La Danserye ofrece la misa de difuntos de Mateo Romero

Un momento del recital de La Danserye, ayer, en San Jerónimo./ALFREDO AGUILAR
Un momento del recital de La Danserye, ayer, en San Jerónimo. / ALFREDO AGUILAR

La formación también interpretó piezas de Diego de Pontiac en la cita matinal del Festival de Música y Danza

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Muchas veces he pensado que tenemos una gran deuda con nuestro Barroco musical. A pesar de que hemos avanzado mucho seguimos conociéndolo un tanto deficitariamente. La importancia y el impacto que ha tenido en nuestra historia musical todo el nacionalismo que se inicia en el siglo XIX y que culmina en el XX parece que nos ha apartado un tanto de otras épocas que tienen un enorme interés y que, paradójicamente, muchas veces han constituido la fuente de la que ha bebido el nacionalismo que no se basa solamente en la música popular, sino que está estrechamente vinculado a esos estilos y a esas épocas en las que España también tenia importancia en lo musical.

Y es precisamente el Barroco, en sus inicios, y el Renacimiento, los pilares en los que se construye toda una tradición musical de la que podemos y debemos sentirnos orgullosos y que, sin embargo, no se conocen tanto como se debiera. Algo más el Renacimiento, hay que tenerlo en cuenta, pero bastante poco el Barroco que tiene una riqueza, una trascendencia que supera la estrechez de miras y que se adentra, con total brillantez, en lo mejor de nuestra historia musical.

En la mañana del sábado, en esos estupendos conciertos que se abren al público de forma totalmente gratuita, tuvimos ocasión de comprobar todo lo que hemos escrito anteriormente. Al finalizar el concierto, mucho más que interesante, que dio La Danserye, con obras del Maestro Capitán y de Diego de Pontiac, comentábamos algo parecido con un asistente habitual a este tipo de conciertos. Y hablábamos de Felipe IV. El penúltimo de los Austrias sería un mediocre gobernante pero no cabe la menor duda de que fue un espléndido mecenas. No hay más que repasar la lista de músicos, escritores y pintores, que confluyeron en la corte de los Austrias. Entre ellos el gran maestro Capitán, o sea Mateo Romero, que viene a España desde su Bélgica natal, de la mano de Felipe II. Es maestro de capilla con Felipe III y es confirmado en su cargo y colmado de honores con Felipe IV. Como muy bien dice en sus notas al programa, Fernando Pérez Valera, algo insólito en un músico en esa época.

Pues bien este compositor, Mateo Romero, Capitán, ha sido el gran protagonista de la jornada musical de la mañana del sábado, en una iglesia del Monasterio de San Jerónimo, llena por completo. Ha sido un concierto importante, por la seriedad que se ha desplegado en su planteamiento, por el rigor en la ejecución de una música espléndida expresada sobre todo en la Misa de Difuntos, donde se alterna felizmente el canto llano con una hermosa polifonía. Un Réquiem que tiene el sabor de lo muy auténtico y que nos sitúa en un momento en el que la música en España es importante. Excelentes las voces, muy bien conjuntadas, voces que han sido trabajadas con un absoluto rigor, voces además muy buenas y que han sabido adaptar sus condiciones naturales a las exigencias de la música que se interpretaba.

Con los miembros de La Danserye estaban también las de la Academia Vocal de Granada y la Capella Prolationum contando además en la parte instrumental con corneta, sacabuche chirimía, bajoncillos, arpa ibérica, etc.

El nombre de Mateo Romero se unía al de Diego de Pontiac, tan presente en la historia musical de Granada. Un compendio de grandes obras, de lo mejor de nuestro periodo barroco, cuando todavía hay ciertas similitudes entre el último Renacimiento y el primitivo Barroco. Un ejemplo de seriedad, de buen gusto, de excelente planteamiento, que ha vuelto a llevar al Monasterio de San Jerónimo lo mejor de nuestra música.

Siguen por tanto los buenos conciertos matinales, esos que no todos valoran en su justa medida pero que tienen una respuesta entusiasta de un público que sí ha sabido apreciar todo el trabajo que Pérez Varela, Alonso de Molina y el resto de los intérpretes han ofrecido. Me imagino la lógica satisfacción del Festival por ofrecer algo tan interesante y por la buena, espontánea respuesta del público.

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