Afkham dirigió un excelente 'Réquiem'

Monumental aspecto de la plantilla de la Orquesta y Coro Nacionales de España, anoche en el Palacio de Carlos V. /Ramón L. Pérez
Monumental aspecto de la plantilla de la Orquesta y Coro Nacionales de España, anoche en el Palacio de Carlos V. / Ramón L. Pérez

Tanto la Orquesta Nacional como el Coro y los solistas contribuyeron para que el espectáculo fuera un éxito

JOSÉ ANTONIO LACÁRCELGRANADA

Efectivamente Verdi ha vuelto a Granada y esta vez con su formidable 'Misa de Réquiem'. Ya sé que no faltará el que haga la observación de que estamos ante una obra religiosa que tiene un marcado carácter teatral. Bien, es una objeción que tiene poco camino por recorrer. Evidentemente hay mucho de teatral, hay mucho de escénico en el espíritu, en la forma y en el desarrollo de esta magistral obra, pero es que no podemos ni debemos olvidar que Verdi era sobre todo, y ante todo, un músico para el teatro, un músico para la escena. Otros compositores que han acometido la tarea de escribir una misa de réquiem han manifestado las lógicas influencias de sus respectivos estilos. Entonces, nadie puede utilizar este argumento de forma peyorativa en relación a Verdi.

Es más, se insistió mucho en este aspecto desde la génesis misma del Réquiem hasta el punto de que la propia esposa del compositor, Giuseppina Streponi , tuvo que salir al paso y destacar la intensidad de la música, la sinceridad de sus planteamientos, la maestría de su construcción. Verdi no era creyente pero sí que lo era, y mucho, su gran y admirado amigo Manzoni, en cuya memoria se escribe esta formidable página verdiana. Por eso tampoco consigo entender los comentarios acerca del agnosticismo de Verdi. Se adentra tanto en el espíritu de lo que está creando que siente y vive intensamente la verdad que le inspira, la verdad que después va a conseguir exponer gracias al milagro de su música. En cuanto a las creencias, perdonen las referencias históricas, pero no hay que olvidar lo que el propio compositor dispone para su entierro: un sacerdote, una vela y una cruz. No deja de tener un hondo sentido cristiano, tal vez fruto de sus raíces.

Religiosidad

Pero a pesar de la visión escénica, el Réquiem tiene un exponente de gran religiosidad. Hay un hondo sentimiento de dolor, de angustia y, al mismo tiempo, una esperanza que se vislumbra. Es indudable que Verdi sintió muy hondamente la muerte de Manzoni, una de las pocas personas a las que él admiraba absolutamente y por la que sentía una profunda amistad. Ese dolor, ese sentimiento, está presente a lo largo de toda la obra, tanto en los momentos que podemos considerar más abruptos, como el 'Dies irae', o en los que el lirismo, la belleza de la melodía se une al texto en una simbiosis perfecta. El 'Réquiem' de Verdi es una gran obra, una obra excepcional, que admite poca discusión y que confirma la categoría incuestionable de su compositor.

Y el 'Réquiem' de Verdi ha vuelto al escenario del Festival. En una noche en la que amenazaba lluvia se ha vuelto a interpretar esta obra en el Palacio de Carlos V. Recuerdo una versión de hace bastantes años, también con la Orquesta Nacional de España y con Rafael Frühbeck de Burgos en el podio. Recuerdo que constituyó un gran éxito pues la música es bellísima, plena de intensidad y de dramatismo y está muy bien estructurada. Anoche de nuevo sonó en el gran escenario del Festival, con la participación de la Orquesta Nacional de España, el Coro Nacional y la dirección de un joven y eficiente David Afkham.

Porque tenemos que insistir bastante en los logros que ha conseguido el director. Ante todo ha demostrado tener una gran personalidad, una absoluta seguridad, ha sabido imponer un criterio, y los profesores de la orquesta lo han seguido con total fidelidad. Es un hombre muy joven, que sabe encontrar los matices, los contrastes, todo ese riquísimo mundo sonoro que aparece en la obra de Verdi. Y no es nada fácil, porque requiere primero un estudio muy intenso, muy acabado, de una partitura, de un compositor que se aparta bastante y de forma consciente de su habitual forma de escribir aunque en ningún momento traiciona su personalidad.

Después, David Afkham ha encontrado el verdadero lenguaje transmisor del sentimiento, de las intenciones del compositor. Ha sabido cuidar con mimo a las voces, ha sabido y ha logrado obtener la mayor brillantez de un coro muy bueno -el Nacional- muy empastado, con excelentes voces, con seguridad y una perfecta afinación. Se ha preocupado de los solistas trabajando para obtener lo mejor de cada uno de ellos y ha sido seguro, eficaz en la dirección de la orquesta a la que ha dado el protagonismo que le concede el autor. Ha trabajado con rigor las dinámicas, ha estado muy pendiente de que la lectura que hacían orquesta y coros fuera limpia, diáfana, sin abusar de los fortísimos, sin caer en la exageración con los pianísimos. El sonido lo ha trabajado muy bien y ha salido redondo, sin mácula, con una seguridad, con una eficacia que nos retrotrae a tiempos muy pasados, en los que la Nacional era uno de los platos fuertes del Festival. Esta vez sí ha sido la orquesta que todos queremos, la que todos deseamos. Y creo que mucho se debe a la capacidad, al trabajo y a la calidad del director.

Toquemos brevemente el capítulo de solistas. El tenor, Saimir Pirgu, que inicia precisamente la intervención del cuarteto solista, ha demostrado poseer una voz de bellísimo timbre, un registro medio muy bueno, un registro agudo muy musical y de gran belleza. Su actuación ha sido francamente buena. Lo mismo podemos decir de la mezzo, Marina Prudeskaya, excelente en todo momento, solventando las serias dificultades que plantea la partitura. Ha sido la suya una labor muy destacada.

La soprano Aga Mikolaj no me ha gustado al inicio, pero ha ido adquiriendo cada vez una mayor solvencia, un mayor empaque y ha sido una pieza fundamental en el éxito global de la noche. En cuanto a Christopher Purves, es barítono y tal vez aquí es preferible la presencia de un bajo. Ha cantando con fe, ha tenido buenos momentos, pero insisto en pensar que es para una voz de bajo.

En definitiva una noche triunfal, donde de nuevo el espíritu del gran Verdi ha estado presente en el Palacio de Carlos V Con un David Afkham solvente y una orquesta y coro que deben seguir haciendo honor a su trayectoria.

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