El huracán panamericano

El público abarrotó la sala Tren en el concierto de Eskorzo./J.J.GARCÍA
El público abarrotó la sala Tren en el concierto de Eskorzo. / J.J.GARCÍA

Eskorzo: dos días en Granada y dos llenos de una banda que está en un momento dulce de popularidad

J. J. GARCÍAGRANADA

Dos días, dos llenos. Si no ante notario sí ante los municipales, que también están habilitados para dar fe de que Eskorzo están en un momento dulce de popularidad. Situación más que merecida tras dos docenas de años sumando y siguiendo sin desmayo, zigzagueando por los bordes de la fusión cultural y siempre con el pálpito tórrido del ritmo marcando el paso.

Cuando aún quedaba por entrar la mitad del público que iba a asistir, el grupo ya saltaba al selvático escenario, invadido por multitud de tallos de hiedras, en su caso no venenosas como decía la canción sino más bien caníbales para la ocasión. Cuidaron al detalle la puesta en escena, incluida la iluminación nadir de su cantante, para mayor susto del que no había pedido muerte... Por compresión.

En alguna ocasión se ha elevado la cumbia a la altura del castellano, la Panamericana o la cordillera andina como uno de los elementos comunes a toda la América no angloparlante. Música «de mierda», que diría el presidente actual del mundo por su procedencia, pero bendita música para el alma y el cuerpo divertir que diría don Miguel Matamoros. Casualmente la actualidad es siempre más veloz, y Eskorzo llega tarde a su metafórico discurso antropófago, ya que si algunos pocos hombres fagocitan a muchos otros, hemos visto estos días que la dieta caníbal ya no incluye ciertos platos. Hombre come hombre, sí, pero no come hombres «de mierda», que sobran y se escupen de la boca. Tal vez el próximo disco indague sobre el fenómeno de los que ya no sirven (¿servimos?) ni para ser devorados. ¡Ufff!

Zapatillas aladas

Siempre este grupo ha montado su discurso de compromiso vital sobre las zapatillas aladas de músicas vertiginosas de procedencia dispar, caribeñas, balcánicas, magrebíes... Con resultados, sobre todo en directo, inapelables. En ese traslado de la teoría a la práctica aparece el valor añadido de la huracanada fuerza comunicadora de su cantante, genio y figura hasta la locura; el gozoso aporte (tanto al oído como a la vista, ¡que parecían Status Quo!) de sus metaleros, y una rítmica frondosa y exuberante, rica en timbres con ese hombre-pulpo-orquesta que Zeke Olmo, que ejerce de pailero, tumbador, teclista y lo que le echen. Aparte conviene poner al sonero metido a guitarrista que comparten con los 300, Manuel Collados: que «¿de dónde son los cantantes?» (nuevamente a Matamoros): pues de Baza señores. Un seis en uno que además se realimenta, en una espiral creciente que convierte sus conciertos en una olla exprés con la válvula de seguridad bufando desesperada y girando enloquecida.

Mambo vudú

Entre el mambo vudú y la cumbia rock no queda espacio para respirar, por no decir entre el la 'Amenaza fantasma' y la 'Alerta caníbal', que es cuando empezaron a jugar con las calaveras, el chile y los diablitos. Munición letal para las piernas y banco de prueba para los desodorantes. El vapor de la deshidratación colectiva empañaba el objetivo de las cámaras.

Desenfreno orquestado -el orden del temario fue astutamente previsto para no dejar títere con cuádriceps sanos- apenas con un remanso central llamado 'Paraísos artificiales' suite psicotodo con ese puntillo a Bian Jones y a cintas invertidas espacio alucinatorio dónde solo falta un sitar (¿el de Guau por ejemplo?). La otra pausa sirvió para recordar a Julio Cortázar en su lectura de 'Los amantes': «¿Quién los ve andar por la ciudad si todos están ciegos?» (anoche la moda se inspiró en Galeano y Benedetti... ¿Vuelve el 'Boum Hispanoamericano'?).

Durante más de dos hora el grupo estuvo en el escenario agitando al personal, gentío dispar en edad y condición -muchos músicos de otros estilos también- entregado desde el primer momento a Tony Moreno y los suyos, que en 23 piezas pudieron elegir si muslo, lomo o costillas para masticar. Y anoche volvieron a completar la Tren, incluso con algunos/as que repitieron. Ya lo dijo un clásico: «Ven, devórame otra vez».

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