Antonio, protagonista en el Generalife

La técnica depurada de los bailarines del Nacional y lo vistoso del vestuario dieron como resultado momentos de singular belleza./ALFREDO AGUILAR
La técnica depurada de los bailarines del Nacional y lo vistoso del vestuario dieron como resultado momentos de singular belleza. / ALFREDO AGUILAR

El Ballet Nacional de España da toda una lección de calidad, buen gusto, belleza, y plasticidad en su homenaje al genial bailarín

ANTONIO LACÁRCELGranada

Antonio, el gran Antonio, el irrepetible Antonio, bailarín, coreógrafo y por encima de todo, un verdadero genio, un hombre excepcional que supo llevar el baile español a las más altas cotas, a pisar y triunfar en los escenarios más exigentes, en los santuarios de la danza universal, donde gracias a su creatividad, gracias a su genio, pudo codearse con los más sofisticados ballets.

Antonio estuvo anoche presente en el teatro de los jardines del Generalife. Su personalidad, su arte, su tremenda humanidad encerrada en un pequeño cuerpo. Su fuerza, su intensidad, la pasión que ponía en su trabajo y que no era sino el ejemplo de su amor inmenso hacia la danza. Del tablao pasa al escenario más elegante y con mayor tradición. La intensidad que desprendía su mirada, mirada que parecía taladrar, esa intensidad también se reflejaba en su trabajo, en su quehaer cotidiano porque Antonio era la danza, era el baile, era todo eso llevado al máximo nivel. Otro genio, el inigualable Rudolf Nureyev, tan poco pródigo en piropos y frases amables, mostraba sin rebozo su admiración por Antonio al que consideraba también un genio. Y no era mal aval precisamente. En los tiempos difíciles Antonio triunfó en Rusia, y en Francia y en cualquier lugar donde exponía la pasión y el entusiasmo, su propia genialidad, a través de su danza.

Anoche Antonio era protagonista indiscutible. Pienso que todos los que bailaban y le rendían homenaje eran también deudores del gran maestro, habían bebido más o menos directamente en las fuentes de su genialidad y de su inspiración. Porque fue bailarín indiscutible. Porque fue bailaor genial, porque fue coreógrafo inspiradísimo, porque hizo del baile su vida, su pasión, su razón de existir. Cómo olvidar la versión excepcional que realizó de las Sonatas del Padre Soler. Hoy nos parece algo lógico pero en aquel tiempo constituyó un avance, una audacia que se vio compensada con el reconocimiento y la admiración de todos. Cómo olvidar las versiones que consiguió de la inmortal obra de Falla, 'El Amor Brujo', con esa fantasía que su intuición y su talento convertían en un verdadero alarde plástico y musical. Y ya que escribimos de Falla, cómo olvidarnos de sus versiones sobre otra obra definitiva en la historia de nuestra música, como es 'El Sombrero de Tres Picos', donde nada más que por verle bailar la danza del molinero, hubiera merecido la pena asistir a la representación, sin olvidar cómo concebía la gran jota final, cómo la escena de los vecinos, o cómo la escena de las uvas.

Antonio, el espíritu artístico del genial bailarín y coreógrafo, estuvo presente anoche en los Jardines del Generalife, ese escenario que él tanto amaba y donde cosechó merecidos éxitos. Desde los primeros años de existencia del Festival, el nombre de Antonio estuvo unido al del certamen granadino y su nombre está inscrito en letras de oro en la historia del Festival, en la memoria colectiva que del mismo se tiene. Antonio, el gran Antonio, el indiscutible Antonio más vivo, más presente y más entrañable que nunca.

Y el homenaje a Antonio Ruiz Soler ha sido el mejor que se le podía hacer porque el Ballet Nacional de España que tan acertadamente dirige Antonio Najarro ha dado toda una lección de calidad, de buen gusto, de belleza, de plasticidad. Siguiendo la inspiración de Antonio, porque suyas eran todas las coreografías, desde el comienzo brillante y colorista de Eritaña, con música de Albéniz, donde el conjunto ha brillado a gran altura, para rendir un homenaje a la música popular con 'La Taberna del Toro', donde Esther Jurado ha estado estupenda, contando con el cante de Gabriel de la Tomasa, bien acompañado por las guitarra de los Bermúdez y Diego Losada. En el famoso 'Zapateado de Sarasate' que fue una de las grandes creaciones coreográficas de Antonio se ha lucido Francisco Velasco, acompañado de Albert Skuratov y Coni Lechner, violín y piano para terminar la primera parte con brillantez, colorido, en un espléndido panorama de danza, con la 'Fantasía Galaica' de Ernesto Halffter.

Y el colofón, hermoso y brillante colofón, ha sido el ballet completo, 'El Sombrero de Tres Picos'. Todo el cuerpo de baile ha estado formidable, el vestuario, todo absolutamente nos ha hecho disfrutar de una noche de danza inolvidable. No podemos silenciar la meritoria actuación de Inmaculada Salomón, como Molinera, Sergio Bernal, como Molinero y todo el elenco que ha estado a un nivel altísimo, como en las grandes sesiones de danza del Festival. La categoría, la importancia del Ballet Nacional de España se ha puesto al servicio de la música de Falla y del genio nunca olvidado del gran Antonio Ruiz Soler que tantas páginas de gloria escribió para la danza y para el arte español. Enhorabuena.

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