El gran homenaje a Maurice Béjart

El Béjart Ballet, en un momento de la actuación de anoche, donde rindieron homenaje a su fundador./Ramón L. Pérez
El Béjart Ballet, en un momento de la actuación de anoche, donde rindieron homenaje a su fundador. / Ramón L. Pérez

Interesante actuación en el Generalife del Béjart Ballet Lausanne, con coreografías del propio Béjart y de Gil Román

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Hemos tenido la suerte de conocer personalmente a Maurice Béjart, hace de esto ya muchos años. Fuimos a entrevistarlo Tito Ortiz y yo y, gracias a los buenos oficios de Víctor Ullate, nos atendió con una gran amabilidad. Con sencillez, con la auténtica sencillez de los verdaderamente grandes. Era claro al exponer sus ideas, tenía una gran paciencia como bien demostró ante la cantidad de preguntas que le hicimos Ortiz y yo, sin perder cierta sonrisa, sin mostrar impaciencia, afable y explicando todos los puntos que desconocíamos, que eran tantos. Luego, por la noche, en los jardines del Generalife, el arte de Maurice Béjart se plasmó en la hermosa plasticidad de sus coreografías. Con gran agilidad subió al escenario a recibir la ovación cerrada del público granadino. Toda una leyenda de la danza, toda una leyenda y una personalidad de la cultura, recibiendo el tributo de admiración de los granadinos. Desde entonces se nos grabó la figura de Béjart como ese gigante de la danza que fue y esto lo dice un comentarista que no es precisamente un experto en danza, pero que vierte sus opiniones, sus sentimientos, tras cada uno de los espectáculos que tiene la suerte de presenciar. Un comentarista que quedó 'tocado' para siempre por la magia de Nureyev y después por la de Béjart, Víctor Ullate y otros.

Anoche estuvo otra vez presente el espíritu del Ballet del siglo XX que fundara el gran coreógrafo francés que fue justísimamente distinguido con la Medalla de Oro del Festival hace unos años. Béjart siempre demostró cariño y cierta predilección por Granada y gracias a eso pudimos saborear su brillante arte, sus atrevidas y magníficas coreografías y pudimos seguir avanzando en un concepto distinto de la danza, con creaciones realmente excepcionales, con ese vigor, con esa fuerte personalidad que siempre ha distinguido al gran artista y que hoy hace que otros sigan su senda y puedan renovarle, día a día, el merecido homenaje que requiere su categoría personal, su excepcional calidad como artista, como coreógrafo.

Y todo eso es lo que anoche estaba presente en el espectáculo del Generalife. El Béjart Ballet Lausanne, que dirige con notable acierto Gil Román, nos ofreció un cumplido espectáculo donde la figura de Béjart fue la gran protagonista. Si la primera parte era sobre todo un sensacional espectáculo plástico con una interesante coreografía de Gil Román, y basándose en música de Nmocl Cave y Warren Ellis, donde la percusión tenía un notable protagonismo, la segunda parte, donde la coreografía era del propio Béjart fue un espectáculo bellísimo, de alto nivel, con músicas muy variadas y bien escogidas, con un vestuario y una puesta en escena de Gil más que interesante y con unos resultados francamente buenos.

La primera parte contaba con dos percusionistas que trabajaban en vivo. Con ellos el ballet fue todo un derroche de imaginación, superando el tedio que en algunos puede causar lo reiterativo del sonido, con ese obsesivo protagonismo de la caja grande en los primeros momentos, y con un desarrollo muy imaginativo de todo el equipo que compone el Béjart Ballet. Quizá resultara un tanto impactante esa simbiosis entre música y una danza donde la expresión corporal cobraba un importante papel.

La segunda parte contó desde el primer momento con el entusiasmo y la aquiescencia del público. Desde los primeros compases, ya no teníamos música en directo, pero la banda sonora era suficientemente atractiva para el público. Beethoven, Webern, Heuberger, Rossini, Strauss hijo, Le Bars y las músicas étnicas, tradicionales judía, hindú, africana y pigmea. Un espectáculo muy hermoso basándose en estas música. El público ovacionaba e incluso se escuchaban bravos, cada vez que terminaba una de las partes de esta sección. Formidable el cuerpo de baile, estupendos los solistas con ese homenaje a Béjart donde también juega el humor que siempre estuvo presente en las coreografías del gran artista francés. Al llegar el tercer movimiento de la Novena de Beethoven tuve que ausentarme, pues el espectáculo era largo en exceso y había que entrar en la edición del periódico. Pero quedó el recuerdo, el regusto y la satisfacción de una buena noche de danza.

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