«Conocer a Federico hizo que mi carrera se decantara hacia lo 'jondo'»

Alfredo Aguilar

Estrena hoy el montaje 'Lorca en la memoria', un recital poético-musical con la pianista japonesa Azumi Nishizawa, en el ciclo 'Músicas de mujer' Juan Echanove Actor

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

El actor madrileño Juan Echanove (1961), es uno de los más conspicuos representantes de la escena española en las últimas cuatro décadas. Empezó con 17 años, y ha tocado todos los 'palos': cine, teatro, televisión, dirección, producción... Profundo conocedor de la realidad actoral y de sus propias posibilidades, hoy comparece en el Centro Lorca a partir de las 20,30 horas parapresentar el espectáculo poético-musical 'Lorca en la memoria', con el que finaliza el ciclo 'Músicas de mujer', organizado por Spectae Producciones, y en el que estará acompañado por la pianista japonesa Azumi Nishizawa.

-¿Qué es esta 'Memoria de Lorca' que propone para esta noche?

-Es el punto de partida de un proyecto llamado 'La noche amarilla', y que tiene como principal objetivo provocar una fusión entre música, no necesariamente lorquiana, sino perteneciente a todos los estilos y épocas, de Albéniz a Phillip Glass, con la palabra del poeta granadino, desde 'Impresiones y paisajes' hasta 'Sonetos del amor oscuro' o 'Poeta en Nueva York'.

-¿Qué pensó cuando le pidieron hacerlo?

-Lo primero que entendí es que dentro de la forma de un concierto, había una declaración de intenciones que implicaba un tratamiento escénico, una interpretación. Y lo estamos consiguiendo. Estos espectáculos que se generan pensando en un entorno, en un momento, y que constituyen una sorpresa tanto para el espectador como para los propios intérpretes, son muy especiales. Todo se va construyendo día a día, ensayo tras ensayo, tienen un peso específico que le va a dar proyección, por lo que espero poder hacerlo en otras ocasiones.

-¿Cómo van a buscar la conexión 'lorquiana' con el patio de butacas?

-Tanto en la música como en el texto, había algo que no podíamos olvidar: debían ser textos reconocibles. Así, este trayecto lo asume el espectador con facilidad. Por otro lado, la musicalidad de Lorca está muy conectada con Granada, con la amistad entre Lorca y Falla, con la propia esencia de esta ciudad. Cuando uno trabaja aquí tiene que tener claro que con tu trabajo debes aportar belleza a una ciudad que es una gran receptora de belleza. Por eso, he venido hace dos días para hacer los últimos ensayos aquí, con un fondo de campanas y fuentes donde juguetea el agua.

Desde Buenos Aires

-¿Cómo ha sido su relación con Lorca como lector y actor?

-Cuando tenía ocho años, mi padre, que viajaba mucho a Hispanoamérica, trajo de Buenos Aires una edición de Losada de 'Bodas de sangre'. Fue mi primer Lorca. Me fascinó. Y a partir de ahí, cayó enmis manos un ejemplar de 'Romancero gitano'. Sus poemas cayeron en mí como algo telúrico, con connotaciones que tenían incluso que ver con la tragedia griega. A partir de ahí, y cuando empecé mi carrera, este sentir me hizo decantarme por lo 'jondo'. Encontraba elementos dramáticos que me llegaban directamente al alma. Luego, llegarían las tres explosiones lorquianas de mi vida 'El público', 'Comedia sin título' y finalmente 'Cómo canta una ciudad de noviembre', las tres dirigidas por Lluis Pasqual.

-¿Qué sabía de Azumi Nishizawa, su compañera?

-Hasta que empezamos a trabajar, muy poco. Pero he descubierto a una persona que, proveniente de una cultura lejana, se ha hecho uno con esta ciudad, con Lorca, con estas gentes. Es cuestión de sensibilidad, y Azumi la tiene en gran cantidad.

-¿Qué obras integran el recital en lo poético?

-Desde 'El romance del emplazado' a 'Monólogo de la verde luna', dos de los 'Sonetos del amor oscuro', la 'Oda a Walt Whitman', 'Oficina de denuncia de la ciudad de Nueva York', 'Pequeño vals vienés', y muchos otros. Es un espectáculo muy variado, muy rico.

-Este año se cumplen 25 años de 'El cerdo', uno de sus montajes más emblemáticos, que afrontaba en solitario. ¿Pesa más la responsabilidad cuando uno está solo?

-No especialmente. Lo que más me sobrecoge es pensar que llevo 40 años desde que empecé, y nunca he interrumpido mi carrera teatral, y habré hecho más de 1.000 funciones solo, y con compañía, mucho más. El asunto no es estar solo o estar con otros, sino encontrar las motivaciones de tu trabajo: por qué te subes al escenario cada día, y con qué objetivo. Me gusta cuando estoy en el camerino con la puerta cerrada, y pienso que en 10 minutos estaré fuera. El coproducir los espectáculos que interpreto me ha hecho estar más cerca de la gran literatura que del teatro comercial.

-También se cumplen cinco años de su última presencia en Granada, en 'Conversaciones con mamá', con María Galiana, que también dirigió. ¿Qué espera del público granadino?

-Que sienta esta noche como vamos a sentir nosotros. Que tras el espectáculo salgan con esa sensación de vuelo, de levedad, que definió Lorca al hablar de Granada: patio chico, música chica, que se escapa entre los dedos como un momento de deleite.

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