La fotografía herética de Duane Michals llega al Centro Guerrero

La exposición, inaugurada ayer, reúne más de 270 fotografías de Duane Michals en el Centro Guerrero./ALFREDO AGUILAR
La exposición, inaugurada ayer, reúne más de 270 fotografías de Duane Michals en el Centro Guerrero. / ALFREDO AGUILAR

El museo acoge una retrospectiva del artista estadounidense que presentó batalla a la dictadura del instante decisivo

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZGranada

En los 60, Henri Cartier-Bresson o Robert Capa eran algo más que grandes fotógrafos. Ambos abanderaban una forma de entender la imagen que se había aupado hasta ser considerada por profesionales y críticos como canónica: la capacidad para capturar una historia que, de otra manera, se habría perdido para siempre. Esta visión se había impuesto hasta el punto de constreñir las posibilidades de los creadores, obsesionados con la pírrica victoria de la fotografía sobre el tiempo. Frente a los límites del llamado 'instante decisivo' se alzó el joven Duane Michals, que con sus célebres secuencias evidenció la necesidad de superar las formas tradicionales. Aquellas imágenes consideradas heréticas por su coetáneos y muchas otras que conforman su producción llegan ahora al Centro Guerrero en una retrospectiva que sirve para profundizar en la vida y la obra de uno de los autores más relevantes de las últimas décadas.

Comisariada por la especialista Enrica Viganò y apoyada por la Fundación Mapfre y la delegación de Cultura de la Diputación de Granada, la exposición recorre la revolucionaria trayectoria del estadounidense a través de más de 270 instantáneas. El genio temprano de Michals y sus principales referencias artísticas son el punto de partida.

En 1952, el joven Michals viajó por primera vez fuera de los Estados Unidos. Con una cámara prestada al hombro, su objetivo era retratar a todas las personas con las que se cruzara en la Unión Soviética, destino de su viaje. La experiencia cambió para siempre la vida del autor, que hasta entonces ejercía como diseñador gráfico. «Ahora no lo parece, pero en su tiempo fue una gran aventura viajar a la Unión Soviética durante la guerra fría», advierte Viganò. «Sus retratos del pueblo ruso fueron su propia epifanía porque había encontrado el mejor medio para expresarse».

El portfolio con los retratos realizados en la Unión Soviética interesó a algunas de las revistas de moda de la época -Squire, Vogue, Mademoiselle...- y le puso en contacto con algunas de las personalidades más importantes del siglo XX. Estrellas como Andy Warhol, Clint Eastwood, Jeanne Moreau, Madonna, Sean Penn o Jeremy Irons posaron ante su objetivo y pueden verse en la primera planta del Centro Guerrero. «El trabajo comercial fue fundamental para dejarle la total libertad en su trabajo personal; es un punto que Michals defiende con toda su alma por haberle permitido crear e inventar sin obligaciones», cuenta Viganò.

La revolución

Gracias al oxígeno económico de la fotografía comercial Michals pudo iniciar su particular revolución. Lo hizo bajo la inspiración de pintores como Balthus, De Chirico o Magritte, maestros que, en opinión de la comisaria, «le enseñaron senderos inusitados de la imaginación y, sobre todo, alimentaron su propia fantasía».

El primer paso fue alejarse de los principios del 'instante decisivo', «distanciarse de la fotografía entendida como una herramienta de memoria visual o de narración de los hechos». Bajo la premisa de que «lo que no puedo ver es infinitamente más importante que lo que puedo ver», el autor estadounidense se atrevió a crear secuencias de imágenes siempre y cuando una fotografía no fuera suficiente para expresar su idea. Así dio forma a series como 'Yo construí una pirámide', 'El abuelo se va al cielo' o 'Las cosas son raras', que se pueden ver también en la exposición y que revelan, según la comisaria, el especial sentido del humor que particulariza su obra. «Quizás sea este su mejor talento -asegura Viganò-. El empleo de una ironía que proporciona ritmo a su fotografía».

Pero el atrevimiento de Michals no se detuvo ahí. El artista rodeó sus fotografías de palabras, convirtiendo las instantáneas en fototextos en los que «de manera sencilla, usa la palabra para hacer más ligeros y comprensibles temas bien complejos». Estos experimentos, realizados durante décadas por Michals, revelan su interés por cuestiones políticas, metafísicas o espirituales, mostrando la tremenda humanidad de su pensamiento.

«Sus fotografías tratan sobre la vida y la muerte, el concepto del tiempo, la condición humana, la sociedad, las ciencias, el racismo, la emancipación de la mujer, la homosexualidad, la religión y la guerra; incluso su propia historia familiar sin censura alguna gracias a su autenticidad y su necesidad de expresión», señala Viganò, que destaca las recogidas bajo el título de 'La casa que un día llamé hogar'.

La muestra se cierra con algunos de los vídeos y carteles realizados por Michals y un interesante diálogo en el que algunas de las últimas fotografías del estadounidense dialogan con piezas originales de José Guerrero. «Es interesante porque Michals toca el arte contemporáneo criticando las leyes del mercado y sus actores con una ironía divertidísima a través de una serie titulada 'Cómo la fotografía perdió su virginidad de camino al banco'», recuerda Viganò.

Son las últimas excentricidades de un genio que sigue laborando a pleno rendimiento a pesar de sus 86 años. «Tuvimos que pedirle que parara porque quería seguir metiendo fotografías en la muestra hasta el último momento», sonríe la comisaria, que recuerda las palabras con las que Michals el herético explica sus genialidades: «Cuando miras mis fotografías, estás mirando mis pensamientos».

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