Impresionante Sir Simon Rattle

Disciplina, entrega absoluta de los formidables integrantes de la London Symphony y en el podio un auténtico genio, el director Simon Rattle. /RAMÓN L. PÉREZ
Disciplina, entrega absoluta de los formidables integrantes de la London Symphony y en el podio un auténtico genio, el director Simon Rattle. / RAMÓN L. PÉREZ

Magnífica versión de la Sexta de Mahler del gran director británico con la London Symphony Orchestra

JOSÉ ANTONIO LACÁRCEL

De nuevo en Granada la London Symphony Orchestra, de nuevo Simon Rattle y otra vez Mahler, el gran compositor bohemio que siempre se escucha con gran interés pues son muchos los apasionados mahlerianos. Y al hablar del gran autor no puedo ni quiero dejar pasar ni un minuto sin rendir un homenaje de afecto y admiración a la figura irrepetible de José Luis Pérez de Arteaga, cuya pérdida tanto hemos lamentado en Granada donde su figura era muy popular, como uno más de casa, por su asiduidad a las sesiones del Festival, porque a través de Radio Nacional de España, transmitía con su habitual maestría radiofónica y con sus enormes conocimientos musicales, distintas sesiones del Festival granadino. Y porque durante bastantes años José Luis había sido miembro del Consejo Asesor de nuestro Festival. José Luis era exquisitamente educado, buena persona en el más amplio sentido de la palabra, una persona entrañable y muy nuestra en las sesiones de la muestra granadina. Intento rendir este sencillo y sentido homenaje al querido amigo y creo que ésta es la ocasión adecuada por cuanto que Pérez de Arteaga ha sido un gran estudioso de Mahler y de su obra y con sus grandes conocimientos, con sus libros y publicaciones, ha contribuido a divulgar en nuestro país la obra de Mahler, ha contribuido a que el gran público sienta más próximo al genial compositor y lo entienda mucho más, consiga fundirse con su música, con sus planteamientos estéticos. Por eso, por todo eso es por lo que cuando me pongo a redactar esta crónica apresurada de este reecuentro con Mahler, sienta que estoy en la obligación de hacer una referencia a la irrepetible figura de este escritor, ensayista, músico y gran persona que fue José Luis Pérez de Arteaga.

Seguro que él hubiera disfrutado anoche con la versión que el gran Simon Rattle hizo de la Sexta Sinfonía de Gustav Mahler, sobre todo si tenemos en cuenta que Arteaga consideraba a la Novena y a la Sexta las obras maestras de Mahler. Pero claro, tiene que haber una garantía en la interpretación. No son obras para cualquier orquesta ni para cualquier director. El mundo mahleriano es tan complejo, tan difícil a veces para los intérpretes, tan denso, que requiere la presencia de un director de contrastada categoría en el podio, un director que tenga un nivel excepcional y que ese nivel, que siempre conlleva una gran autoexigencia, tenga la respuesta adecuada en los miembros de la orquesta. De esa forma se puede conseguir el gran milagro de la interpretación adecuada, se puede producir el gran milagro de la transmisión, del acercamiento de intérpretes y público que hace posible que la obra cumpla su gran misión.

No cabe duda de que anoche se daban esas condiciones, porque la figura y la personalidad de Simon Rattle es indiscutible como indiscutible es la calidad que presenta la London Symphony. Mahler por tanto tenía forzosamente que ser bien interpretado y por supuesto que lo fue. Las expectativas creadas se cumplieron sobradamente y pudimos escuchar una de las obras más definitivas y, yo diría, que más excepcionales del universo sinfónico mahleriano.

La Sexta Sinfonía recibe el nombre de Trágica y puede interpretarse como una reflexión amarga, aunque no hay que ser demasiado programático al respecto. Es obra intensa, llena de densidad, con un contenido sonoro de una brillantez inusitada. Metales, cuerda, percusión, todo contribuye a crear ese ambiente intenso, apasionado, que tan bien desarrollado queda en el primer movimiento, que presenta las características propias de la forma de sonata, lo cual volverá a apreciarse en el movimiento final, mientras que el segundo es un hermosísimo adagio, de una belleza melódica difícilmente superable y el scherzo es un verdadero scherzo, lleno de vigor, de posibilidades donde todas las familias instrumentales alcanzan un gran protagonismo, siendo de destacar también la percusión con una utilización formidable de los timbales.

Escribía más arriba que se requiere una orquesta de gran nivel y un director de excepción. Solamente así se puede saborear el inmenso mundo sonoro que nos regala Mahler. Y claro, la London Symphony y Sir Simon Rattle han sido los intérpretes afortunados, los excepcionales intérpretes que nos han hecho saborear esta obra definitiva, auténtica página maestra de la música orquestal. Sonido limpio, impecable, exquisito. La belleza tímbrica que sugiere la obra ha estado siempre presente en la interpretación. Disciplina, entrega absoluta de los formidables integrantes de la London Symphony y en el podio un auténtico genio. Rattle ha vuelto a triunfar sin la menor discusión al frente del conjunto londinense. Si el pasado año ya impactó de forma definitiva este año ha superado aún más todas las expectativas. Con una técnica impresionante, con una autoridad indiscutible, sabiendo matizar cualquier momento, cualquier instante, llevando prendida de la batuta a toda la orquesta que respondía con entusiasmo a las indicaciones del director. La simbiosis, la complicidad, la compenetración se ha llevado a cabo con la maestría indiscutible de Rattle. Me permitiré una opinión muy personal. Difícilmente creo que se pueda igualar esta versión, imposible me parece que se pueda superar. Atento a las exigencias tímbricas, atento a las entradas de las familias instrumentales, buscando equilibrio, pidiendo y consiguiendo pasión en todo momento, siendo excepcionalmente lírico cuando la partitura lo requiere como en el segundo movimiento.

La obra de Mahler ha llegado con toda su fragancia, haciendo posible que pudiéramos saborear toda la exquisita calidad que atesora la partitura. Rattle ha estado eficaz, seguro, apasionado. No quiero pasarme en adjetivos pero lo cierto es que las palabras resultan pálidas a la hora de describir lo auténticamente excepcional que ha sido la versión de la Sexta. Creo que Mahler hubiera sonreído satisfecho. Fue anoche el gran concierto del Festival. Sin ninguna duda.

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