Una campana rompió el silencio

Patricia Guerrero triunfó anoche con 'Catedral'./ALFREDO AGUILAR
Patricia Guerrero triunfó anoche con 'Catedral'. / ALFREDO AGUILAR

La bailaora granadina jugó la baza de la teatralidad sin perder un ápice de sus raíces Patricia Guerrero despide el segmento flamenco del Festival con 'Catedral'

JORGE FERNÁNDEZ BUSTOS | FOTO: ALFREDO AGUILARGRANADA

Una campana rompió el silencio anoche en el Patio de los Aljibes, en la Alhambra toda, en las conciencias religiosas que hasta no mucho nos aquejaban en esta ciudad mariana. Se me puede venir a la mente 'La casa de Bernarda Alba', de Federico García Lorca, donde la tradición mandaba sobre las vidas de las gentes. Una campana rompió el silencio, como digo, unos rezos en off y unos gregorianos nos situaban en un ambiente de encorsetado barroquismo, donde el flagelo y las apariencias imperan. 'Catedral', el último montaje de la joven bailaora granadina Patricia Guerrero, presentado en la pasada Bienal de Sevilla, el mayor escaparate de flamenco del mundo, en la que obtuvo el Giraldillo al mejor espectáculo y acarreó un reguero de sabrosas críticas, es la obra más flamenca entre las apuestas flamencas de este Festival. Patricia, a pesar de la juventud aludida, se mete en el papel de la mujer constreñida -en este caso por la religión, como ejemplo de cualquiera otro de los convencionalismos sociales-, y se convierte en voz plástica de todas las mujeres.

Según palabras de la misma bailaora, 'Catedral' es la reflexión sobre la libertad de una mujer atrapada en un ámbito religioso, del que se va liberando, simbólicamente por medio de la ligereza de sus vestidos a través de las nueve piezas de que consta la función. Cuando se encuentra completamente liberada, con su pelo suelto y un vestido rojo que evidencia toda su belleza, recuerda la mujer que ha sido, porque, a pesar del cambio, una persona siempre lleva encima el peso de su vida anterior.

El discurso hasta aquí es convincente, comprometido, actual y de un atractivo indiscutible. Pero estamos hablando de flamenco. Si la obra no se sostuviera con una lectura, una música, unas coreografías y una intención flamencas, estaríamos hablando de otra cosa, de un montaje teatral quizá -bien sostenido, por cierto, gracias a la aportación, como director de escena, de Juan Dolores Caballero-. Sin embargo, no hay nada que temer. Patricia es flamenca, su crianza, sus maneras y su lenguaje son flamencos. Véanse si no su expresión y su zapateado, su braceo y sus giros, el remedo de sus mayores y una búsqueda propia que pellizca sin contemplaciones, con un ojo puesto en el pasado y otro en el porvenir donde la pincelada del contemporáneo también deja una huella agradable.

'Catedral' es una obra tan inmensa como su nombre, que inspira a cada paso al espectador

'Catedral' es flamenco, como decimos, y algo más, sin desvirtuar la esencia ni atentar en demasía contra la ortodoxia, como estamos acostumbrados a ver. En el flamenco no cabe cualquier experimento, pero hay experimentos que dimensionan el flamenco. Reconocemos a Patricia Guerrero. La hemos visto desde niña lanzándose al vacío en solitario, a veces sin red; dándose vueltas de tuerca frente a un azogue que irrefutablemente espejea su misma imagen. Este es el primer espectáculo en que abre su abanico e incorpora el cuerpo de baile de Maise Márquez, Ana Graz y Mónica Iglesias, que enriquecen sus propuestas, convirtiendo a la bailaora granadina no sólo en coreógrafa de sí misma sino en directora de una mini compañía. Igualmente cuenta con la canción lírica del tenor Diego Pérez y del contratenor Daniel Pérez, con hábito rojo, quienes estremecen 'a capela' y en latín en los momentos más piadosos de la noche. Un acierto.

Completan el cuadro, la voz grandiosa de José Ángel Carmona, que reconduce cualquier duda hasta lo puramente jondo; Juan Requena a la guitarra, capaz de rellenar él solo toda la noche; y, sobre todo, las percusiones de Agustín Diassera y David 'Chupete', de tan importante latido como el juego de luces, el vestuario o el baile mismo. Directores musicales de la propuesta fueron Requena y Diassera. Con un calor infame, que exige un sobresfuerzo de los artistas, da comienzo el espectáculo. Desde la percusión primera, donde las bailaoras aparecen totalmente encorsetadas, hasta las bulerías finales, de completa liberación, pasando por la soleá -es la segunda vez que se entona en estos días el 'Muero porque no muero' santoteresiano-, por el romance, el paso a dos, las granaínas, la seguiriya y los tangos, el armazón del espectáculo es de un sentido y una coherencia asombrosas.

Acabo el artículo pensando que podía haber escrito tres o cuatro veces más. 'Catedral', es una obra tan inmensa como su nombre, que inspira a cada paso, que deja unos puntos suspensivos en la mente de cada espectador, en el sentir de quién sigue casi en exclusivo a esta bailaora, que son muchos. Su inclusión en este foro es un gran regalo, pero no para ella, sino para el flamenco, para la ciudad y para el mismo Festival, aunque quizá su propuesta ganara más en un escenario cerrado que al aire libre. 'Catedral' es una obra necesaria, es como la asignatura pendiente que sienta las bases para que Patricia vuele por donde quiera. Patricia Guerrero se consigna así como uno de los nombres imprescindibles en el panorama flamenco de hoy día.

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