Voces viajeras

El grupo Musica Ficta actuó en un repleto Monasterio de San Jerónimo./RAMÓN L. PÉREZ
El grupo Musica Ficta actuó en un repleto Monasterio de San Jerónimo. / RAMÓN L. PÉREZ

Musica Ficta rayó a gran altura atacando por igual piezas en latín, francés y alemán, tras las huellas de los tercios españoles y la música pastoril

ANDRÉS MOLINARIGRANADA

Comienza el mes de Julio, lo que significa viajar, viajar, porque son vacaciones y es verano. Otro viaje muy distinto es el que nos propuso Musica Ficta ayer sábado. Un peregrinaje junto a los Tercios españoles, lo que parece pintiparado en un lugar como la tumba del Gran Capitán, que inició la guerra moderna y por eso, a ambos lados del conjunto musical lucían cuatro lansquenetes.

En realidad, cualquier pretexto es bueno para escuchar música antigua. Y, en este caso, obras de los maestros clásicos junto a música recuperada de ese tesoro oculto que es la biblioteca de la Capilla Real granadina. Con dos obras de Rodrigo de Ceballos, maestro de dicha capilla, comenzó el concierto. Y ahí ya se vio la tónica del conjunto para todo el viaje: voces limpias, sin florituras ni aditamentos, con dos cantantes por tesitura que emiten sonidos briosos desde la laringe, poco detenidos en el paladar, expeditos para su periplo por la amplia nave del templo que posee una reverberación idónea para este tipo de música. Así lo demostró la soprano Verónica Plata en sus solos.

Ante los ocho cantantes un director entregado y comunicativo. Nos explicó lo que pretendía con este concierto, pero no se le entendió nada por la mala colocación de micrófonos y altavoces. Aunque lo que importa es lo acertadamente que dirigió todas las obras, sobre todo cuando cerraba la mano haciéndola puño para que el calderón final deviniese en silencio dejando la más grata sensación. Esos finales son lo mejor del grupo. Aunque un par de entradas poco limpias y cierta descompensación de los tonos, que necesitarían voces de bajo más potentes, en nada merman la calidad del concierto.

El programa se inició con tesoros musicales procedentes de la Capilla Real de Granada Sonaron desde piezas de la liturgia canónica hasta villancicos de corte jocundo

Para viajar es necesario saber idiomas. Y en la época de los Tercios de Flandes y de la Contrarreforma, el latín era el idioma de la música. Por eso latín fue la lengua mejor paladeada por este grupo para las partituras del granadino Ceballos, del milanés Palestrina, del francés Certón, del flamenco Desprez... No en vano el propio conjunto vocal se nombra a sí mismo también en latín, conjugando la música y la ficción. Pero esta hegemonía del latín no impidió que se oyesen también villancicos en bello castellano y canciones en raro alemán. En todos los idiomas el grupo rayó a gran altura, reforzando las consonantes iniciales de algunas palabras para que la frase quedase nítida y bien trabada. Integrándose a la perfección el contratenor junto a la alto para completar el cuarteto de voces ligeras.

Unos cuantos solos espaciaron el periplo polifónico, en general bien empastado siempre huyendo de que el cansancio en el fraseo rozase el más mínimo apelmazamiento sonoro. De la misa canónica, para la liturgia romana, al villancico jocundo, como el 'Falalanlera' de Bartolomé Cáceres, uno de los mejores momentos de la mañana, y del motete clásico firmado por dos de los grandes, como Palestrina y Lasso, a la serenidad de la canción de Isaac Heinrich, que parece preludiar un oratorio de Bach, sugiriendo una parada en el camino y sentarse bajo el umbroso tilo. Clásicos en eco y rarezas al encuentro: eso es viajar. Y para final la pieza pastoril de Pedro Ruimonte, con su preciosa fuga. Nada mejor que una 'fuga' para marchar raudos en pos de la buena música.

Fotos

Vídeos