Una ‘Cenicienta’ a caballo entre la tradición artística y la modernidad

Una ‘Cenicienta’ a caballo entre la tradición artística y la modernidad
ALFREDO AGUILAR

La obra, sólo vista en Nápoles, es una gran apuesta de calidad en escenografía y técnica,con un resultado final muy interesante

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

En esta edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, el Teatro de San Carlo de Nápoles tiene un merecido protagonismo en dos vertientes: la orquestal y la relacionada con el capítulo de danza. Y no es malo que empecemos esta crónica apresurada que nace a altas horas de la madrugada, recordando la importancia, el gran protagonismo que el teatro napolitano ha tenido en la historia de la música occidental.

El de San Carlo es uno de los grandes teatros míticos donde la ópera se desarrolla en todo su esplendor. Es uno de los grandes hitos en la historia musical europea. El San Carlo ha estado ligado a nombres como los de Rossini, Donizetti, Verdi, sin olvidar a los anteriores grandes músicos italianos que hicieron posible el nacimiento y desarrollo de la ópera buffa, verdadera fuente de la que bebe el gran espectáculo lírico. San Carlos es sinónimo de calidad, de historia, pero es también es todo un símbolo que ahora se trasplanta a Granada y le ofrece lo mejor de sí misma a través de un interesante ballet y a través de una orquesta que triunfó plenamente en la sesión inaugural conducida por la mano maestra de Zubin Mehta. Si en esa primera noche ha sido la orquesta, en la segunda gran cita del Festival, en los jardines del Generalife, han sido los componentes del Ballet los que han tenido un merecido protagonismo.

La coreografía parte de unos criterios que podemos considerar tradicionales

No podemos tampoco echar en saco roto, volviendo al rigor histórico, que los españoles debemos sentirnos muy identificados con este gran teatro. Porque la construcción del mismo se debe al que posteriormente fuera Rey de España, con el nombre de Carlos III y que antes había reinado en Nápoles donde acometió la construcción de un teatro que habría de convertirse en un símbolo y emblema de nuestra cultura, del universal lenguaje de la música, del desarrollo y máximo esplendor de la ópera italiana que tanta influencia tuvo en toda la producción lírica mundial, incluyendo a la española. Para un buen aficionado siempre resulta especialmente atractivo el tener contacto con una entidad de esta historia y de esta categoría. Y ahora hemos tenido la suerte de que haya sido protagonista en las primeras noches de la presente edición del Festival, en la doble vertiente orquestal y de danza.

Interesante versión

Porque nos hemos encontrado con dos actuaciones seguidas de los italianos; la primera, la orquestal, con el indio Zubin Mehta al frente; la segunda la del Ballet del Teatro de San Carlo, y para ello, para inaugurar las sesiones de danza en el Generalife, se ha representado una interesante versión de ‘La Cenicienta’, con música de Prokofiev, con un libreto de Volkov, basado en el famoso cuento de Perrault y con la coreografía, muy interesante original de Giuseppe Picone, quien precisamente es el que dirige el ballet que anoche se presentaba en el teatro granadino.

He escrito que ha sido una interesante versión. La coreografía es muy actual sin perder cierto regusto clásico, con un enorme respeto a la parte musical sobre la que se desarrolla toda la trama. El cuento clásico está muy bien estructurado. Se ha desarrollado la coreografía teniendo presentes unos criterios que pueden ser considerados como tradicionales, pero todos ellos con un aire muy moderno, sin que se llegue a lo que podría denominarse la danza actual. Con cierto empaque clásico, acorde con una música que tiene mucho de neoclásica.

Sin grandes alardes el Ballet de San Carlo lleva el sello del buen trabajo en su quehacer

Los napolitanos constituyen un elenco interesante, esa sería la palabra exacta. No estamos ante un grupo de excepción pero realizan con mucha dignidad, con mucha capacidad comunicativa poniendo a contribución un buen trabajo realizado de forma concienzuda y que consigue llegar al espectador. Con cierta dosis de humildad, con un buen talante, con entrega y, sobre todo, con un alto concepto del trabajo bien realizado.

Equilibrio

Lo que más me ha llamado la atención y lo que más me ha gustado es esa sensación de equilibrio que se advierte en todo momento. Sin grandes alardes, que sobresalgan del todo, sino con un sentido de la conjunción, con un quehacer que lleva el sello del buen trabajo. Destacar eso sí, la excelente actuación de María Eichwald en el trabajo de Cenicienta. Ha sido la suya una actuación muy meritoria, llena de encanto, ha sabido transmitir toda la dulzura, la humildad, el atractivo que tiene la heroína del cuento. Tiene estilo bailando, es mesurada y segura en sus evoluciones y ha llamado la atención cuando ha compartido escenario y protagonismo con Alessandro Staiano en su papel de Príncipe.

Vuelvo a insistir en que me ha gustado especialmente la coreografía, por sus trazos sencillos, por su seguridad, por la honestidad que desprende, que se desprende del trabajo bien hecho. Todo el cuerpo de baile ha tenido una actuación muy meritoria y las restantes figuras han puesto el listón a una buena altura.

En resumidas cuentas, que la versión de esta Cenicienta sin llegar a ser algo excepcional, llama la atención por ese buen hacer que se desprende de todo el elenco. La escenografía, muy sencilla pero eficiente. Nos hemos quedado sin poder ver el cuadro final, por cuestiones de tiempo para poder llegar a tiempo de escribir esta crónica. Pero en general, hemos de decir que todo ha sido medido, con una notable elegancia y una calidad bastante apreciable.

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