La Alhambra abre excepcionalmente al público las Habitaciones del Emperador

La Alhambra abre excepcionalmente al público las Habitaciones del Emperador

En estas estancias se alojó el escritor norteamericano Washington Irving en el siglo XIX

R. I.

La Alhambra abre excepcionalmente al público las Habitaciones del Emperador durante el mes de enero. Todos los martes, miércoles, jueves y domingo, con la entrada Alhambra General, se podrá acceder a este espacio, cerrado a la visita por motivos de conservación.

Cuando el emperador Carlos V visitó Granada en 1526, quiso alojarse en la Alhambra. Por esta razón, unos jardines situados entre el palacio de Comares y el de los Leones, que lindaban con la muralla norte, se habilitaron para adaptarlos como habitaciones del emperador y recibieron destacados elementos decorativos. Se accede a ellas por una puerta abierta, que anteriormente fue ventana, en la alcoba izquierda de la sala de Dos Hermanas.

La construcción de estas habitaciones está atribuida a la época de Carlos V, aunque algunos investigadores han señalado unas posibles intervenciones en la época de los Reyes Católicos. A pesar de estos cambios visuales, las nuevas edificaciones se proyectaron de una manera integrada con el resto de estancias nazaríes, ya que se adaptaron y adecuaron sin necesidad de buscar una simetría en la disposición espacial. Las nuevas salas se organizaron por medio de un corredor internamente comunicado y en torno a un patio irregular, abandonándose las formas de disposición islámica basadas en cédulas independientes en torno a un patio y, por tanto, transformándose la comunicación entre las estancias.

La primera sala, conocida como Despacho del Emperador, conserva una chimenea y un artesonado, realizado en 1532 por Pedro Machuca, a continuación una antecámara por la que se accede a los dormitorios reales.

Sobre la puerta se conserva una placa de mármol colocada en 1914 en recuerdo al célebre escritor norteamericano Washington Irving, autor de los famosos Cuentos de la Alhambra, quien se hospedó en las salas conocidas como Salas de las Frutas en 1829.

Entre 1535 y 1537, Julio Aquiles y Alejandro Mayner, cercanos a Rafael, fueron los encargados de pintar las paredes de estas estancias. Composiciones netamente renacentistas llenaban las paredes, pintura que se ha perdido casi por completo ya que fueron cubiertas con yeso en repetidas ocasiones desde el siglo XVIII.

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