30 años de tango en Granada

Parejas bailan en el espectáculo 'Tango y arte', en 2014. /G. MOLERO
Parejas bailan en el espectáculo 'Tango y arte', en 2014. / G. MOLERO

Leyendas como Horacio Ferrer, Héctor Stamponi, Enrique Morente, Leopoldo Federico, Roberto Goyeneche y Osvaldo Pugliese han pasado por el Festival de Tango de Granada, que cumple tres décadas

PABLO RODRÍGUEZGRANADA

Sostiene Horacio Rébora, ese granadino que nació al otro lado del Atlántico, que el tango es una de las manifestaciones artísticas más importantes de la cultura urbana contemporánea. Hijo híbrido de la inmigración y la ciudad -la globalización antes de la globalización-, es precisamente esa filiación la que le otorga «el carácter universal» que hace poco reconocía la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Por eso, más allá de localismos limitadores, para los granadinos el bandoneón es Río de la Plata y es Darro, la farra se corre en Boca como en la Plaza del Campillo o en López Mezquita y el lunfardo puede sonar, con total naturalidad, con giro zaidinero. Y esto es así desde hace 30 años, los que lleva Tato levantando el sueño de un certamen que se ha convertido en un puente sobre el océano.

Allí el ciclo mantiene encendida la llama de Granada como ejemplo vivo de la capacidad del género para ignorar fronteras, para evolucionar y abrir nuevos caminos. Pero no es el único mérito del festival, al que puede reconocerse sin temor a caer en el chovinismo como único en el mundo. No sólo es el certamen de tango más antiguo de Europa. Es también, junto al de Montevideo, el primero de todos, «el que creó la categoría de festival en el género del tango».

Sus orígenes hay que buscarlos a comienzos de los 80. La Tertulia, verdadero templo de la cultura granadina, concentraba la atención de intelectuales y escritores de la ciudad. Reunidos al calor de la barra y la palabra de Tato, figuras como Juan Carlos Rodríguez, Juan de Loxa, Javier Egea, Luis García Montero, Álvaro Salvador o Antonio Jiménez Millán hablaban sobre las letras del género y analizaban sus posibilidades literarias. Aquella reunión pasó de la cerveza al papel y se transformó en 1984 en 'Granada Tango', un importante libro que ponía en pie algunas de las teorías construidas por el grupo a las que se sumaban autores del rango de Cortázar o Benedetti y que anunciaba a la capital nazarí lo que estaba por venir.

«Es una de las manifestaciones culturales más importantes de la cultura urbana contemporánea»

«Mucha gente no lo sabe pero aquello fue el kilómetro cero del festival», reconoce hoy Rébora. «Si el tango empezó del baile a la canción, es decir, de los pies a la cabeza; en Granada fue al revés, de la cabeza a los pies». Y las cabezas concibieron un festival que se levantaba sobre dos premisas clave: la de concebir el tango como un género universal y no exclusivo de un ámbito geográfico y la de mostrar a lo largo del certamen los estilos del tango en sus tres manifestaciones de manera equilibrada.

«Queríamos que cada día del festival el público pueda disfrutar de una visión distinta del tango instrumental, el tango como música; el tango como canción y con ello la poesía que la soporta; y el tango-danza», advierte Rébora. «Pretendemos que cada día estén siempre las tres manifestaciones, pero con estilo distinto. De modo tal que la persona que se saque el abono encuentre aventuras distintas y no tenga la sensación de repetición».

Así, de las ideas a los hechos pasó en marzo del 89, cuando tuvo lugar la primera edición del certamen. El cartel, un auténtico bombazo en el que brillaban glorias del tango como Horacio Ferrer -creador de 'Balada para un loco', la obra que encumbrara el genio de Piazzola- o Héctor Stamponi -pianista y compositor de piezas como 'Qué me van a hablar de amor' o 'El último café'-. fue fruto de la «ingenuidad» y la «palabra». «Lo que hoy nos cuesta mucho esfuerzo, entonces nos costó el triple por nuestra inexperiencia», reconoce Tato.«Era el tango por entonces algo mucho más reducido, con un gran número de glorias del tango y una cantidad muy pequeña de artistas disponible para ser contratadas en Europa».

«Sólo por aquel tango de Enrique Morente había merecido la pena todo el esfuerzo del festival»

Aún así, el director del festival no tuvo reparos en regresar a Argentina para buscar en persona a las estrellas. Lo hizo de todas las maneras posibles. «Aún lo recuerdo como un dolor de cabeza», admite. «Me encontré con Néstor Marconi, con Rubén Juárez y Roberto Goyeneche en el café Homero de Buenos Aires y todo el avance fue entre whiskies, hablando muy claro con los maestros». Cierto es, y lo aclara Rébora, que partía como la única referencia del tango en Europa y que la proyección continental terminó de decantar las posibilidades.

Sin embargo, las negociaciones no siempre fueron tan esperanzadoras, especialmente en el caso de Goyeneche. El cantante, auténtica leyenda del tango, no mostró mucho interés en salir del país. «Durante toda la conversación tuve la sensación de que no vendría a Granada», admite Tato. Sólo los consejos de los fans del artista, que lo acompañaban en la reunión, lograron convencer a la estrella, que fue uno de los primeros gigantes del género que participó en el certamen.

Chikito y Enrique

Aquel sueño no fue sólo de Rébora ni de los poetas de La Tertulia. También tuvo a su alrededor grandes nombres de la Granada contemporánea como Luis Oruezábal y Enrique Morente.

El primero, exfutbolista del Granada y dueño de 'Chikito' -el restaurante heredero del viejo café Alameda en el que se reunían Federico García Lorca, Manuel de Falla, Manuel Ángeles Ortiz, Hermenegildo Lanz, Ángel Barrios o Constantino Ruiz Carnero, entre muchos otros-, lideró la extensión nocturna del festival y convirtió su local en escenario de las más fastuosas farras tangueras.

«Fue un constante invitador de las figuras que venían al festival y se convirtió en el mejor anfitrión de las estrellas», recuerda Tato. El restaurante no fue, únicamente, lugar de entretenimiento sino auténtico espacio de creación. Memorable fue la noche en la que Horacio Ferrer creó su tango abolerado. Allí, en una de sus mesas, el autor de 'Balada para un loco' compuso aquello de «el mejor regalo que un hombre puede hacerle a una mujer es una barra de labios porque después ella puede devolverle el regalo beso a beso». «La letra se guarda aún en el libro de visitas del local, sellada con un beso de Lulú, su esposa», recuerda.

«Para organizar el festival de tango he tenido que aprender a gestionar la frustración»

Por su parte, Morente se implicó desde el primer momento en el desarrollo del festival. Ya en su primera edición cerró el cartel con aquel legendario 'Tango X 2', un espectáculo con letras de Egea, música de Mederos y guiños a Gardel y Ferrer. «Cuando lo oí por primera vez aquella noche, lo dije: sólo por ese tango de Enrique había merecido la pena todo el esfuerzo del festival».

Como flamenco abierto, Enrique estuvo ahí siempre. Incluso cuando el ciclo estuvo apunto de desaparecer. Lo subraya Tato, que recuerda los días en los que se había decidido trasladar los fondos del Tango para montar un certamen de flamenco. «Él se manifestó públicamente y dijo que poco futuro le veía al flamenco sin un festival de tango». Así se paralizó la operación y, como recordatorio, Rébora centró el ciclo en el lema de Grass: «Ninguna cultura puede vivir si bebe solo de su propia sustancia».

Sueños

Hoy, con 30 años de trayectoria, el Festival de Tango está enraizado en Granada y abandera la imagen que tienen de la cultura de la capital al otro lado del charco. Sin embargo, eso no ha impedido que el ciclo nuevamente se vea sacudido por los recortes. «Para organizar el festival he tenido que aprender a gestionar la frustación, a no decir aquello que sueño en voz alta para no compartir esa frustración», admite.

La última, la visita de la gran estrella del tango Susana Rinaldi. A sus 82 años, la gran dama del tango porteño era el anhelo de Rébora para cerrar la 30 edición del ciclo, que comienza el próximo jueves. «Ella estaba dispuesta, quería venir a Granada pero al final ha sido imposible», lamenta Rébora, al que estos últimos días no lo detiene ni una operación médica. Y ahí sigue, peleando como hace 30 años. Él es el espíritu de esa Granada entusiasta que se proyecta fuera y su hijo, un festival que se atreve con sus tres décadas a contradecir a Gardel. «Caminito que el tiempo no ha logrado borrar...». Eso sí, el maestro lo habría cantado mejor.

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