Verdi vuelve de nuevo a Granada

Verdi no vio ninguna obra suya representada en Granada, pero sí dirigió en Madrid./
Verdi no vio ninguna obra suya representada en Granada, pero sí dirigió en Madrid.

El 'campesino de Roncole' anduvo por la ciudad con Ronconi, en cuya casa se hospedó, y con Pedro Antonio de Alarcón de guía

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

La figura de Giuseppe Verdi es una de las más atractivas de la historia universal de la ópera. Es un ejemplo vivo de fuerza de voluntad, de autoconfianza, y la suya es una vida entregada totalmente al arte. El esfuerzo, el trabajo, todo ello se unió a su enorme capacidad creadora, a su rica inspiración, a su formidable sentido escénico de la música, a la intensidad dramática que sabe transmitir a sus personajes. Resulta significativo que solamente hiciera dos incursiones en la ópera bufa y con muy desigual resultado. En tiempos dificilísimos estrenó 'Un giorno di regno' que constituyó un fracaso rotundo y que le hizo seriamente pensar en abandonar su carrera de compositor. Eran malos años sobre los que volveremos más adelante pero, sobre todo, ese fracaso fue una herida que tardó mucho en cicatrizar, si es que llegó a hacerlo alguna vez. La otra obra de carácter bufo es precisamente su última creación operística, Falstaff y Verdi, que durante muchos lustros fue amo y señor de La Scala milanesa, saboreó su último gran triunfo.

Pero antes tuvo que recorrer un larguísimo camino erizado de dificultades, con el drama y la tragedia personal como telón de fondo. Nacido en la pequeña localidad de Le Roncole (Busseto) en octubre de 1813, demostró desde pequeño su talento musical y, a pesar de ciertas dificultades económicas, Carlo no vaciló en comprarle una espineta para que practicara. Esa espineta se puede ver todavía en el Museo del teatro Alla Scala de Milán. Y ese fue el punto de arranque de una carrera musical que habría de conquistar a toda Italia y al mundo. En Busseto se benefició de las enseñanzas de un buen músico, Provesi, que no estaba bien visto por la sociedad pacata local, a causa de sus ideas liberales. En Busseto encontró también a quien había de ser su protector y su más firme y leal defensor: el rico comerciante Antonio Barezzi con cuya hija, Margherita, acabó contrayendo matrimonio el joven aspirante a compositor. Antes, y gracias a la generosidad de Barezzi, pudo estudiar en Milán con Lavigna, de forma particular, ya que el Conservatorio milanés que, paradójicamente hoy lleva su nombre, lo suspendió en su intento de ingresar. Quizá por su técnica pianística un tanto ruda y muy autodidacta y también por su edad, ya que sobrepasaba el límite que se fijaban los tribunales para admitir alumnos.

Pero supo aprovechar adecuadamente las enseñanzas de Lavigna y tuvo ocasión de presenciar muchas óperas en el teatro milanés, además de empezar a establecer ciertos contactos a pesar de su carácter retraído y especialmente áspero. Sin embargo tuvo que sufrir la muerte de sus dos hijos y posteriormente la de su esposa. Al mismo tiempo la Scala silbaba su ópera 'Un giorno di regno'. Esa noche, la de su fracaso, solo, totalmente hundido, se prometió a sí mismo no volver a escribir música. Y se dedicó a vegetar tristemente en una pobre habitación, sin apenas dinero para subsistir.

Su propio resurgimiento

Y es el propio Verdi el que cuenta cómo una noche muy fría, con nieve sobre Milán, cambia totalmente su suerte y como una nueva ave fénix, el músico fracasado, el hombre golpeado con dureza por la vida, renace de sus propias cenizas y da comienzo una carrera triunfal que se prolonga hasta el momento mismo de la muerte del maestro. Camina Verdi por las calles de Milán, soportando el frío y el hambre, cuando se encuentra con Merelli, empresario del Teatro La Scala, quien le invita a que le acompañe. Una vez en las oficinas del teatro le da a leer el libreto que ha escrito Temistocle Solera sobre un tema bíblico y le insta a que se lo lleve a casa y lo lea tranquilamente. Al principio, Verdi se niega pero al final, a regañadientes, acepta llevárselo. El propio Verdi contará que al llegar a su miserable habitación empieza a leer el libreto que se había caído al suelo y se había abierto por las páginas donde aparecen los conocidos versos «Va pensiero sull'alli dorate...». Desiste de leerlo y se acuesta, pero los versos parece que le martillean el pensamiento y vuelve a repasarlos, acabando por leer entero el libreto. Al día siguiente vuelve a la Scala para devolverle a Merelli el libreto. Insiste el empresario en que le ponga música y tras una pugna y vencer la resistencia de Verdi, el compositor acomete la tarea de crear su primer y rotundo gran éxito.

Así, en el año 1842 se estrena en la Scala 'Nabucco', y el éxito sobrepasa todas las previsiones. En esta música hay fuerza, hay belleza, hay pasión. La orquesta está muy bien tratada, las voces y los coros tienen una gran relevancia, una inusitada brillantez. Esa fuerza que se echaba de menos en las composiciones de los grandes autores anteriores y contemporáneos. Verdi, el joven Verdi, el que parecía fracasado Verdi, triunfa plenamente y su famoso coro de esclavos se convierte en un canto de libertad para los milaneses que sufren bajo el yugo de la invasión austriaca.

Desde entonces se inicia un camino de éxitos casi ininterrumpido por algún estreno menos afortunado. Se convierte no sólo en el compositor de moda, sino en el compositor italiano por excelencia. Las clases acomodadas se disputan su presencia en sus salones, pero el carácter arisco y poco sociable de Verdi espaciará su relación con los círculos sociales. Tras este primer éxito aparecerá otro título que aún gustó más en su momento como fue 'I lombardi'. Y después más y más títulos hasta llegar a tres de los más populares y podríamos decir que carismáticos del autor: 'Rigoletto' o la concepción perfecta de la ópera, basándose en una obra de Víctor Hugo; 'Il trovatore', con música de una belleza excelsa que cubre las carencias de un libreto de Cammarano demencial. Y sobre todo uno de sus títulos más logrados, 'La traviata', con inteligente y buen libreto de Piave, sobre la obra de Alejandro Dumas, hijo. 'La traviata' fracasa en su estreno veneciano de 1853, por causas absolutamente extramusicales. Pero un año después volverá con éxito a los escenarios y es desde entonces ópera favorita de los grandes públicos, pues rara vez se ha dado con tanta calidad una música capaz de plasmar los más variados sentimientos, amor, renuncia, sacrificio, egoísmo, tristeza ante la muerte de una bella joven maltratada por la sociedad que la explotaba.

Verdi sabe conseguir que la orquesta envuelva la trama creando un ambiente, creando una formidable descripción de sentimientos, de encontradas pasiones donde siempre prevalece la pureza del auténtico amor, aunque este se desarrolle entre un joven bien y una cortesana. Y seguirán los éxitos con 'Macbeth', 'Ernani' o 'Un ballo in maschera' que por cierto tiene uno de los más hermosos dúos de amor de la escena italiana. Verdi ha rehecho su vida. Mantiene una relación con la soprano Giuseppina Streponi, con la que contraerá matrimonio que durará hasta la muerte de Giuseppina. Verdi, incluso, protagonizará una actividad política, movido por su patriotismo y siguiendo el ideal que plasmara Garibaldi para unificar Italia.

La madurez y la ancianidad no hacen sino robustecer la capacidad creadora de Verdi. 'Don Carlo' es una obra completa, magnífica, donde la figura del rey Felipe II se debate entre el amor, las razones de Estado y una dureza de ánimo que la leyenda negra le atribuyó sin el menor empacho. 'Aída' es una obra maestra en la que combina de forma admirable la mayor majestuosidad musical con un intenso y apasionado lirismo. Y 'Otello' y 'Fastalff ' constituyen la vuelta a su adorado Shakespeare, con un lenguaje musical nuevo, distinto, audaz. En la primera está presente el terrible drama de los celos, la insidia de un envidioso. En la segunda, es el humor desenfadado, la culminación de la carrera de Verdi que se sacaba la espina, el dolor, que le causaba recordar su fracaso en los inicios de su carrera, con 'Un giorno di regno'.

Verdi ha vuelto a Granada en esta edición del Festival. Con canciones, con su formidable 'Misa de Réquiem'. Verdi estuvo físicamente en nuestra ciudad, invitado por el barítono Ronconi, viviendo en el carmen del cantante, situado justo debajo del Hotel Alhambra Palace, y teniendo como cicerone al escritor accitano Pedro Antonio de Alarcón. Oyendo su obra en salones porque el gran teatro de la ciudad estaba ocupado por una compañía de zarzuela. Aquí aceptó homenajes, cosa poco habitual en él dado su carácter huraño. Pero es posible que le embriagara la belleza de una ciudad, de unos monumentos, de un sentir artístico que siempre ha estado presente en Granada. Ahora ha vuelto con distintos momentos de su obra, pero siempre está presente en todo aquel que ame la música, que sea capaz de comprender y sentir lo que es la ópera. Porque Verdi es la máxima expresión de la ópera italiana, porque Verdi es una fuente inagotable de sensaciones.

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