Magistral Hermoso de Mendoza

El Cid recibe de capa a uno de sus toros./ENRIQUE
El Cid recibe de capa a uno de sus toros. / ENRIQUE

El navarro salió a hombros junto a Padilla y El Cid en un festejo con buena entrada en Baeza

ÁNGEL A. DEL ARCOBAEZA

En la renacentista Baeza, ciudad que te enamora cada vez que vas, se celebró ayer la corrida de toros con motivo de sus fiestas en honor de la Virgen del Alcázar. El majestuoso monumento que es la plaza de toros de El Vivero lució resplandeciente una tarde más para celebrar ese rito que es una corrida de toros con varios siglos de existencia, tan maltratada en la actualidad, pero que conlleva en el espectáculo en sí, la máxima verdad, la vida y la muerte. Prueba de ello, es cada tarde de toros.

Baeza, sus monumentos, su ambiente festivo en estas fechas, motiva a los toreros que acuden encantados a torear en busca de esa unión con una ciudad acogedora y monumental que ha escrito páginas únicas en la historia del toreo.

Su plaza de toros está celebrando este año el 125 aniversario de su inauguración. Multitud de actos se han organizado, con un Ayuntamiento volcado con la causa, al igual que el Círculo Taurino, que con mucho trabajo e ilusión han dado brillantez a la efeméride, destacando la corrida de toros que se celebró el pasado 13 de mayo con la presencia de Morante de la Puebla, Cayetano Rivera y Roca Rey. Gran espectáculo, sobre todo, por el gran lleno que se produjo en los tendidos de la bellísima plaza. Esta vez no ocurrió lo mismo, mucha menos gente, aunque la entrada en los tendidos fue mucho mayor de lo esperada.

Festejo que tuvo en la presencia del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, uno de sus puntos fuertes. Y es que el navarro era muy esperado por los aficionados baezanos, después de tantos años de ausencia en nuestra provincia.

Lidió dos toros con el hierro de 'La Castilleja', mostrando el jinete todo su magisterio con una cuadra de caballos espectacular. Sin lugar a dudas, la actuación del rejoneador navarro fue lo mejor de la tarde. Ya con su primero, animal que tuvo una gran nobleza facilitando la labor del jinete a lomos de los caballos Alpinista y Berlín, formó un alboroto en el tercio de banderillas, templando de costado y cambiando la embestida del toro de un pitón a otro a milímetros de los pitones. Sencillamente espectacular el magisterio de este Hermoso de Mendoza que está marcando un hito en la historia del rejoneo. Por ponerle un pero, la colocación de los pares, que cayeron algunos bajos, aunque no fue impedimento para cortar una primera oreja muy justa.

Cortó las dos del cuarto de la tarde, otro ejemplar de 'La Castilleja' que tuvo nobleza, aunque tuvo también mucha sosería. De nuevo enloqueció a los tendidos con su caballo Disparate, clavando buenos pares, luciéndose en los prolegómenos y en la salida de los pares con espectaculares piruetas. Sencillamente magistral la actuación de ayer del rejoneador navarro.

La verdad es que los toros para la lidia a pie de Julio de la Puerta no dieron ninguna facilidad, resultando muy complicados y difíciles en todo momento, pero la actuación de Juan José Padilla dejó muchas dudas e interrogantes. Como decimos, tuvo un lote de toros con pocas opciones, es verdad, pero el jerezano se 'escaqueó' del tercio de banderillas en sus dos oponentes. Su primero derribó con estrépito al caballo en una pelea de bravucón -no confundir con bravo- para desarrollar después peligro por ambos pitones. No se dio coba el torero, que se dobló con él sin mucha intención de buscar un lucimiento, que dicho sea de paso era imposible. Mató de forma irregular, dividiéndose las opiniones entre la concurrencia.

Tampoco quiso poner banderillas con su segundo, quinto de la tarde. Es verdad que lo recibió con dos largas de rodillas y vistosos lances, pero el toro empezó a sacar genio y dificultades que rápidamente fueron vistas por un torero nada confiado. Tiró de ofició para enjaretar una labor de escaso lucimiento, falto de temple, sin reposo ni gusto, pero incomprensiblemente gustó a una parte del público que lo jaleó con pasión. Toda la labor por el lado derecho, sin ajuste ni profundidad. Eso sí, mató de una excelente estocada cortando de forma incomprensible las dos orejas, cuestionadas por algún sector del público. El presidente anduvo demasiado generoso con el jerezano regalándole la puerta grande.

Más trofeos

Otras dos orejas se llevó el sevillano Manuel Jesús 'el Cid', aunque tampoco tuvieron mucho valor por lo visto en sus dos faenas, aunque eso sí, se esforzó el torero en ambas actuaciones con dos toros que desarrollaron mucho peligro y sentido.

Con su primero, un toro jabonero nada bonito y menos bueno, anduvo el de Salteras entregado y con ganas, aunque las series tuvieron más emotividad que fondo y largura en los muletazos. Medios pases ante una embestida rebrincada. Toda su labor basada sobre la mano diestra entre las que destacaron los finales de las series con los pases de pecho y desprecio. Mató de pinchazo, estocada desprendida y descabello cortando una oreja de poco peso. Todavía más complicado resultó el último de la tarde, que además en un descuido del torero cuando el animal ya tenía la espada en lo alto lo volteo de fea manera, saliendo el matador muy dolorido de un costado y enrabietado por la situación. Su labor, marcada también por el ¡ay! en vez de por el olé, estuvo presidida por las ganas de un torero y las dificultades de un toro que no regaló ni una embestida. Cortó una oreja, más a sus ganas que a su toreo, pero que le valió la Puerta Grande junto a sus compañeros.

Las orejas sirven para triunfar y abrir las puerta grandes, pero muchas veces no sirven para ver buen toreo. Eso fue lo que pasó en Baeza en tarde triunfalista con escaso bagaje de toreo templado, calidad y gusto.

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