«Me daban siete millones de pesetas para que contase detalles de Lola Flores y dije que no»

María, con un cartel de un festival en Alemania que ella encabezó. /Ramón L. Pérez
María, con un cartel de un festival en Alemania que ella encabezó. / Ramón L. Pérez

Entrevista a María Guardia, Mariquilla, bailaora y maestra del flamenco | Entrar en los recuerdos de la genial artista granadina es como pasear por el bulevar de la fama del flamenco

Carlos Morán
CARLOS MORÁNGRANADA

A María Guardia, Mariquilla (el Sacromonte, 1943), bailaora legendaria y genial, le cantaron Enrique Morente o Camarón de la Isla, y la acompañó a la guitarra Paco de Lucía. Entrar en su recuerdos es como pasear por Hollywood Bulevar, por el bulevar de la fama del flamenco. En el cuarto de los cabales de la memoria de Mariquilla hay tantas estrellas que es obligado ponerse gafas oscuras para no deslumbrarse: Farruco, el Lebrijano, Marifé de Triana, Antonio Canales o el inenarrable, y recientemente fallecido, Chiquito de la Calzada, que mucho antes de triunfar con su humor surrealista, recorrió medio mundo haciéndole palmas a una mujer que ha desatado la locura en el Royal Albert Hall de Londres y que, en los años ochenta, llegó a ser directora de la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Granada.

Inquieta, abuela feliz y reidora, Mariquilla guarda secretos y confidencias que valdrían más que el oro en esos platós televisivos en los que se comercia con las altas y bajas pasiones humanas. De hecho, en una ocasión le ofrecieron siete millones de las antiguas pesetas por desvelar ante las cámaras detalles de vida privada de su amiga Lola Flores, la Faraona. Rechazó la propuesta. Con un par... de tacones.

-¿Cómo está maestra?

-Muy bien, sigo aquí. En activo.

-Por cierto, le he dicho maestra, que es un término que siempre acompaña a los artistas flamencos masculinos, ¿también es habitual que se llame así a las flamencas?

-Sí, Enrique Morente, mi compadre, me llamaba maestra. Estrella, su hija, también me llama maestra... A mí todo el mundo me dice maestra.

-¿Es machista el mundo del flamenco?

-Muy poco, muy poco. Somos tan libres que no necesitamos etiquetas. Nos codeamos tanto, tanto, que no nos hacemos daño. Es que el flamenco es una cosa muy bonita. Será que yo estoy tan enamorada de esto que no encuentro obstáculos. Es la verdad. Me han respetado y los he respetado. He dado su sitio a cada uno... Es que soy empresaria desde que tenía 18 años. Con esa edad, me metí en un lío grande con 26 artistas en Torremolinos. Y luego me los llevé a Berlín, ja, ja, ja. Montamos un tablao allí.

-¿Sigue funcionando ese tablao?

-No, no, yo con tanto frío ya dejé aquello. A lo que sí voy es a dar las clases, porque tenemos una escuela en Mannheim con mi comadre Renate, que es alemana. La enseñé a bailar y dejó la clínica en la que trabajaba de jefa.

-Se ha pateado, o por mejor decir, se ha taconeado todo el mundo...

-Son tantas cosas... He estado partiéndome el pecho con Antonio Canales y 'la' Juana Maya en el extranjero. Yo era la mayor, niño, y cuando salíamos a saludar, me decía Canales: 'Bien, enana, la has 'formao' otra vez'. Eso no se me olvida, ja, ja, ja.

-¿Ha pensado alguna vez en escribir sus memorias?

-Tengo un libro que se llama 'Ardiendo y echando chispas', pero no son unas memorias... Es más bien una cosa artística, pero lo de las memorias personales, no...

-¿Por qué?

-Porque es una cosa que queda en mi persona.

-Pero usted sabe lo más grande...

-Pues sí, sé mucho, muchísimo, para hacer dos o tres libros. Pero tendría que contar muchas anécdotas que, por un lado, pueden ser agradables, pero por otro, no. Así que prefiero guardármelo.

-Ha sido amiga y compañera de trabajo de los mejores, ¿nunca la ha tentado para que contase sus intimidades?

-Sí, me llamaron de televisión para que contase unos detallas de la vida de Lola Flores y me daban siete millones de pesetas, pero les dije que no, que no me llamasen más. Y también me pasó con Marifé de Triana, que fue amiga mía durante cuarenta años. ¡Cómo voy a contar algo yo de alguien con tanta categoría como Marifé de Triana! ¡Eso es imposible! La conocí en La Unión. Me habían contratado para actuar allí, pero se me rompieron tres coches y llegué tarde. Entonces, Marifé dijo a la organización: 'Señores, yo estoy aquí hasta que venga Mariquilla, porque esa no falla'. Desde ahí, cuarenta años de amistad. Era maravillosa, dulce... Pero Andalucía no se ha portado bien con ese 'peazo' de artista que era Marifé. Cuando cantaba 'La loba', la gente lloraba..., pero no han hecho nada por ella.

-¿Cómo era Lola Flores? ¿Era tan vendaval como parecía?

-Más, más... Era muy buena persona. Los detalles que ha tenido Lola conmigo han sido un escándalo. La conocí en Marbella. Vino a verme bailar y me invitó a comer a a su casa. Había cincuenta personas y había hecho una olla de coles y al ir a sentarnos dijo: 'Que nadie se siente en la presidencia, que ahí va Mariquilla'. Otra vez estaba trabajando en Madrid, terminé de bailar y fui a una habitación en la que estaba ella, pero al entrar vi que había un abrigo de astracán en el suelo. Me paré, pero ella me dijo: 'Pisa el abrigo, que quiero tener las huellas de tus pies en mi abrigo'.

-¿Y Paco de Lucía, qué recuerda de él?

-Era muy tímido, pero al mismo tiempo, le gustaba mucho el cachondeo. Fueron tres años de gira por Alemania con él, los Pantoja, Camarón...

-Le ha cantado Camarón, madre mía...

-Claro que me ha cantado. Y lo he llevado contratado. También era muy tímido. Un día tuve la idea de hacer un mano a mano entre él y mi compadre Enrique Morente en Neptuno. Lo ví y los pantalones le bailaban. 'José, ¿cómo estás?' Y el me respondió en voz baja: 'Bien, Mari'. Pero cuando empezó a cantar aquello fue una bomba. Fue un mano a mano de hora y pico cada uno. Mi compadre Enrique y Camarón de la Isla: ¿Tú sabes lo que yo disfruté?

-Insisto, debería escribir sus memorias...

-También tuve vivencias con Ava Gadner en Nueva York. E hice amistad con Onassis y con el Barón de Rothschild cuando vinieron a verme bailar.

-Y capítulo aparte merece Chiquito de la Calzada.

-Chiquito fue el responsable de mi cuadro en 'El jaleo', en Málaga... Se tiró 20 años con nosotros. Siempre contaba chistes. Después, nosotros nos volvimos a Granada y Summers, que estaba pensando en el programa de televisión de chistes, lo vio y dijo: 'Este es el mío'. Pero los de la televisión dijeron que les valían todos menos el señor mayor y Summers respondió: 'No, ese se queda'. Y Chiquito formó la que formó.

-¿Sabe usted qué es un 'finstro'?

-Como no sea un 'finstro' del agua, ja, ja, ja. Esa era la genialidad de Chiquito. Se inventaba palabras, se inventaba 'to'... Ha hecho frases que han pasado a la historia. Cuando íbamos de gira a Alemania o por ahí, siempre llevaba una maletita muy chiquitita llena de bocadillos y mermeladas que cogía en los desayunos 'buffet' de los hoteles, ja, ja, ja. ¡Qué arte tenía!

-Antes dijo que Andalucía no se ha portado bien con Marifé, ¿y con usted?

-Tampoco, ja, ja, ja. La Medalla de Andalucía la tienen mis alumnos, pero yo no. Pero no pasa 'ná'...

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