El talento de Mozart clausura el Festival en el Palacio de Carlos V

El talento de Mozart clausura el Festival en el Palacio de Carlos V

Los solistas del concurso organizado por la OCG ofrecieron un recital donde destacó el buen hacer de la soprano malagueña Berna Perles

EMILIO LACÁRCEL VÍLCHEZ | FOTO: ALFREDO AGUILARGRANADA

Anoche tuvimos que asumir el reto y la alegría de comentar, desde estas páginas, el concierto de clausura de la sesenta y seis edición del Festival Internacional de Música y Danza. Y decimos que reto y alegría porque es bien satisfactorio hacer un comentario de una orquesta que hemos venido siguiendo a lo largo de toda la temporada, en la que ha sabido brindarnos momentos inolvidables. Alegría por escuchar a unos buenos cantantes y alegría por tener al gran Mozart como autor de esta gala final, en la que nos ha sido dado escuchar momentos brillantísimos de sus mejores producciones operísticas. Reto porque tener que escribir sobre la sesión con la que se finaliza una edición del Festival y se cierra un ciclo, es siempre comprometido.

Problemas con el transporte público -cortes de calles, al parecer, no anunciados- hicieron que un buen número de espectadores se quedara fuera en la primera parte del concierto. Dicho retraso no es culpa del Festival, es cierto. Pero también lo es que, de haber conocido dicha circunstancia, la organización habría podido arbitrar medidas para solucionar tal contingencia.

Volviendo al concierto, la verdad es que el planteamiento nos resultaba inicialmente muy atractivo. Centrar toda una sesión del Festival en la música escénica del genio de Salzburgo es plato de muy buen gusto. Si además se contaba con la participación de los jóvenes intérpretes que resultaron vencedores del concurso de ópera Mozart, que organizó con notable éxito la Orquesta Ciudad de Granada, el interés aumentaba de forma considerable. Y también resultaba una alegría que la Orquesta que lleva el nombre de nuestra ciudad tuviera el honor de clausurar una edición del Festival que ha resultado especialmente atractiva y que ha constituido una buena serie de éxitos en los distintos conciertos y recitales a los que hemos tenido oportunidad de acudir.

Mozart, en su aparente sencillez, con su rica línea melódica que tan atractiva resulta, con su tratamiento brillante de las voces y con el protagonismo que sabe dar a la orquesta, siempre es muy atractivo pero llegar a una buena ejecución de sus obras no es tarea fácil. Antes nos hemos referido a la aparente sencillez de su creación. Resulta engañosa puesto que aunque su lectura es fácil y llega rápidamente, encierra una serie de arcanos, encierra unos serios problemas de interpretación que luego pueden hacer naufragar cualquier intento interpretativo. Hay que tener mucha seguridad, conocer perfectamente el terreno que se pisa, encontrar el punto exacto que requiere, como ya hemos dicho, un conocimiento nada superficial de una obra bellísima que encima acarrea dificultades a la hora de ejecutarla, a la hora de llevarla a cabo. Por eso se requiere seguridad, conocimiento, adentrarse en el espíritu de Mozart, saber leerlo y traducirlo de una forma adecuada, huyendo de cualquier lectura superficial, ahondando en el espíritu, en el contenido , en lo que el genial salzburgués plantea y acaba desarrollando de forma tan magistral.

Saborear al genio

Para ello, para poder saborear adecuadamente arias y dúos de las hermosísimas óperas de Mozart hay que contar con buenos mimbres para llegar a tener el gran cesto que buscamos. Y nos referimos, claro, a los intérpretes, que tienen que estar verdaderamente imbuidos del espíritu mozartiano, cosa que, volvemos a repetir, no es tan fácil como algunos creen. Lo primero que tenemos que contar es con una buena orquesta, con una orquesta que sepa traducir bien las partituras, que esté familiarizada con Mozart, que sepa tener protagonismo cuando el caso lo requiere y que sepa llevar a cabo el dificilísimo arte de acompañar a los cantantes. Pensamos que la estructura de la OCG puede resultar ideal para llevar a buen término este cometido. Como ha sabido demostrar a lo largo de toda la actuación de anoche. Con buen sonido, con una adecuada colaboración con las voces, voces juveniles y que por ello requieren más atención. Y ahí ha estado nuestra orquesta en su sitio, muy bien dirigida por Pablo González que ha tenido en cuenta las características de cantantes y orquesta y ha puesto al servicio de Mozart, toda su sabiduría, todo su entusiasmo consiguiendo un resultado en verdad óptimo. Sin la pericia que han demostrado no hubieran brillado de la misma forma los momentos que protagonizan Cherubino, la Condesa Almaviva, Pamina, Tamino, Papageno, Dorabella, Ferrando. Son los personajes vivos que creara, que ideara e hiciera vivir Mozart los que han encontrado la colaboración adecuada en el director y en la formación granadina.

Las jóvenes voces que han encarnado a estos personajes, sin duda los más populares del amplísimo repertorio operístico del genio de Salzburgo, han demostrado su buena capacidad. David Alegret, con un agradable timbre de tenor ligero, cantó con delicadeza y musicalidad su fragmentos como Ferrando y Don Ottavio. El barítono Riccardo Fassi posee un registro medio muy convincente y, si bien a veces dio la sensación de precipitarse algo, gustó en sus papeles de Fígaro y Leporello, aportando también una destacada vis cómica. La mezzosoprano Karina Demurova encarnó a Dorabella y Cherubino solventemente mientras que la soprano Alicia Amo fue expresiva y musical en los papeles de Susanna y Pamina, siendo muy de nuestro agrado en el dúo junto a la Contessa en 'Las bodas de Fígaro'.

Por su parte, la actuación de la soprano Berna Perles fue, en la humilde opinión del firmante, quizás lo más destacado. Demostrando una buena técnica, la cantante estuvo acertada en los matices, cantó con delicadeza los difíciles fragmentos de Fiordiligi y la Contessa, controlando muy bien los colores y tonos, a los que supo sacar un buen partido a nivel expresivo, con mucha musicalidad.

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