Bryan Cranston, más allá de Walter White

Fotograma de la película 'Trumbo' con el actor Bryan Cranston. /
Fotograma de la película 'Trumbo' con el actor Bryan Cranston.

El actor de la legendaria serie 'Breaking Bad' reflexiona sobre el arte de la interpretación en su biografía, 'Secuencias de una vida'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

Los seguidores de 'Breaking Bad' nunca podrán olvidar una escena del capítulo 12 de la segunda temporada. El episodio se llamaba 'Phoenix', pero ha pasado a la historia como 'la muerte de Jane'. La joven está poniendo en peligro el negocio de drogas que Jesse Pinkman (su novio) y Walter White están lanzando. Drogada y en la cama, Jane comienza a vomitar. White, interpretado magistralmente por el actor Bryan Cranston, es testigo de la escena. Pero en vez de hacer algo, un simple movimiento para salvar su vida, White deja que se ahogue entre sus propios vómitos. Cuando acabó el rodaje la escena, de una tremenda dureza emocional, y el director dijo 'Corten', Cranston comenzó a llorar sin consuelo.

«Mientras (Jane) se iba apagando, sucedió que la chica ya no era ella. Ya no tenía delante a Jane, la novia de Jesse, ni a la actriz Krysten Ritter sino que miraba a Taylor, mi hija, mi hija de verdad. Yo ya no era Walter White. Era Bryan Cranston y estaba viendo morir a mi hija». Esta reflexión, un modo de ver el cine y la propia vida, es uno de los momentos más conmovedores de 'Secuencias de una vida' (Ediciones B), la biografía del actor Bryan Cranston, que antes de convertirse en Walter White y su alter ego Heisenberg, el doctor Jekill y Mister Hyde del siglo XXI, vivió una vida digna de ser contada.

Miembro de una familia desestructurada, con un padre huido y una madre alcohólica, Cranston (Hollywood, 1956) deambuló por trabajos de todo tipo antes de cumplir sus sueños: repartió periódicos, pintó casas, fue vigilante en varias urbanizaciones y en supermercados, hizo sus pinitos como policía y descargó camiones (allí conoció a Andy García). Hasta ahí, una biografía no demasiado diferente a la de otros actores antes de conocer los laureles. Incluso una biografía típica de la meca del cine.

Pero lo que diferencia a Cranston es su convencimiento, desde que decidió ser actor, de la transcendencia que esta profesión tiene para quien la vive y también para los demás. Lector de los clásicos del teatro, voraz alumno en escuelas de interpretación, hasta sus primeros trabajos delante de las cámaras, en anuncios de barritas de chocolate, eran para él una gran responsabilidad.

En 'Secuencias de una vida' Cranston recuerda sus inicios en el teatro aficionado y como animador de espectáculos en hoteles para turistas. De ahí pasó a la publicidad y después dio el salto a series de televisión: capítulos sueltos en series (memorable su aparición en Expediente X). Poco a poco, su carrera se fue consolidando, y sin decir que no a ningún papel, acabó protagonizando el papel de un padre original en 'Malcom', la serie que le abrió las puertas a su mayor éxito, 'Breaking Bad'. En esa época, en el cine, también participó en películas de culto como 'Pequeña Miss Sunshine', 'Argo' o 'Trumbo', por la que fue nominado al Oscar. Cranston tiene un Globo de Oro y cuatro Emys por 'Breaking Bad', además de un Tony por la obra de teatro 'All the way', en la que se mete en el papel del presidente norteamericano Lyndon B. Johnson.

Casado con la también actriz Robin Dearden, tiene una hija, Taylor, que sigue los pasos de sus padres. Las reflexiones de Cranston sobre el teatro sirven como ejemplo de su modo de entender la interpretación como algo más que leer un guión que otros han escrito para él. «Yo soy parte del triunvirato creativo: autor, director, actor. Escucho, respeto, pero no cierro nada. Lo contrario está bien para la programación de ordenadores, no para la interpretación sobre un escenario».

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