Traspuestos

La nueva arista del problema catalán habrá ocupado y preocupado al inquilino de la Moncloa este fin de semana, cuando le habían programado que lo destinara a la recuperación de la moral entre las filas de su partido

Traspuestos
AFP
EDUARDO PERALTA

Traspuestos nos hemos quedado esta semana por la decisión de la Justicia alemana de dejar en libertad a Puigdemont al negar el delito de la rebelión. La decisión ha dado alas a los independentistas pero hay que respetarla aunque no nos guste. El recorrido judicial es todavía largo y hay que esperar las actuaciones desde España en ese sentido. Ante el intento de los secesionistas de encontrar a toda costa respaldos internacionales, el Gobierno de Rajoy debe actuar con rapidez para intentar evitarlo, quizá con mayor determinación que hasta ahora.

La nueva arista del problema catalán habrá ocupado y preocupado al inquilino de la Moncloa este fin de semana, cuando le habían programado que lo destinara a la recuperación de la moral entre las filas de su partido. El PP inició el viernes su convención en Sevilla para que se visualizara además el pistoletazo de salida con su candidato Juanma Moreno en la carrera de las próximas autonómicas, con adelanto en la cita electoral o sin él. Pero esa intención se ha eclipsado por el escándalo de Cristina Cifuentes y su máster. La presidenta madrileña puede resistir mientras no se demuestre su culpabilidad, pero a la vista de que el rector de la Universidad Rey Juan Carlos dijera este viernes que no hay rastro de su trabajo está alargando una situación que perjudica a su propio partido y que puede acabar con la moción de censura que piden los socialistas si Ciudadanos la respalda. Es curioso ver cómo unos y otros, incluidos los de Podemos, se han enzarzado en el debate, con la ausencia de su candidato Íñigo Errejón, de viaje por Bolivia. Los de Rivera saben que tienen la llave pero el riesgo de permitir que el exministro Ángel Gabilondo sea el nuevo presidente de Madrid y potenciar su figura a un año de los comicios autonómicos supone muchos riesgos para ellos. Quizá prefieran a otro persona del PP más desconocida e irrelevante. El bastión popular de Madrid que creó Esperanza Aguirre con Ignacio González y Francisco Granados se va a llevar por delante a Cifuentes, adalid de la lucha contra la corrupción. Y es que el fuego amigo es el peor de todos. Cifuentes tiene en su mano la posibilidad de convocar elecciones en cualquier momento e incluso jugar la baza de presentarse. Traspuestos nos quedaríamos. Quizá como el Rey emérito, figura tan relevante en la Monarquía y de la historia española, al contemplar con asombro el domingo pasado un gran patinazo real, tras el que su protagonista debería haber pedido perdón. ¿No les parece?

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