Eduardo Arroyo, telonero de Federico

El artista conversa con el alcalde, Francisco Cuenca, durante la inauguración de la exposición en el Centro Lorca. /Alfredo Aguilar
El artista conversa con el alcalde, Francisco Cuenca, durante la inauguración de la exposición en el Centro Lorca. / Alfredo Aguilar

El artista inaugura 'Granada', una selección de sus ilustraciones más famosas, en el Centro Lorca | La muestra, que ahonda en la relación entre pintura y literatura, es la última que acoge el museo antes de la llegada de la primera parte del legado del poeta

Pablo Rodríguez
PABLO RODRÍGUEZGRANADA

La leyenda dice que frió dos kilos de sardinas en el somier de la cama. No, no era una cama cualquiera; presidía la suite principal del mítico Waldorf Astoria. Y no, no eran unas sardinas corrientes, que eran vecinas de la Séptima Avenida. Pero el colmo es lo de la cocinera. Carmen se llamaba, Carmen Amaya, coronada de luna, reina gitana del Raval. No se sabe si la anécdota es cierta o apócrifa. Tampoco importa. Como las antiguas historias del Grial que engendraron a Chrétien de Troyes, esta nos legó al mejor Eduardo Arroyo, que volcó la escena en diez fabulosos cuadros. Cosa de genio es hacer arte de la carcajada.

Los diez dibujos inspirados en la leyenda de Carmen Amaya son la punta de lanza de 'Granada', una muestra que acoge el Centro Lorca desde ayer. Todo está ahí para entenderlo: la risa, la mirada crítica, la fascinación por lo español... Las claves que han hecho de Arroyo uno de los más significativos creadores del siglo XX y también, como decía ayer el alcalde de Granada, Francisco Cuenca, durante la presentación, «uno de los grandes de lo que llevamos del XXI».

La exposición reúne una serie de ilustraciones y dibujos que desvelan la relación entre pintura y literatura, entre el trazo y la palabra. Es como si el artista hubiera trasladado su propia biblioteca al Centro Lorca. Ahí están los diseños realizados para 'ver' a Cavafis, a Baudelaire, a James Joyce, a Juan Goytisolo; dibujos para sentir de una manera diferente a Rafael Cadenas, a Blasco Ibáñez ya Watanabe... Son más de una veintena de creaciones que formaron parte de ediciones especiales de sellos editoriales -como Galaxia Gutenberg o Mondadori- que ahora pueden verse en el museo granadino como antaño los disfrutaron muchos lectores.

Asimismo está presente la sensacional serie de ilustraciones realizadas con motivo de la publicación del último libro de Carlos Ballesta, 'La cocina del sultán' (Ediciones Miguel Sánchez, 2017), que también se presentaba ayer. Miradas y motivos vegetales pueblan los casi 30 dibujos realizados por el artista y que sirven de apoyo a un singular relato inspirado en las antiguas descripciones culinarias de la cocina medieval y en el que conviven el género gastronómico, la novela histórica y el libro de arte.

Pero si la muestra se llama 'Granada' no es por nada. Desde que regresara del exilio, en lo que se ha venido a llamar la segunda etapa de Eduardo Arroyo, el artista ha tendido lazos con la capital nazarí. La obra lorquiana o la propia identidad de la ciudad han sido algunos de los elementos que han despertado su interés, una curiosidad que ha engendrado trabajos que también se exponen en los subterráneos del Centro Lorca.

Deseando volver...

Hay, por ejemplo, un retrato de Federico García Lorca que ayer servía de fondo a una decena de 'selfies'. También una serie de tres lienzos con los colores nacionales -rojo y gualda- que van al germen del granadinismo: la belleza espinada, el dolor que rodea lo hermoso, la ciudad... La exposición revela, pues, el calor de la mirada de Arroyo a Granada, donde no exponía desde hacía un cuarto de siglo. Él mismo lo recordaba durante una presentación en la que celebraba su regreso. «Estaba deseando volver -decía-. La muestra está muy bien colocada, el sitio es magnífico». Lo cierto es que no es la suite principal del Waldorf Astoria en el que Carmen Amaya frió dos kilos de sardinas, pero aquí reposará su obra para servir de alimento hasta el 18 de marzo. Dicen que quizás incluso tenga la suerte de convivir unos días con otro genio vinculado a la Gran Manzana. Puede ser, quien sabe...

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