«Me gusta meter el dedo en la llaga, y criticar el mundo que me rodea»

Manu Sánchez, como 'El buen dictador'. /RC
Manu Sánchez, como 'El buen dictador'. / RC

Presenta esta tarde en Granada su nuevo libro 'Surnormal profundo' e interpreta el jueves a 'El buen dictador' en el Palacio de Congresos Manu Sánchez Cómico y escritor

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ GRANADA.

Manuel Sánchez Váz- quez nació en Sebastopol, como sus apellidos delatan... No, de verdad, nació en Dos Hermanas. Es del sur. Muy del sur. Y lo lleva a gala por donde quiera que va. Artista, humorista, columnista, presentador y empresario con una carrera de 15 años a sus espaldas, y eso que cumplió los 30 anteayer. En esta semana, estará dos veces en Granada. La primera, esta tarde a las 19,00 horas, para presentar su primer libro, 'Surnormal profundo' (Aguilar), donde reivindica la esencia de nuestra tierra y la defiende contra quienes la atacan, dejando, de paso, sutiles -o no- retazos de su complejo pensamiento. El jueves, por otro lado, presentará en el Palacio de Congresos 'El buen dictador', su nuevo espectáculo, el tercero consecutivo con un éxito comprobado. Claro y sencillo, se le entiende todo lo que habla, a pesar de lo que dicen algunos de sus detractores.

-Con el libro, ¿ha hecho catarsis, o simplemente se ha abierto las entrañas?

-Es un desnudo integral, una forma de celebrar mis 15 años de dedicación profesional al humor, que se cumplieron el pasado 3 de enero. Con el libro pretendo hacer reír al mismo tiempo que hacer pensar, meter el dedito en la llaga, siendo crítico con la realidad que me rodea. En él reflejo las opiniones que vierto en la radio, en una colaboración que llevo haciendo ya varios años en distintos medios: Cadena Ser, Onda Cero, televisión... Incluso hay algunas que se censuraron en su momento. En definitiva, es un atrevimiento, fruto de mis ganas de compartir con los lectores mis pensamientos y mi sentir.

«Que Donald Trump sea presidente de los Estados Unidos es una anomalía histórica»

-Uno de los hilos conductores del libro es la lucha contra las desigualdades: de género, de trato, de regiones...

-Me gusta más pensar en positivo, y decir que hablo de igualdad. Creo que nuestro punto de partida como gente del sur, como 'surnormales profundos' es mostrar nuestra forma de entender el mundo, la normalidad de un sur que no necesita llamar la atención para decir «aquí estoy». No digo en este libro que Andalucía sea lo mejor del mundo. Lo mejor del mundo es el propio mundo. Pero este es un buen rincón para vivir, para gritar que el mundo tiene que cambiar, y para disfrutar de momentos únicos.

-¿Es este libro una forma, también, de señalar a los responsables de la situación que vivimos?

-Quiero pensar que con este libro hago el bien a los buenos y molesto a los malos, que son, para mí, dos formas de hacer el bien. Espero molestar a más de uno, y si no lo consigo, prometo seguir intentándolo.

-Con todo, deja algunos títeres de nuestra Andalucía cañí con cabeza.

-Algunos van a tener lugar aparte en un libro propio. Sólo le diré que esté atento a la próxima Cuaresma, porque algunos van a tener un libro propio.

-¿Se ha encontrado muchos anormales profundos?

-Nunca hablo en términos de normalidad o anormalidad, porque ello implica crear un concepto de normalidad, y eso para mí es sinónimo de mediocridad, de estar en la media estadística, en la norma. Nunca he aspirado a la normalidad, porque eso implica una dictadura de quienes imponen ese canon. La virtud está en lo plural, en los grises.

Fin de una trilogía

-Su nueva obra, 'El buen dictador' pone fin a la trilogía iniciada con 'El rey solo', ¿no es así?

-Efectivamente, quería tratar en profundidad el tema de la política actual, de una forma que divirtiera al respetable e hiciera pensar. Populismos, Donald Trump, el coreano... Todos los días parece que se están poniendo las piedras para preparar la III Guerra Mundial.

-¿Qué hay de 'El gran dictador' de Chaplin en este espectáculo?

-Ni se me ocurriría compararme a Chaplin. Pienso que todos los grandes hitos políticos del siglo XX han tenido su contrapunto humorístico: 'El gran dictador' de Chaplin, con el nazismo; 'Un, dos, tres' de Billy Wilder, con el comunismo y el telón de acero; 'Bananas' de Woody Allen, con las dictaduras sudamericanas; 'El dictador' de Sasha Baron Cohen, con los autoritarismos de Oriente Medio, y ahora, modestamente, pues añadimos 'El buen dictador', que pretende mostrar ese populismo que llega al poder, con el objetivo de quedarse, a través de las urnas.

-¿Qué es Donald Trump?

-Una anomalía histórica, reflejo de una sociedad que también permite que Putin gobierne en el otro bando sin oposición.

-¿Su personaje tiene algo de bueno?

-Sin hacer 'spoiler', le digo que no puede ser más bueno.

-¿Cuánto ha tardado en preparar la obra?

-Nos hemos autoimpuesto un ritmo de trabajo de dos años entre un estreno y otro. Ello implica que cuando se estrenó 'El último santo' ya empezamos a pensar en esta, y que hemos ido dedicándole tiempo, puliéndola y haciéndola atractiva para el público en este tiempo.

-La dictadura de la comunicación está muy presente en un escenario lleno de teléfonos...

-Así es, no puedo contar nada, insisto, pero tienen un papel muy importante en la obra, ya que permiten al protagonista estar, prácticamente, en todos lados.

-Un recurso dramático magistralmente utilizado por Gila.

-Y que ayuda mucho en un soliloquio como este, también. Son una bonita ventana a un montón de posibilidades...

-¿Ha estabilizado usted, por fin, la duración de sus espectáculos?

-Ja, ja, ja... 'El Rey solo' se nos fue de las manos, pero ya con 'El último santo' estabilizamos la duración en torno a las dos horas y cuarto, que es lo que dura esta. De todas formas, siempre digo que las obras son cortas o largas dependiendo del grado de disfrute. 'Ben Hur' se puede hacer corto y un anuncio de la tele, largo.

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