'Danzad Malditos' sobrecoge en su dura batalla por la dignidad del ser humano

Los actores se entregan desde principio a final en un baile sin concesiones. /IDEAL
Los actores se entregan desde principio a final en un baile sin concesiones. / IDEAL

La adaptación teatral de la célebre película de Sidney Pollack confirmó en el Auditorio las expectativas generadas

M. PADILLAALMERÍA

El mejor teatro se vivió el viernes por la noche de nuevo en las tablas del Auditorio Municipal Maestro Padilla, con la representación, la penúltima de su gira, de 'Danzad Malditos', una adaptación de la célebre película de Sidney Pollack, en la que los protagonistas participan en un maratón de baile que les lleva a los límites de la deshumanización y a la constante lucha por mantener una dignidad en peligro por un maestro de ceremonias despiadado y una desconcertante cantante que le acompaña sin casi opción de elección, como un juguete roto de una rueda que vuelve a girar una y otra vez. Una representación que se enmarca en el 'Otoño Cultural' del Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería, en esta ocasión con la colaboración del Programa Estatal de Artes Escénicas (PLATEA) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La adaptación de Félix Estaire, dirigida por Alberto Velasco, vinculó de manera constante el texto a la novela original 'They Shoot Horses, Don't They?' ('Ellos disparan a los caballos, ¿No?') de Horace McCoy. No sólo en la estética del director del 'concurso maldito', ataviado como un jinete, sino incluso en la expresión corporal, deshumanizada y animal, de un brillante elenco de actores (Guillermo Barrientos, Carmen del Conte, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, David Sánchez Calvo, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Párbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Verónica Ronda, Sam Salde, Ana Telenti y Alberto Frías) a los que la obra exige tanto que, al ser un guión en blanco que nunca se repite, les obliga a conocer todos los textos porque las parejas eliminadas venían determinadas por el azar de botellas de agua, con una tiznada de negro, por pruebas físicas, como la interminable carrera en corro mientras sonaba cada vez más rápido el 'Der Song Von Mandelay' o la elección de un espectador, que tendría 'la decisión final'.

A lo largo de la función, con una banda sonora excepcional, como 'La Foule' y 'Padam Padam' de Edith Piaf o 'Too Darn Hot' de Ella Fitzgerald, a caballo entre ficción y realidad, no en vano el premio que se anuncia para los ganadores es la recaudación de la taquilla y también se hace referencia al papel de Jane Fonda en la película, desnuda pavores y traumas colectivos, como el temor que se adquiere desde niño a ser elegido el último a la hora de formar equipos; la frustración ante la incapacidad de mantener una relación de pareja; la explosión ante el incumplimiento constante de unos deseos anhelados o merecidos; o la rebelión, finalmente amansada, ante la propia trama... Mientras el espectáculo sigue, dejando víctimas derrotadas, ante la impertérrita mirada del público.

En la escena final, tan dura como el resto de la obra, la pareja erigida ganadora camina hacia la libertad andando sobre las espaldas de sus enemigos descalificados mientras suena el 'Lacrimosa' de Zbigniew Preisner. Pírrica victoria en una atmósfera de completa miseria, los ven alejarse para, una vez perdidos en la lejanía, la rueda vuelva a girar como al inicio de la representación, poniendo en marcha una vez más la despiadada maquinaria.

Una obra sobrecogedora, con menores concesiones que la cinta de Pollack, que se llevó la triple ovación de unos espectadores más que satisfechos.

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