El 'dictador' de la sonrisa

Un momento de la presentación de 'El buen dictador' anoche en el Palacio de Congresos. /A.AGUILAR
Un momento de la presentación de 'El buen dictador' anoche en el Palacio de Congresos. / A.AGUILAR

El cómico sevillano Manu Sánchez estrenó anoche su más reciente creación, 'El buen dictador', ante un Palacio de Congresos entregado y feliz

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

Manu Sánchez está acostumbrado a dictar las reglas del humor. Un humor naturalmente blanco, rabiosamente andaluz, profundamente nuestro. Este no es el Manu de la inevitable urgencia televisiva. No es el Manu del verbo torrencial, aunque en cuanto pisa el acelerador se embala. Este es el Manu que es capaz, en dos horas de espectáculo, de encerrar en un escenario la esencia de una época.

A ritmo de No-Do, tejerazo y divino 'Cara al sol', asomado a un balcón y con un escenario lleno de teléfonos, comenzó un espectáculo en el que Manu Sánchez encarna a un dios arrepentido de haber creado a hombres y mujeres, que divirtió al respetable poniéndoles, como los espejos de la Calle del Gato, enfrente de su propia realidad deforme, ante su propias y pequeñas miserias.

El centralismo sevillano, la independencia catalana, el fuet de una conocida marca que no hay quien lo encuentre, y el AVE a Granada -un imposible que no hay divinidad que lo arregle-, se deslizan en el primer tercio del espectáculo a partir de una pléyade de teléfonos que suenan a discreción. Una carcajada cada 20 segundos, cronometrado.

Una carcajada cada 20 segundos, cronometrado. En medio, asoma la crítica.

En medio, asoma la crítica. El mundo como un vergel, ese paraíso profanado por la desigualdad, recuerdos de una niñez en que todo era más fácil, en la que todos echábamos la tarde con un trozo de pan y chocolate. La doble moral de una sociedad que busca en la religión más una pantalla que una forma de vivir consecuentemente.

Diálogo

El público fue cómplice desde el primer momento. Las referencias bíblicas les recordaban ese catecismo de la escuela, con una descripción del hijo en clave de padre enfadado con un vástago díscolo y de Podemos. Un despiporre generacional que mezcla a David El Gnomo y Stephen Hawking con igual soltura, ambos revelados contra su condición.

Una versión reivindicativa de 'A quién le importa' sirve para atacar el buenrrollismo imperante, y reivindicar la vuelta a los orígenes, e introduce una segunda fase del espectáculo, donde se establece un nuevo decálogo que sustituye al que bajó Moisés en el Éxodo. El primero, que se ha acabado la democracia. La más palmaria demostración de este precepto es la existencia de Donald Trump, la subida de los partidos ultraderechistas e incluso la improbable creación divina de Hitler. Aquí incluyó su apoyo expreso a Rosa López, amiga personal y que por mor de la democracia no ganó Eurovisión.

Despiporre generacional que mezcla a David El Gnomo y Stephen Hawking con igual soltura

El segundo mandamiento, prohibida la independencia. Una oportunidad para no dejar títere con cabeza, para desnudar a tanto aspirante a emperador. Una disertación sobre la capacidad andaluza para terminar las catedrales, mientras que la Sagrada Familia sigue a medio alicatar. La pereza es del sur, la gula del norte y la ambición, de aquella esquina. Palabra divina. Incontestable.

Tercer mandamiento, el cielo para el que se lo trabaja. Un alegato directo contra la doble moral, contra quienes no son consecuentes entre lo que predican y el trigo que reparten, o no. Y ejemplos de mártires como San Sebastián, muerto a saetas por amor a la Semana Santa, o San Lorenzo, patrón de los cocineros por aquello de la parrilla.

Lo que encaja

Cuarto mandamiento, invitación a la procreación. Sin complejos, que la vida son dos días. Y un repaso a la creación, a los excesos de tamaño de los dinosaurios y a la falta de tamaño de los humanos masculinos bípedos, jugando permanentemente con el doble sentido, bebiendo en la tradición del chiste de Paco Gandía, Chiquito de la Calzada o Manolo de Vega, padres del humorismo popular andaluz. Y un guiño a la mujer, la mejor creación, el mejor regalo, ocho mil terminaciones nerviosas en la cabeza de un alfiler. Y una canción de la película 'Mary Poppins' para demostrar lo que puede dar de sí una práctica correcta.

Quinto mandamiento, contra la multitud de portavoces no autorizados de la divinidad. Un repaso a los episodios más curiosos de la historia del Papado, en clave de disertación histórica, con esa vocación didáctica que despliega en sus famosas pizarras, sobre divertidos aspectos como el trabajo del camarlengo o el nombre de algunos pontífices. Otro guiño en este punto a la actualidad, con un papa humilde y bueno, lo cual, en un argentino, no deja de tener su mérito.

Sexto mandamiento, el miedo como rector de la vida. Ese miedo que nos convierte en animales irracionales e insolidarios, capaces de oír un ruido en el sótano e ir a ver qué pasa en lugar de salir corriendo. O darse una ducha con un asesino suelto. Imprescindibles referencias cinematográficas que abren la puerta al libre albedrío.

Séptimo mandamiento, no dudarás. El sistema autoritario no se sostiene cuando se piensa. Y se da lugar a inventos como el brasero, que con una resistencia no calienta y con dos se pasa de caliente. El cambio climático como parábola de lo pernicioso del la toma de decisiones incorrectas.

La aniquilación

El botón nuclear como fin de la raza humana, a ritmo de 'We will rock you' de Queen, interrumpido por la voz metálica de Siri, el asistente cibernético que hace a la divinidad reconsiderar su actitud. Una crítica directísima a una sociedad que ha sustituido a un ser superior que no ve por una nube a la que tampoco puede echar muchas cuentas. Y un aleluya final a la imperfección humana, una invitación al 'carpe diem', al inconformismo, una oda a la creación de la Nocilla de dos sabores. Y a la democracia, donde ganar es lo fácil y asumir la derrota lo difícil.

Un invento curioso, este 'El buen dictador'. Ponderado, más maduro, medido, con un Manu Sánchez que completa la trilogía iniciada con 'El rey solo' y continuada con 'El último santo'. Humor sin etiquetas, con un ADN donde se apela al cerebro tanto o más que a las vísceras. La evolución lógica de aquel a quien la vida y su propio arte han colocado, con poco más de treinta años, ante la difícil decisión diaria de llevar adelante una empresa creada a partir del ingenio. Hacerlo sin ser dictador, ni bueno ni malo, es su gran mérito, al margen de su indiscutible capacidad para divertir, como hizo anoche en Granada.

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