociación contra el Cáncer

ÁNGEL A. DEL ARCOJAÉN

Ayer se celebró de nuevo la fiesta de la solidaridad, el Festival Contra el Cáncer, que este año cumplió su decimoctava edición. Y como el año pasado, fue un día difícil para mí. Otra vez el recuerdo a mi padre se hizo presente, no se me puede olvidar la total implicación que tuvo con el Festival del Cáncer, la cantidad de horas que pasó al teléfono con Enrique Ponce en la busca del mejor cartel posible, también el número de artículos escritos en estas páginas de IDEAL, siempre con el objetivo de la colaboración desinteresada en la lucha contra la maldita enfermedad que tan duro nos golpeó al final.

A ese recuerdo perpetuo se unió la del fallecimiento el pasado viernes del empresario Juan Gutiérrez Puerta. Hombre nacido en el pueblo de Fuerte del Rey, aunque afincado en Madrid, que gestionó el coso taurino de Jaén en los ya lejanos años ochenta. Recuerdo la amistad con mi padre, infinitas conversaciones, comidas y cenas, con una gestión taurina que logró traer a las máximas figuras de la época, imposible olvidar los carteles con Ortega Cano, Espartaco y Joselito con la plaza llena y ambiente de lujo. Descanse en paz Juan Gutiérrez Puerta, magnífico empresario y excelente persona.

Objetivo cumplido

No fueron días fáciles los previos al festival, yo diría que ni siquiera fue fácil la confección del cartel de este año. Dudas, muchas dudas al principio y lluvia, mucha lluvia después, quizás demasiada, que casi dan al traste con el festejo. Cierto es que no debemos quejarnos de la lluvia, falta hacía y hace, pero a esa necesidad del campo y los pantanos que anda ya saciada, es un serio problema para un festejo taurino. Primero porque se pone en duda su celebración, segundo y casi más importante, enfría mucho el ambiente, se resiente la venta de entradas, poniendo en duda el beneficio económico, que es, no lo olviden, el objetivo principal del festival taurino.

A pesar de todos esos inconvenientes, la solidaridad del pueblo, tan implicada en la lucha contra la enfermedad, hizo que, a las seis de la tarde, los húmedos tendidos del coso de La Alameda registrasen una más que aceptable entrada, cercana a los tres cuartos. El primero de los objetivos cumplidos, a la espera de que la Asociación del Cáncer dé a conocer los resultados definitivos.

El segundo, el artístico, se cumplió a medias, debido en gran parte al juego de los novillos de Rocío de la Cámara, que, aunque derrocharon nobleza, les faltó fuerza y casta al conjunto. El peor se lidió en cuarto lugar, correspondiéndole a Cayetano Rivera que estrelló sus ilusiones por la mansedumbre y rajado del animal. El mejor, sin duda, el quinto, que tuvo largura en sus embestidas y humillación. En primer lugar, para rejones, un novillo de Fermín Bohórquez, noble y parado y en último lugar un eral con el hierro de 'El Cotillo' que tuvo mucha movilidad.

Abrió el festejo el rejoneador extremeño Leonardo Hernández. Tuvo buena condición el novillo de Bohórquez, aunque le costaba embestir. Colocó un rejón de castigo, para cuajar después un tercio de banderillas que tuvo sus mejores momentos al final, casi en el epílogo, donde colocó tres banderillas cortas, la última en la suerte del violín y una rosa en todo lo alto. Antes, aunque con alguna pasada en falsa puso algún buen par, luciéndose antes y después del mismo. Mató de un rejonazo que quedó defectuoso recibiendo una cariñosa ovación del público.

Maestro

Teníamos muchas ganas de ver a Enrique Ponce de nuevo en Jaén. Quién lo diría después de veintiocho años de alternativa, pero su toreo sigue en plena vigencia, dándole una vuelta más de tuerca a su ya eterna tauromaquia.

Anduvo sobrado con su endeble enemigo, o amigo, vamos, como en un tentadero, pero con público. Templado anduvo con el capote, realizando después una labor muleteril en la que predominó la técnica y el cuidado en una primera parte de afianzar a su oponente, de enseñarle a embestir con sus escasas fuerzas, en línea recta, sin obligar, sólo acariciar, para sacar después su elegante toreo por ambas manos, aunque lógicamente le faltó contundencia al conjunto. Le cuajó una elegante serie al natural, cogiéndolo muy adelante y llevándolo hasta detrás de la cadera, soberbia serie esta. También destacó sobre el pitón derecho, llevándolo muy cosido por el embrujo de la poderosa muleta del maestro valenciano. Enrique Ponce es nacido en Chiva, pueblo cercano a la capital del Turia, aunque realizado como torero en Jaén, su provincia, Navas de San Juan, sus ganaderías y sus gentes, que lo quieren y lo admiran desde que llegó siendo un niño. Admiración que le ha llevado a cortar las dos orejas después de una estocada habilidosa de efectos rápidos. De nuevo triunfó dando una vuelta al ruedo clamorosa.

Los máximos trofeos cortó el granadino David Fandila 'El Fandi', aunque sinceramente debemos de decir que el presidente anduvo demasiado fácil para la concesión de los mismos. Eso no le quita méritos al diestro nazarí, al contrario, se entrego desde la larga cambiada de rodillas al hilo de las tablas hasta la estocada final. Lo cuajó en un buen ramillete de verónicas, alternándolas con chicuelinas, media y rebolera. Se movió el novillo, aunque no siempre bien, intentando el granadino alargar los muletazos. Lo consiguió por momentos, destacando por eso mismo por ambos lados. Calentó la olla en el tramo final de su labor, toreando de rodillas y desplantes, alboroto. Finiquitó de estocada entera, desatándose la locura en los tendidos, algo que debió de contagiar al presidente, concediendo las dos orejas y el rabo. Hubo generosidad, aunque el ambiente festivo lo propiciaba.

Expectación

Había mucho interés en ver a Cayetano Rivera Ordóñez. El gozo en un pozo, le tuvo que tocar el peor novillo de la tarde, uniéndose a su endeblez una manifiesta mansedumbre que lo envió a las tablas casi desde el inicio del trasteo. Se lucio con el capote y en algunos muletazos sueltos, casi siempre por el pitón derecho. Una vez pegados ambos a las tablas, le dio varios muletazos en toreo a dos manos aprovechando que el novillo pasaba por allí. Encima, se atascó en la suerte suprema, pinchando en varias ocasiones. Hubiera cortado alguna oreja, quedando todo en una generosa ovación de sus entregados seguidores.

Una, debieron de ser dos, las orejas cortadas por el madrileño Alberto López Simón. Le tocó el mejor de los novillos de Rocío de la Cámara, tuvo recorrido y calidad en su embestida. La faena tuvo excelentes momentos por ambos manos, mejor al natural, aunque también tuvo altibajos, quizás por algún error en la colocación. Cuando acertó con ellos salieron muletazos de altísimo nivel artístico. Es buen torero este madrileño, debiendo de mejorar en la suerte suprema. Dos pinchazos antes de una estocada tendida dejaron el premio en una sola oreja, aunque dejó muy buenos momentos.

Excelentes maneras mostró el novillero Daniel Crespo. Tuvo enfrente un buen novillo. Empezó su faena en los medios con dos ajustados pases por la espalda. Las dos primeras series sobre el lado derecho fueron excelentes, por ligazón y largura de los muletazos. Luego se atascó un poco bajando el nivel de la labor. Daniel Crespo tuvo momentos muy buenos con otros de menor acoplamiento, pero el conjunto fue más que aceptable. Cortó una oreja a su disposición.

Cerró el festival el alumno de la Escuela Taurina de Jaén, Juan Melchor. Tuvo enfrente un eral que lució el hierro de 'El Cotillo'. Tuvo mucha movilidad, aunque en ocasiones se quedaba debajo del torero, poniendo en entredicho la integridad del novillero. Algo que pasó en varios momentos, sufriendo una fea voltereta, poniéndole los pitones en la cara. Saltaron alarmados los matadores de toros ante la fea voltereta, aunque todo quedó en el susto aparente.

Antes, Juan Melchor, lo recibió con buenas verónicas, rematadas con una vistosa larga. A pesar de las dificultades del animal y de la lógica inexperiencia del novillero no se arrugó en ningún momento, al contrario, sacó raza para sacar muletazos de mucho mérito sobre todo por el lado derecho, incluso alguno tuvo temple, largura y enjundia. Habrá que verlo más veces, aunque con novillos menos nerviosos.

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