«En este momento político, todos los días se queda buena tarde para la III Guerra»

Manu Sánchez, caracterizado en su espectáculo El buen dictador, que recalará el próximo viernes en Jaén.
/ALFREDO AGUILAR
Manu Sánchez, caracterizado en su espectáculo El buen dictador, que recalará el próximo viernes en Jaén. / ALFREDO AGUILAR

El sevillano considera que «los populismos han encontrado la fórmula para decirnos a los votantes lo que queremos escuchar» Manu Sánchez Humorista y escritor

ANTONIO ORDÓÑEZ JAÉN

Manu Sánchez visitará la capital jienense la próxima semana para presentar su libro 'Surnormal profundo', y hacer reír y pensar con su espectáculo 'El buen dictador'. Su humor es su arma para luchar contra la falta de igualdad, y considera que el principal problema de Andalucía es que es pobre, y que se la considera como tal. Por eso pide abandonar chovinismos rancios y dejar aquello de que 'Andalucía es lo mejor del mundo', porque para él «lo mejor es el mundo» y desde Andalucía «podemos mejorarlo».

-La próxima semana Jaén tiene una cita doble con Manu Sánchez, por un lado su espectáculo, el viernes 26, y por otro la presentación de su libro el martes, en el Museo Ibero de Jaén... Empecemos por 'Surnormales profundos', ¿qué trasciende en ese concepto que da título a su primer libro?

-Me gusta empezar por aquí... Pues lo que pretendíamos era dar ese puñetazo en el ojo, o al oído, que da el escuchar la palabra. Busca captar el interés y que la gente se haga esa pregunta. Supone reivindicar la normalidad del sur, que dejemos de presentarnos como algo exótico y querernos, querernos mejor. Hay que dejarnos de chovinismos y de esa falta de autoestima. Dejar de defender Andalucía como lo mejor del mundo, cuando lo mejor del mundo es eso, el mundo; pero desde Andalucía podemos cambiarlo, mejorarlo y disfrutar también del mundo.

«La libertad de expresión y el humor deben estar en contra del opresor, nunca contra el oprimido»

-¿Cuáles son por tanto los principales problemas que impiden que Andalucía ocupe ese lugar?

-Que somos pobres. Por eso intentan corregir a veces nuestro acento, como si fuera un error, porque es un acento de pobres. Por eso ningunean nuestra cultura, porque parece que es de un sitio de pobres; o nuestro folclore, al que tachan de algo despreciable porque es de un pueblo pobre... Ese es el único gran problema que tenemos, que somos pobres. Solucionando eso se quita todo lo demás. Y por eso hay que buscar a los culpables, algunos de fuera, y otros de dentro. Y entre todos hacer mucha autocrítica...

Dos grandes motores

-En este libro recupera algunas de sus colaboraciones en prensa, ¿cuáles son las cosas que le remueven para aportar su particular prisma?

-Creo que hay dos grandes motores que me llevan a la opinión. Uno de ellos y mi única autocensura, el gran filtro que me pongo a mí mismo es la liberta de expresión. Al humor le pasa como a los culos, cada uno debería decir que hacer con el suyo. La libertad de expresión y el humor deben estar en contra del opresor, nunca contra el oprimido. De abajo hacia arriba es un acto revolucionario y renovador, de arriba abajo es un abuso. Ese es el gran filtro que me pongo. Y el otro filtro es el de la desigualdad. O más bien el de la igualdad. Me gusta dar la cara aunque sea para que me la partan. Creo que de eso va esto de opinar. Y me gusta dar la cara al feminismo, o cuando se habla de xenofobia, o de homofobia, o cuando se habla de desigualdad entre los pueblos...

-Sin embargo, a pesar de que cada vez tenemos más herramientas, parece que hay más opresores y falta más igualdad...

-Bueno, quizás es que cada vez ponemos mejor las alarmas. Yo soy un optimista crónico, por eso no creo que haya cada vez más machistas, sino que cada vez nos damos más cuenta de que la sociedad es machista, y por eso nos chirrían más cosas. Antes el machismos pasaba más desapercibido, y la homofobia era motivo de chistes de mariquitas... No quiero pensar que cada vez hay más desigualdad, sino que cada vez hay mejores alarmas y alertas...

Auge de los populismos

-Cambiemos de tercio, el próximo viernes los jienenses disfrutarán de 'El buen dictador', con el que concluye esa trilogía monarquía-iglesia-estado, pues le precedieron 'El Rey Solo. Mi reino por un puchero' y 'El Último Santo', ¿qué pretende remover en el patio de butacas con este montaje?

-Efectivamente, se cierra esta trilogía, aunque que no se asusten los lectores, son espectáculo diferentes... En este caso queremos poner al espectador frente a esa foto, que creo que es tan necesaria desde la comedia crítica, en la que meter de lleno el dedo en la llaga del poderoso. En este momento político que vivimos, todos los días se queda buena tarde para la III Guerra Mundial. Es la foto de una política en la que los populismos han encontrado la fórmula para decirnos s los votantes, con demagogias, lo que queremos escuchar. Y este es un panorama peligros. Tenemos que tomarnos en serio esto de elegir representantes. Y es que estamos ante anomalías históricas, como que Trump gane la presidencia de la superpotencia del mundo, o que la ultraderecha esté tocando cada vez más pelo en Europa, o movimientos separatistas como el Brexit, o como sucede en Cataluña, donde no estamos hablando de la autodeterminación de un pueblo sometido, sino de un territorio que quiere soltar lastres, y dejar de lado a los pueblos más pobres... Por eso tenemos que hacer una paradita y ver qué está pasando... Ver de qué va esto de la democracia, y de cómo los populismos se han dado cuenta de que el truco está en convencer a la mayoría... Y en esas anda el buen dictador, que trata también de encandilar a las masas y que nace con esa vocación de oxímoron...

-Esto no deja de sorprender, porque después de lo vivido en los últimos años, de tanta información, ¿qué le pasa a la gente para dejarse arrastrar por esos populismos?

-Eso es algo que nos tenemos que preguntar. Por qué esos son los representantes políticos, y porque nos representan los más mediocres. Igual es que somos también muy mediocres. Lo mismo tenemos los representantes que nos merecemos. A lo mejor deberíamos mirarnos hacia dentro y hacer autocrítica...

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