Granada, una de las ciudades pioneras en el uso del azúcar para curar heridas

El enfermero Jesús Rubio, con un paquete de azúcar. :: j.r./
El enfermero Jesús Rubio, con un paquete de azúcar. :: j.r.

Jesús Rubio, enfermero del Hospital Virgen de las Nieves, ha difundido las técnicas del médico León Herszage en diversos seminarios universitarios

JOSÉ ANTONIO MUÑOZ GRANADA

La rápida curación de las heridas, el cierre de las cicatrices, es una necesidad clave para la mejora de los pacientes tras un proceso quirúrgico. El enfermero granadino Jesús Rubio, que ejerce su labor en el Hospital Virgen de las Nieves, es uno de los profesionales pioneros en nuestro país en la difusión de la cura de heridas usando el mismo azúcar con el que cada día endulzamos el café. Un producto barato, de fácil acceso, y de demostrada capacidad en el cierre de heridas.

El propio Jesús Rubio explica que «muy pocas personas en el ámbito sanitario conocen el uso real de esta técnica. Algunos han oído hablar de ella, pero no conocen en profundidad su aplicación. En atención primaria, sí hay publicaciones». Es por eso que, periódicamente, a petición del profesorado universitario, ha realizado demostraciones para alumnos de Enfermería, que estos han acogido de forma muy favorable. Como también los alumnos del MIR que han pasado por cuidados intensivos en estas últimas décadas, a quienes ha enseñado este profesional.

La historia de su conocimiento de este producto tan unido a nuestra vida diaria en el cierre de heridas se remonta a la década de los noventa, cuando Rubio ejercía como supervisor en el Área de Cirugía Cardiaca. «En aquel entonces, observé que el azúcar era utilizado para mejorar heridas infectadas tras la realización de operaciones quirúrgicas». Con todo, los trabajos sobre la materia se remontaban una década atrás, cuando el médico argentino León Herszage publicó su obra 'Tratamiento de las heridas supuradas con azúcar de caña granulada comercial'.

Puede usarse a cualquier edad, incluso por los diabéticos, y para tratar heridas muy diversas

Herszage descubrió que este elemento destruía a las bacterias de las heridas porque atraía la acción de los macrófagos -células del sistema inmunitario que se localizan en los tejidos-, y que este remedio era utilizado por tribus indígenas de su entorno. Un equipo multidisciplinar de microbiólogos, bioquímicos y analistas realizaron un primer estudio, cuyas conclusiones publicó Herszage en 1980.

Azúcar frente a parches

La utilización en animales de sangre fría y plantas determinó que el azúcar era desedematizante y antiinflamatorio local en heridas abiertas. Herszage pasó por Granada y debatió con un representante de una empresa de hidrocoloides -parches de goma y agua, los más usados en estos casos por el sector sanitario- sobre las ventajas de su método, obviamente, mucho más económico que el uso de estos parches.

«A partir de la experiencia con Herszage, comencé a usar el azúcar de forma frecuente, y documenté los resultados. Actualmente trabajo en la UCI, y aunque el tiempo de seguimiento de los casos en que aplico esta terapia es limitado, sí que hay otros en los que he podido constatar la mejora de la situación de las heridas. Recuerdo el caso de un paciente que quedó parapléjico tras un accidente, con sendas heridas en el sacro, que tras 18 meses no mejoraban. Acabó ingresado con un 'shock' séptico a causa de las heridas. Estaba desesperado. Le enseñé a su esposa cómo debía curarlo con azúcar, y le hacía un seguimiento periódico en su domicilio. La mejora fue lenta, pero constante, y en dos años se cerraron las heridas por completo».

¿Cuáles son las ventajas del uso de esta técnica? Según Jesús Rubio, «la primera es el poder desinfectante. El azúcar, por un cambio de presión osmótica, deshidrata a los microorganismos dentro de la herida, y mata a bacterias, virus y hongos. En dos o tres días, una herida infectada puede mejorar de forma espectacular. «Tras ver la acción de los macrófagos, descubrimos que el poder cicatrizante del azúcar se unía al de la limpieza, y que la herida se cerraba de arriba abajo, con escasas posibilidades de reabrirse, si se curaba bajo supervisión de personal sanitario», comenta.

Sin contraindicaciones

En una época en que miramos con lupa los prospectos, encontrar un producto sin contraindicaciones es hallar una aguja en un pajar. Precisamente esto ocurre con el azúcar: no las tiene. Y puede ser usada incluso por diabéticos, «ya que el azúcar que usamos es sacarosa, no glucosa, y puede ser reabsorbido por la piel. Incluso está indicado para las úlceras de pie diabético», comenta.

Un caso práctico y común: nos cortamos con un cuchillo. ¿Cómo actuar? «Lo primero es apretar para que las plaquetas hagan su trabajo. Luego, si la herida se infecta, se puede poner azúcar directamente sobre la misma. De hecho, el doctor Herzsage utilizó hasta seis preparados distintos con buen resultado, siendo uno de ellos la melaza de azúcar, que podemos preparar con un kilo de azúcar y 400 ml. de agua al baño maría. Empapando una gasa, se puede usar directamente sobre el corte de un cuchillo, por ejemplo».

El azúcar está especialmente indicada para heridas donde hay un hueco que pueda rellenarse. Las aplicaciones son múltiples, y la fiabilidad, demostrada. Puede usarse a cualquier edad, y forma parte de nuestro acervo, «ya que los maestros la han usado para curar labios partidos tras los típicos incidentes del recreo». El azúcar termina también con el molesto mal olor de las heridas, al matar las bacterias.

La curación de heridas con azúcar no aparece, hoy por hoy, en los protocolos del SAS. «Desconozco la razón de ello», afirma Jesús Rubio. Donde sí aparece en la película 'El tirador', de 2007, protagonizada por Mark Wahlberg, quien se cura con azúcar tras recibir dos disparos. Parece de película, pero no lo es.

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