La que estás armando, Rozalén

La cantante albaceteña invitó a toda la chiquillería presente en su recital del Palacio de Congresos a subir al escenario para cantar con ella 'Las hadas existen'./J.J. GARCÍA
La cantante albaceteña invitó a toda la chiquillería presente en su recital del Palacio de Congresos a subir al escenario para cantar con ella 'Las hadas existen'. / J.J. GARCÍA

La cantante manchega convirtió su concierto en una fiesta de más de dos horas, con petición de mano incluida

JUAN JESÚS GARCÍAGRANADA

El caso de la albaceteña María de los Ángeles Rozalén es de los que permiten pensar que en el mundo de la música hay justicia. En Granada la hemos visto crecer desde que actuaba en la Plaza de las Pasiegas optando al premio que lleva el nombre de Carlos Cano; encontró refugio luego en La Tertulia, cuando «menos de 20 personas asistieron», recordó. Y ahora en unas semanas ha vendido la sala grande del Palacio de Congresos sin ser un producto de 'OT', ni de 'Talent Chef', 'Master Hermano', 'Gran Voz', 'Tu cara me suena' o no me suena nada. Sólo a base de insistencia y talento. Mirando de frente e iluminando con esos girasoles de ojos a los que canta, y con una enorme potencia hechizante en fondo y forma. Quienes la conocieron aseguran que tiene la misma magia que la malograda Cecilia.

Cada uno de sus conciertos es una celebración, de estar vivo y estar bien. Antes de que Rozalén saliera al abarrotado patio de butacas de la palaciega Sala Lorca, flotaba ya en el ambiente un vapor próximo a la esencia de la felicidad. Incluso el de anoche, con la polémica en torno a si debía o no suspender solidariamente: «Voy a donar mi beneficio, así que no gano nada y esto no es trabajo, es cantar con los amigos», precisó al respecto. Por delante más de dos horas de un concierto que se pasó en un santiamén, con casi treinta canciones y un intercambio de energía positiva bidereccional merecedor de alguna tesis universitaria. Le llaman realimentación en física, por lo civil, y comunión en religión.

Anunció un concierto especial, y ya la entrada lo fue: ella sola con su guitarra y su traductora homenajeó a Chavela Vargas ('Llorona') ¡¡¡y Reincidentes!!!! con '¡Ay Dolores!', «porque también hay hombres sensibles», añadió. En tan señalado día como el de ayer, al principio sonó esa crónica de la autoliberación femenina individual que es 'La puerta violeta': «Estoy emocionada desde que me levanté», comentó contando la historia de esa canción, y se atragantó ciertamente, «si la mitad del mundo parara, el otro medio no andaría», afirmó tras confirmar que se había unido a la manifestación porque «feminismo es respeto». Y ahí fue enormemente aplaudida y jaleada: «La que estás armando mi arma», se oyó. 'Vivir' vino después, dedicada a las que luchan contra el cáncer de mama, «que me enseñaron las prioridades en la vida», explicó.

Una chica solicitó en matrimonio desde el escenario a su pareja, con Rozalén por testigo

Tres de las piezas emblemáticas de 'Cuando el río suena', una suerte de álbum familiar cantado, «en el que no me he callado nada», confirmó, son las que permitieron conocer que su padre fue sacerdote ('Amores prohibidos'), su abuela acogió a un huido ('El hijo de la abuela') y su tío-abuelo cayó en el frente siendo casi adolescente ('Justo'); esta última fue refrendada con una sonora ovación y el público puesto respetuosamente de pie. Tres momentos de los de emocionalidad absoluta y completamente atípicos en un escenario. Pero es que ella -y es parte de su encanto- compone y escribe con mucho desparpajo, nunca le falla un palabra, sea en un mundo real como en la abstracción y el simbolismo; yendo del amor de andar por casa a las figuras oníricas o la crítica social, sea poética o prosaica. Y todo ello pisando desprejuiciadamente mundos sonoros completamente dispares, desde el blues, la copla, cabaret, el bolero, el son, el flamenco, el pop, el rap, la electrónica... a «una jota manchega» con la que 'amenazaba' en una entrevista. Siempre tiene un ritmo preparado y adecuado que enlazar en función de sus deseos de contagiar, confianza, sensibilidad, solidaridad, pasión, rebeldía, humor... Que no hay puntada sonora sin hilo.

Coreografía gestual

No necesitó de mucha parafernalia estética más allá de su gente, un colorista escenario floreado en plena borrasca y a su lado su inseparable Beatriz Romero, que más que su intérprete al lenguaje de signos es su otra mitad, con una complicidad siamesa y que llena con su coreografía gestual el escenario, por no decir el concierto entero cantando y bailando con sus manos.

Solvente también resultó su banda, un equipo todo terreno con su productor de confianza, Ismael Guijarro, a un lado y el director musical, el sevillano Álvaro Gandul, al otro, nombres que soportan los continuos cambios de dinámica ya que el repertorio se sube a un tobogán que va desde el silencio sólido al estruendo bailable.

Suele hacerlo, e invitó a toda la chiquillería presente a cantar con ella 'Las hadas existen'; menuda tropa. El amor llegó con 'Ahora', 'La que baila para ti', 'Berlín' y 'Para los dos', ¡y cómo llegó!: una chica solicitó en matrimonio desde el escenario a su pareja, con Rozalén puesta por testigo. Y si de bien nacida es ser agradecida, con una estremecedora versión de 'La Belleza' de Aute y el 'Volver a los 17' de Violeta Parra, dos monumentales canciones, pagó en público la deuda con sus mayores.

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