Un granadino, protagonista del misterioso manuscrito del Siglo de Oro encontrado en Nueva York

Un granadino, protagonista del misterioso manuscrito del Siglo de Oro encontrado en Nueva York

Editan 'Historia del Huérfano', una novela de 1620 que relata viajes y aventuras por América y Europa, cuyo original ha estado perdido durante siglos y apareció en la Hispanic Society

JESÚS GARCÍA CALERO

Esta es la fabulosa historia de un milagro escrito, es decir, la peripecia del manuscrito de una novela que iba a imprimirse en 1620 y cuyo rastro se perdió hasta ser hallado en 1965 en el archivo de la Hispanic Society of América, en Nueva York. Pero esta joya del Siglo de Oro, que tiene un protagonista granadino, seguía inédita. El manuscrito tiene 328 folios, lleva la signatura B2519 y es el único ejemplar de una las pocas novelas escritas en el Virreinato del Perú de aquellos años. Se titula «Historia del Huérfano» y acaba de ser editada, por primera vez, gracias a la Fundación José Antonio de Castro, en su pulcra «Biblioteca Castro» de literatura española.

El libro abre una ventana que nos permite viajar en el tiempo –supera con creces a las gafas de realidad virtual– y mirar con los ojos y los juicios de un español de la época cómo era la sociedad virreinal, la Corte, la vida en diferentes ciudades europeas y americanas, sin que medien filtros culturales o históricos.

Es la historia de un huérfano granadino de 14 años que viaja a América, se enrola en la guerra de conquista del Virreinato de Nueva Granada y pasa a Lima, donde emprende carrera eclesial que le llevará por medio mundo. Está narrada en tercera persona, trufada de hechos reales y reconocibles, además de consideraciones biográficas de su verdadero autor, que los especialistas tienen perfectamente identificado y que no fue el Andrés de León que figura en la portada –nombre inventado–, sino Martín de León y Cárdenas, un hombre cuya vida tiene paralelismos con la del huérfano y que llegó a Arzobispo de Palermo, ciudad en la que murió en 1655.

Historia del manuscrito

- Estaba listo para publicar en 1621. En la portada del manuscrito se lee: «En Sevilla, por fulano, año de 1621 años». Por algún motivo el autor decidió no publicarlo. Se cree que pudo arrepentirse o sentir vergüenza, porque hizo carrera eclesial.

- Sevilla, 1705. Bajo el elogio de Juan de Lucio hay un dibujo en tinta más clara y la fecha de 1705. Y en la página siguiente el nombre de Juan de Esquivel, marqués de Campellar, que lo tuvo por entonces.

- Finales del XVIII: el conde de Águila lo posee y se lo presta a Juan Bautista Muñoz, que hace un resumen para la Real Academia de la Historia. Luego lo tuvo el sevillano José María de Álava en el XIX, y después el marqués de Jerez de los Caballeros, que se lo vendió a Huntington, fundador de la Hispanic Society.

Si miramos con sus ojos aquel presente que nos llega hoy entre páginas amarillentas perfectamente conservadas –salvo dos folios relativos a sus primeras tropelías que le llevaron a ser expulsado de Perú–, veremos mucha más cultura de la que recordamos en las calles de Lima, la mítica Ciudad de los Reyes, donde un poema bien forjado es tan útil como la espada.

Visión real de Lima

En la capital virreinal hay conventos, de los que surge la primera universidad americana a mediados del XVI, pero en la novela abundan también aventuras sin fin, amores y líos de faldas, navegaciones, clérigos que se disfrazan de soldados, naufragios y batallas a boca de fuego en aquellas latitudes que aquellos españoles, antepasados nuestros, sentían como parte de una tierra casi infinita que aún exploraban; y hay asaltos a baluartes y muertes y enemigos...

Asistimos desde las líneas españolas al ataque de Francis Drake a Puerto Rico en 1595 –donde el Huérfano tiene su protagonismo–, aquella última batalla del inglés tan solo un año antes de morir. Y también al saqueo de Cádiz por una escuadra inglesa en 1596, de la que el protagonista escapa por los pelos y gracias a un golpe de fortuna o de ingenio supernovelesco. Después el protagonista viaja a Madrid, donde se vicia con el juego y participa en una reyerta en la que muere una persona, y a Roma a pedir perdón al Papa para recomenzar. ¿Cuánto de verdad hay sobre el autor en todo ello? ¿Cuántas vidas cabían en una de aquellas biografías? Porque luego asiste en Ferrara justo cuando Clemente VIII se la anexiona y recorre otras ciudades de Italia celebrando la boda de Felipe III con la Reina Margarita. Finalmente regresa a las Indias y termina sus días retirado en la paz conventual y rechazando el cargo de obispo que su peripecia, sin duda, ameritaba.

Pistas y misterios

La responsable de la edición es una filóloga peruana, Belinda Palacios, que relata que fue Antonio Rodríguez Moñino quien lo encuentra en la Hispanic en 1965, lo describe, y recomienda su publicación al calibrar la importancia del hallazgo. Se intentó en los años noventa con Paola Leoni pero no llegó a buen fin. Belinda Palacios destaca que es un testimonio único de la época y de una sociedad capaz de crear cultura. El estilo de la novela es menos simple que la «Historia de la Monja Alférez» y más rico que las autobiografías de soldados del Siglo de Oro por los escenarios que abarca.

No se sabe por qué no se llegó a publicar como estaba previsto en 1621, pero Palacios no ha encontrado la cédula que habría en el Archivo del Consejo de Castilla en caso de haberse pedido permiso. «Tal vez Martín de León se avergonzaba de que se supiera que era el autor, por todo lo que dice, porque es un poco obra de juventud y él hizo una importante carrera eclesiástica». No en vano faltan dos folios de uno de los episodios más oscuros de la vida del Huérfano.

«El texto apoya sin duda a los criollos, desmiente que fueran incultos, pero no dice nada malo de los españoles», subraya la investigadora sobre un detalle relevante de la visión de la sociedad virreinal. Para ella, «el autor vive de cerca la ebullición de las letras en Lima en esos años» (de hecho se conocen poemas suyos en recopilaciones que han servido para identificarle). Palacios reflexiona: «La historia no es blanco o negro, y en la leyenda negra siempre se machaca lo que hacían los españoles, pero esta obra nos da una infinita gama de grises que enriquece la historia».

Tampoco esconde lo negativo, «hay una descripción de las minas de azogue en la que se refleja que se da cuenta de la dureza de la vida de los indios», afirma Palacios. Pero lo importante es que «transporta al lector pasado, de una manera absoluta», remacha.

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