El ballet tiene mucho cuento

El ballet tiene mucho cuento

La universalidad de las historias clásicas se traduce con éxito en la danza

ANDRÉS MOLINARIGRANADA

En un principio fue el cuento. En la más remota noche de la humanidad, los cazadores se reunían junto al fuego y no había otra distracción, deleitosa para los adultos e iniciática para los jóvenes, que los cuentos. Tal vez por eso los cuentos son universales, traspasan todas las culturas, carecen de autores originales, gustan y siguen gustando generación tras generación y perviven meméticos en nuestra forma de relacionarnos. No hay frase más dichosa para un padre o una madre que escuchar de su somnoliento hijo la petición: ¡Por favor, cuéntame un cuento!

A pesar de que la literatura se engoló hacia la novela, el drama y la tragedia, el cuento siguió vivo y popular. Incluso muchos escritores grandes, desde Poe hasta Kafka, elaboraron nuevos cuentos acreciendo el precioso bagaje cuentístico de nuestro mundo. Y no digamos editoriales como Calleja, especializada en cuentos, que generó aquel dicho: 'Tienes más cuento que Calleja'. Alcanzando hasta el psicoanálisis que descubrió no pocos arcanos de nuestro inconsciente en los famosos Cuentos de Hadas. La música, al igual que la pintura, el cine y otras artes, también se ha fijado en los cuentos clásicos con fruición e insistencia. Y el ballet ha hecho suyos decenas de argumentos bien redactados por los mejores cuentistas, desde el francés Perrault hasta los alemanes Grimm, pasando por el danés Ándersen, que por cierto estuvo en Granada a mediados del siglo XIX, casi a la vez que la visitaba la reina Isabel II.

Citas para hoy

12:00 horas

Schola Gregoriana Hispana: Dirigido por Francisco Javier Lara, interpreta obras del ‘Cantoral de Cisneros’, polifonía y canto hispánico. Monasterio de San Jerónimo. Entrada libre.

21:00 horas

Razón Áurea: Este sexteto interpreta un programa titulado ‘Cantautores en el tiempo’, dentro del FEX. Auditorio Falla. Concierto solidario a beneficio de Proyecto Hombre. Entradas:12 euros.

22:30 horas

Ballet del Teatro de San Carlo: Estreno en España de ‘Cenicienta’. Teatro del Generalife. Entradas agotadas.

La lista de ballets basados en cuentos sería interminable. Si pensamos en la metamorfosis, no solo corporal, entre aves y humanos, dicha lista comienza inexcusablemente por El lago de los Cisnes; si evocamos la espiritualidad femenina del aire su mejor expresión coreográfica es Las Sílfides, con música de Chopin; si nombramos Navidad, se nos viene a la mente Cascanueces; si buscamos el clásico entre los clásicos hay que decidirse entre La bella durmiente, con música del ubicuo Tchaikovsky o La Cenicienta, con partitura de su compatriota Prokófiev; si hablamos de ballet dentro del ballet es imprescindible citar Las zapatillas rojas, sobre el cuento de Ándersen. Sin olvidar cuentos andaluces como Don Lindo de Almería, con música de Halffter, o El Corregidor y la Molinera, contado como cuento por nuestro Pedro Antonio de Alarcón, y pasado al ballet como El sombrero de Tres Picos, con música de Falla y figurines de Picasso. Ni los cuentos modernos elaborados para los más pequeños mediante el lenguaje universal del cuerpo, como hace la compañía granadina Da.Te Danza.

En un país muy lejano...

Poco ballet, y menos cuentos, vieron los granadinos antes de aquel mítico junio de 1952, cuando empezaron 'los Festivales' de Granada. Los tradicionales Conciertos del Corpus no se acompañaban de ballets. Había que imaginarse el cuento, narrado a través de la música. Pensemos en Shéhérezade, tantas veces interpretado en la Alhambra, según las partituras de Rimsky, Ravel... y casi nunca coreografiado. Aquella contadora crepuscular de cuentos no ha tenido aún su gran noche entre los cipreses granadinos. Imaginémosla contando, uno tras otro, sus cuentos durante mil y un noches, enhebrándolos para mantener el interés del sultán y que éste no la mate, como a las demás esposas, y de paso educando al tirano, a la bestia, que al fin va comprendiendo que matar mujeres no es cosa de bien nacidos. Cuánto puede hacer la belleza para extirpar los males de antaño cuando son los de ogaño.

Con la misma parsimonia y constancia que ella contaba sus cuentos, fue apareciendo el ballet, enhebrado al cuento, en el Festival de Granada. El primero no era el más indicado. La jerarquía autárquica de entonces se regodeaba en los Coros y Danzas de la Sección Femenina. Aquel Primer Festival de Música y Danza Españolas sólo intuyó el cuento cuando Antonio, que este año recibirá un merecido homenaje, y Rosario interpretaron la Leyenda, de Albéniz, los días 16 y 17 de junio de 1952. Luego vendrían los cuentos clásicos: Las sílfides por Margot Fontaine, en el 53, Sylvia y Guiselle en el 55, y todo el repertorio europeo que nunca ha faltado en el teatro del Generalife.

Este año 2017, la página de ballet del 66 Festival Internacional de Música y Danza comienza con un cuento clásico: La Cenicienta. Una vez más el Generalife abre su noche de magia y de cipreses con aquella frase: 'En un país muy, muy lejano...' para contarnos el clásico episodio en torno a la bella jovencita y al zapatito de cristal, esta vez con música de Sergei Prokófiev. Una noche de cuento, y además a cargo del ballet del Teatro di San Carlo, de Nápoles. De alguna forma, este teatro napolitano nos devuelve la visita coreográfica que la palabra Granada ha hecho en media docena de ocasiones a su escenario. Destaca el estreno en 1814, en aquel bellísimo coliseo, del ballet pantomima en cuatro actos Zoraima e Zulnar, o sia l'Assedio di Granata, con música del Conde de Galleberg y Raffaelle Russo. El cuento escenificado entonces allí en Nápoles es el que narró Hita sobre Zegríes y Abecerrajes en Granada, con similar trama a los Montescos y Capuletos en Verona. Porque todos los cuentos del mundo son parientes, casi hermanos.

La Alhambra ausente

En el amplio repertorio del ballet destaca la ausencia de los cuentos más famosos para Granada: Los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving. Hasta ahora alguno de estos cuentos ha sido escenificado en teatro, como hizo la mítica compañía El Globo, de Sevilla, cuyo montaje se vio en Granada en marzo de 1984, e incluso se han pasado a los títeres de cachiporra, como hizo César Linari. Pero de ballet nada. Y eso que alguno de estos cuentos sí ha sobrevolado, con fecundidad, sobre la pluma de los compositores de ballets. Como es el caso de Nikolái Rimski-Kórsakov que compuso una pequeña ópera titulada El gallo de oro, estrenada a principios del siglo XX, que sigue el cuento homónimo de Aleksandr Pushkin, escrito en 1835, que Ana Ajmátova identificó como una versión de «La leyenda del astrólogo árabe» de los Cuentos de la Alhambra, de Washington Irving.

La repetición de los cuentos clásicos, una y otra vez, en el Generalife, nunca decepciona, sobre todo porque son variaciones coreográficas sobre temas tan conocidos que su argumento se puede seguir sin esfuerzo. Argumentos que, como la magdalena de Proust, nos recuerdan la voz de nuestros padres acorrucando nuestra infancia con un cuento trufado de amor. Además en la variación está la esencia histórica de la música. Pero un poco de novedad no vendría mal. No sólo recordar a compositores que pasaron con gloria por el Festival, como es el caso de Xavier Montsalvatge, el autor del Concierto del Albaicín, cuyo cuento El gato con botas, con libreto de Néstor Lujan, podía rescatarse alguna vez. Sino lanzar el envite a autores nuevos, a compositores de hoy, a coreógrafos de prestigio, algunos de ellos demasiado escorados hacia lo contemporáneo tan abstracto o lo flamenco demasiado concreto. El cuento es un material tan inagotable en los siglos como grato en el instante y el ballet del siglo XXI no debe prescindir de ese tesoro que lleva siglos demostrando su valía y deleitando a generaciones de seres humanos.

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