¡Qué viva New England!

Jóvenes músicos, ayer, antes de la actuación en el Festival de Música y Danza./FERMÍN RODRÍGUEZ
Jóvenes músicos, ayer, antes de la actuación en el Festival de Música y Danza. / FERMÍN RODRÍGUEZ

La joven sinfónica del noreste de EE UU entusiasma al Falla con guiños a España | En apenas seis días han recorrido media Andalucía para dejar muestra del buen hacer musical del conservatorio ubicado en Boston

Daniel Olivares
DANIEL OLIVARES

Llegan al Auditorio Manuel de Falla vestidos de riguroso negro con apenas quince minutos de tiempo para salir al escenario. Son medio centenar de jóvenes que por sus rasgos físicos bien podrían parecer una pequeña Torre de Babel. Pero no, todos hablan el mismo idioma pese a que unos pocos son rubios, otros cuantos, los que más, tienen aspecto asiático, un par de ellos parecen nacidos en Calcuta, y los últimos, tataranietos de aquellos esclavos que la tierra que hoy les acoge, Nueva Inglaterra, ayudó a liberar de las cadenas que su actual presidente sería capaz de volverles a colocar.

Se introducen en las entrañas del auditorio granadino. «Tenéis cinco minutos, chicos», les dice una mujer que les acompaña. Con su ensortijado pelo canoso, ojos claros y sonrisa eterna aparece el director de la Joven Sinfónica del Conservatorio de Nueva Inglaterra, Steven Karidoyanes, que a pesar de su apellido de origen griego es del mismo Boston. Uno a uno empiezan a sacar de sus fundas los instrumentos que han dejado en los camerinos y pasillos tras el ensayo de esa misma tarde. Han cenado hace apenas una hora y en unas siete tendrán que emprender el camino de vuelta a casa vía Málaga y Madrid. Antes tiene que ofrecer su concierto.

«Llegamos a España hace seis días, a Madrid. Bajamos a Córdoba en autobús, actuamos allí, fuimos a Sevilla, volvimos a Córdoba a dormir, y hoy estamos aquí. Llegamos ayer por la tarde», explica Karidoyanes en el pasillo que sirve de antesala al escenario. «En unos minutos subiremos al escenario. Id calentando mientras tanto», señala el director a sus músicos.

No todo es América

«Desplazarse con una orquesta como esta supone un gasto grande. Pero es muy importante para ellos que conozcan otros países y a otros personas, y vean que el mundo no es solo América», apunta Karidoyanes al periodista. Vuelve a dirigirse a los músicos y a los adolescentes de entre 13 y 18 años que componen la joven sinfónica, representantes de una institución que está considerada una de las mejores de su ámbito en Estados Unidos, el New England Conservatory Preparatory School de Boston.

«A mí me gusta trabajar con gente joven. Es muy importante. Si lo tratas como niños, se comportarán como niños, pero si les haces ver que este es un paso muy importante para ellos hacia el futuro, ellos se comportan como unos auténticos profesionales», explica el director, que acumula trece años al frente de la sinfónica y que es también, desde hace 23 años, la batuta de la Orquesta Filarmónica de Plymouth, una orquesta profesional de la histórica South Shore de Boston.

La amabilidad y la simpatía de Karidoyanes en el trato cercano se deja ver también sobre el escenario. Transmite buen rollo a sus músicos, que sonríen tanto o más que él, y al público. Sobre todo en los bises, en el que el director estadounidense y sus músicos se permitieron alguna licencia con guiño hacia la tierra que han visitado. Por dos veces, la orquesta interpretó ¡Qué viva España!, el famoso pasodoble de Manolo Escobar, que ha cruzado fronteras y que en su versión sinfónica suena muy interesante. «Soy un loco de la música. Y también estoy un poco loco», reconoce el director antes de subir al escenario. Sobre él, sobre la madera del Falla, lo demuestra al atreverse con la interpretación 'escobariana' después de ofrecer un fino repertorio con 'Overture' de Rossini, 'Habanera' de Chabrier, la sinfonía número 40 en sol menos de Mozart y El Amor Brujo de Falla, un despliegue que hizo las delicias de un público que acogió con agrado y complicidad los guiños españoles de los bises y la interpretación previa del himno de España nada más acomodarse sobre el escenario.

La ovación final tras el segundo ¡Qué viva España! entusiasma a los jóvenes músicos. 'Chuleta' en mano, Karidoyanes se había dirigido al público en español tras la primera interpretación: «Espero que hayan disfrutado. Para nosotros ha sido un placer estar aquí en Granada. Le dejamos otro regalo musical». El Hoe-Down de Rodeo, de Aaron Copland, un vistazo al ballet americano, y el segundo bis del pasodoble de Manolo Escobar ponen la guinda. Ya en inglés, sin chuleta esta vez, el director se despide: «Llegamos ayer y nos vamos esta noche, a las tres y media. Ha sido un placer estar en Granada. Muchas Gracias». ¡Qué viva New England! Y su joven orquesta.

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