¡Butacas para qué os quiero!

Durante dos horas largas y casi treinta canciones, La MODA ofrecieron anoche en Granada su repertorio, casi todo material rompepiernas y empujador./J.J.G.
Durante dos horas largas y casi treinta canciones, La MODA ofrecieron anoche en Granada su repertorio, casi todo material rompepiernas y empujador. / J.J.G.

Los burgaleses La MODA llenaron el auditorio Manuel de Falla y demostraron que siguen siendo un ventilador de energía

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

En su tercera aparición por aquí los burgaleses de La MODA volvieron a colgar el cartel de no hay entradas, esta vez en el Auditorio Manuel de Falla en los conciertos patrocinados por la cervecera granadina Alhambra. La MODA llegó a Granada muy oportunamente dando un concierto devastador en el Zaidín de hace tres ediciones, poniendo a masticar polvo a los muchos miles de asistentes habituales. A pesar de tan tabernario nombre aseguran no beber jamás antes de trabajar (sin especificar lo que ocurre después), pero sucede que se debieron caer de pequeños en la marmita de algún olvidado ajiaco arcaico (recuerden que Atapuerca está allí al lado) porque su contagioso entusiasmo escénico es alcalino y parece venirles de serie. Podrían ser la traslación a Castilla la Vieja del espíritu de Mumford e hijos, los Dexys Midnight Runners, Pete Seeger punk, Billy Bragg a coro o The Pogues con la dentadura saneada (o en Granada los Dayfriends): una orquestina acústica completamente enchufada, con muchas ganas, ese puntillo hooligan llegado de su pasado punk-pop-hardcore (¡calentaron al público con Sex Pistols!) y un orgullo de clase casi sindicalista.

Contrasta su uniforme laboral con el glamour 'first class' del Auditorio, pero también las camisetas proletas de tirantes tienen sitio (al menos por un día) en tan ceremonioso espacio, donde ya unos Loquillo o Albert Pla desenfundaron sus pitillos o Neuman pisó el barnizado parqué con las tan grunges Converses. En cualquier caso sería el grupo Al dar (pre-091) el primero en hacer sonar las guitarras eléctricas bajo su techo, que por arriba frecuentaba Joe Strummer para gozar de los hipnóticos cambios de luces en la ciudad. ¡Esto ya no es lo que era! Afortunadamente. Para muchos de los asistentes era la primera vez que subían al Falla y no faltaron comentarios del tipo «¡Qué bonitas son las vistas», «No había hecho tanto ejercicio subiendo en mi vida» o «Qué pequeñín es para llamarse auditorio».

Si no me equivoco esta tropa de burgaleses ha batido todos los records de obsolescencia de las butacas del Falla, ya que nada más asomar, sin ni siquiera abrir la boca, el público prescindió de su mullida comodidad para poder moverse (y ver, y corear, y bailar) mejor con semejantes dispsómanos maravillosos.

No faltaron sus celebradas piezas '1932', '¿Quién nos va a salvar?', 'PRMV' o 'Catedrales'

'Mil demonios' y 'La inmensidad' dieron el pistoletazo de salida con media hora de retraso a la fiesta (ojo, 'fiesta', no verbena), abriendo una primera parte dedicada casi totalmente a la exposición de su tercer disco 'Salvavida', apenas con balas perdidas anteriores como 'Amoxicilina', 'Suelo gris' o 'Disolutos' en la misma andanada. Antes de dejar que 'La cuerda floja' sirviera para coger aire y bajar las pulsaciones cardíacas del respetable.

Una vez en faena no faltaron las celebradas piezas de sus primeras entregas: '1932', '¿Quién nos va a salvar?', 'PRMV' (donde cantaron el euskera la parte de Gorka Urbizu) o 'Catedrales'. Dos horas largas y casi treinta canciones forman su repertorio este invierno. Casi todo material rompepiernas y empujador que tuvo en los momentos valle a un emotivo clarinetista como principal solista.

Guitarra/mandolina, saxo/clarinete, acordeón, bajo, teclado/banjo y batería son el 'hardware' sonoro de esta pandilla, que con unas ganas de comunicar fuera de serie vehicula un mensaje de serio calado social con el melancólico sabor a roble de la madera de sus instrumentos, y lo propulsan con la voz enfática de su cantante. Material inflapechos que se recibe y comparte, estribillos, casi lemas, dignos de la 'manifa' del primero de mayo, con los que se va notando como el depósito de la alegría de vivir se va llenando, y uno se siente multitud: todos somos hijos de Johnny Cash aunque el DNI diga otra cosa.

En el momento de escribir estas líneas apresuradas por el horario de cierre, se disponían a enfilar un final apoteósico con la terna 'Gasoline', Nómadas y 'Héroes del sábado', está última además, que impresa en camisetas, puede llegar a batir los records textiles de Ramones y Guns & Roses. Final febril porque La MODA es una banda de rock, aunque lo toquen con mandolinas. Y nada de vientecillos que decía la canción, un vendaval de mandolinas.

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