Perianes y Granada, noche inolvidable

El pianista onubense Javier Perianes, anoche en el Patio de los Arrayanes, durante su concierto./ALFREDO AGUILAR
El pianista onubense Javier Perianes, anoche en el Patio de los Arrayanes, durante su concierto. / ALFREDO AGUILAR

El instrumentista ejecutó un colorido programa con piezas de Schubert, Debussy, Falla y Albéniz, donde demostró una vez más su virtuosismo

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGranada

Como se decía en la información previa del propio Festival el andaluz Javier Perianes ha vuelto a uno de los escenarios de sus éxitos, a uno de los escenarios que ha sido y sigue siendo testigo de la calidad indiscutible de este joven y excelente pianista que, como pocos, sabe transmitir todo un mundo de sensaciones, todo un mundo de sugerencias sonoras gracias a su calidad, a su recia personalidad artística que, una vez más, se puso de manifiesto anoche en el precioso Patio de los Arrayanes. Javier Perianes es muy conocido y muy querido en Granada, donde siempre ha dado muestras de su gran calidad y Granada le transmite su reconocimiento, su afecto y, por supuesto, su admiración. Es una relación de mutuo entendimiento, me atrevería a escribir que de mutuo afecto, pues se nota que Perianes se siente a gusto en Granada y Granada siempre agradece el derroche de talento y de arte que emana de la maestría del joven pianista onubense.

Hace ya un tiempo que Perianes ha dejado de ser una promesa para convertirse en una espléndida realidad. Es un gran músico, un pianista de una enorme categoría y que plantea con gran seriedad rigor, con una gran profesionalidad, cualquiera de sus intervenciones. En el Festival granadino, donde sus actuaciones siempre dejan huella, vuelve a ocurrir lo mismo, vuelve a tener una excepcional importancia su actuación, eligiendo además un programa de gran interés y de una indiscutible belleza. Programa además en el que, como siempre, no elude el compromiso, antes al contrario lo asume con total responsabilidad y con ese alto sentido de la profesionalidad que le caracteriza.

No podía faltar, claro es, el gran Schubert por el que el pianista andaluz parece tener una muy lógica admiración. Y después el protagonismo de lo español con los nombres de Claude Debussy -sí, hemos escrito Debussy, situándolo en lo español- porque España y Granada también están presentes en la obra del genio francés. Una muestra admirable de lo que fue el impresionismo en la música francesa. Y como hermanados con ella dos nombres señeros de la música española. De un lado Albéniz, al que siempre deseamos escuchar y con el que muchos pianistas -incluso españoles- se muestran en exceso cicateros, y Falla que bien puede considerarse como el autor con el que culmina el nacionalismo musical que, no lo olvidemos, nace en la segunda mitad del siglo XIX , siendo también importante no olvidar la trascendencia que en ello tuvo la figura de Francisco Asenjo Barbieri, tanto como compositor, como investigador, musicólogo, crítico -de los de verdad- y continuo estudioso e impulsor de la música de España.

Sin localismo

Sin chauvinismos, sin caer en localismos, pero con la consciencia de que tenemos una música importante que debemos cuidar y divulgar. Por eso nuestra gratitud a Perianes que siempre ha sabido encontrar el justo medio para ofrecer programas tan atractivos, tan interesantes, donde hay presencia de músicos universales y donde también encuentran cabida los españoles universales.

Y para demostrarlo inició el recital con una amplia e interesantísima referencia a Schubert. Con su 'Allegretto, D.915', pasando inmediatamente y sin pausa a ofrecernos una limpia, perfecta, rica versión de la 'Sonata en sí bemol mayor D.960'. Perianes ha cuidado al máximo la ejecución de esta obra, remarcando tanto los momentos más intensos y brillantes como los de arrebatador lirismo, como ese andante sostenuto de una belleza extraordinaria. Gran primera parte que daba paso seguidamente al protagonismo de lo español. Dos obras de Falla como comienzo y final. De un lado el Homenaje a Debussy, donde Perianes ha sabido extraer ese mundo íntimo de Falla, ese sentimiento ante la tumba del amigo y del maestro.

Y como colofón la suite para piano que hiciera el propio Falla de su Amor Brujo. Ha estado formidable Perianes, concentrado en la belleza de la Pantomima, con ese aire de tango habanera, brillante en la 'Danza del Terror', delicado en el 'Círculo mágico' y brillantísimo, virtuosístico en el colofón de la Danza del Fuego. Un Falla brillante, limpio e intenso que ha llenado de calidad la noche de los Arrayanes.

Y en medio Debussy y Albéniz. Los tres momentos de Debussy que tienen como protagonista Granada. La belleza propia del impresionismo se mezcla con la utilización de momentos que recuerdan la música popular española. Es una preciosa sensación escuchar La soirée dans Grenade o la Puerta del Vino, en su escenario natural, esa Granada que soñó Debussy y que no conoció. Y Albéniz, con su Albaicín. Escuchando a Perianes en su perfecta ejecución pensaba que desde la gran Alicia de Larrocha no había escuchando un Albaicín tan brillante, tan hermoso, tan auténtico, tan propio de Albéniz. Noche terriblemente calurosa pero que nos trajo el soplo espiritual de un pianista que mostró su gran envergadura artística y un programa de una excepcional hermosura.

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