«Es mucho más caro ir a ver un partido de fútbol que una orquesta»

El pianista James Rhodes actúa este jueves en el Palacio de Congresos. /IDEAL
El pianista James Rhodes actúa este jueves en el Palacio de Congresos. / IDEAL

El artista británico James Rhodes repasa a los gigantes de la música clásica en un concierto en Granada que pretende derribar las barreras que impone el género

PABLO RODRÍGUEZ y JUANJO CEREROGranada

Si algo hay que destacar de James Rhodes, al margen de su talento, es que nunca se esconde. No lo hizo cuando asombró al mundo con aquel 'Instrumental' en el que reconocía haber sido víctima de acoso ni con su batalla contra las etiquetas tradicionales de la música clásica. El británico, una auténtica estrella capaz de llenar salas para interpretar a los «Iniesta y Messi» de la música, se ha posicionado en contra del elitismo del género y ha apostado por derribar las barreras que separan a músicos y espectadores. Su receta es sencilla: «interactuar, estar en Twitter y dejar de pretender que somos unos genios». Ahora visita Granada dentro de la gira 'Fire on all sides' con la que está presentando su último trabajo discográfico, un disco en el que da una vuelta de tuerca a creadores como Rachmaninoff o Puccini, entre otros. Será el jueves 17 de mayo a las 21 horas en el Palacio de Congresos.

-Si pregunto en la calle por un pianista clásico actual, el primer nombre que pronuncian es James Rhodes. ¿Qué siente?

-¡No puede ser! No sé si estás de broma o no, pero si es verdad es increíble. Mi esperanza es que un día digan Javier Perianes. O Glenn Gould.

-El segundo que mencionan es el de Javier Perianes, uno de sus músicos fetiche. Él vivió aquí muchos años, ¿qué le parece tocar en un escenario que aún recuerda su presencia?

-Me parece fascinante. Creo que es el mejor pianista que ha dado España desde Alicia De Larrocha. Tiene un talento increíble y es auténtico. Espero poder conocerle alguna vez. Me moriría de los nervios.

-Su carrera le diferencia de la de muchos compañeros de escenario. Detuvo diez años su formación y publicó un libro en el que enseñaba a tocar a Bach en 45 días. ¿No deben tenerle mucho cariño los profesores de conservatorio, no?

-(Risas) Espero que sí, aunque igual no todos. Hoy en día cada vez quedan menos escuelas que ofrezcan una educación musical en condiciones y me parte el alma. A niños de todo el mundo se les está quitando algo que debería ser un derecho humano básico, no un lujo para pijos.

-¿Por qué el gran público ha perdido interés por la música clásica?

-El precio no tiene nada que ver. Es mucho más caro ir a ver un partido de fútbol que una orquesta. El problema es que parece que la música clásica es una cosa de 'alta cultura' que sólo le gusta a cierto tipo de persona. Me cabrea un montón. Aparece ahí tan seria, asustada, desagradable. Le hace muchísimo daño. La música en sí es perfecta, es la presentación lo que tiene que cambiar. Y también hay muchos gilipollas en este negocio. También tienen que cambiar.

-En su caso, nunca ha dejado de probar nuevas formas de llegar al público. Recuerdo la playlist de 'Instrumental'. ¿Está en esa forma de entender la relación público-artista el futuro de la música?

-¡Te acuerdas de la playlist! Me encanta, estoy muy orgulloso de ella. Creo que el artista tiene de verdad la responsabilidad de reconocer, respetar e incluir más a la audiencia. Tenemos que interactuar y hablar más desde el escenario, estar ahí en Twitter, y en general dejar de pretender que somos unos genios. Un músico es como cualquier otro trabajador. Estudia, practica y se esfuerza como todos los demás en sus empleos. No hay magia. Hacer como si fuéramos especiales y diferentes es una cagada.

-En su último disco reúne a Bach, Chopin, Beethoven, Rachmaninoff y Puccini. ¿Con cuál de ellos se queda?

-Venga ya. Eso es como pedirme que escoja entre Iniesta y Messi o entre croquetas y torrijas. No me obligues.

-¿Por qué seguimos emocionándonos con sus obras tantos años después de sus muertes?

-¡De eso se trata! Sentimos eso porque la música, esta puta música, es inmortal. Nos vuela la cabeza durante siglos. ¿Seguiremos escuchando a Luis Fonsi dentro de 200 años? ¿O a Justin Bieber? Joder, no. ¿Pero a Beethoven? Por supuesto. E igual a Bowie.

-¿A qué aspira como músico?

-Como músico, a mejorar. Como persona, a ser más amable.

-¿Qué siente al mirar 'Instrumental' con los ojos de hoy?

-Es una de las pocas cosas de las que me siento bastante orgulloso.

-En el libro sostuvo que la música de Bach le ayudó en su juventud. ¿La música cura?

-Sé que sabes la respuesta. ¿Podrías encontrar a una sola persona en el mundo que te dijera que no? Por supuesto que puede curar. Es universal, más que la religión, el fútbol o lo que sea. Es la única cosa que va más allá de idiomas, culturas y economías, y hace del mundo un sitio mejor. Y eso hace mucha falta ahora mismo.

-Hace poco una lectora escribió una carta al periódico mencionando su libro y recalcando que «el silencio perpetúa el abuso». ¿Está de acuerdo?

-Por supuesto que sí. Quien es testigo o sospecha de la existencia de abusos y se calla se convierte automáticamente en cómplice. Es una de las muchas razones por las que la sentencia de La Manada es tan espeluznante. El comportamiento de los jueces y abogados y la letra pequeña de la ley es increíble. Debemos hablar claro sobre asuntos difíciles; por fin, con el movimiento #MeToo, esta conversación está empezando a ir en las dos direcciones.

-También ha habido gente que, tras verle con Évole, denunciaba que «el morbo vende». ¿Qué le dice a ellos?

-Yo les diría que si quieren pasarse su infancia siendo violados hasta necesitar tres operaciones en la espalda para arreglar el daño físico y varios décadas de ayuda profesional para tratar de lidiar con el destrozo mental sólo para vender luego unos cuantos libros, pues coño, adelante, que lo hagan. Por supuesto que a veces se usan ciertas cosas para manipular las emociones de la gente y sacarles dinero, pero no creo que temas como la violación de niños y el suicidio puedan meterse en ese saco. Son asuntos serios, que destruyen vidas, y deberían ser objeto de conversación más a menudo.

-Ahora que el acoso es foco de debate, ¿cuál debe ser el siguiente paso?

-Hablar más. Escuchar más. Enfrentarse a la verdad incómoda.

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