«No imaginas que a tu hija le pueda pasar algo así; si la policía te agrede, ¿qué te queda?»

Concentración de mujeres ayer en Estepona. :/Charo Márquez
Concentración de mujeres ayer en Estepona. : / Charo Márquez

La madre de una joven víctima de una supuesta agresión sexual en Estepona afirma que los dos agentes denunciados le arrancaron la ropa

JUAN CANO / ÁLVARO FRÍASMÁLAGA

El teléfono sonó a las once de la noche del domingo. «¿Está sentada?», le preguntó una voz de mujer tras llamarla por su nombre. «¿Y está con su marido?», insistió su interlocutora. A Sandra –nombre ficticio para proteger a la víctima– empezó a escamarle tanta pregunta y zanjó el interrogatorio: «Dígame qué necesita». La respuesta, lejos de tranquilizarla, le heló la sangre: «Es que ha habido un problema con su hija...».

A esa hora, Andrea (también nombre figurado), que tiene 18 años recién cumplidos, debía estar llegando en coche a Madrid tras pasar el fin de semana en Estepona con una amiga y el novio de esta. Fue el modo en que las dos chicas iban a celebrar el final de la selectivad. Por eso lo primero que pensó Sandra es que su hija había sufrido un accidente de tráfico.

–«No, no es eso», le aclaró la mujer que había al otro lado de la línea. «No se preocupe, su hija está aquí conmigo y está bien, pero ha ocurrido algo. Unos policías locales han entrado en su casa y han consumido droga», añadió la interlocutora, que se identificó como psicóloga de la comisaría. Lo que no le dijo es que Andrea estaba en el hospital porque esos dos agentes de la Policía Local de Estepona supuestamente habían abusado de ella.

Sandra apenas tardó cinco horas en recorrer con su marido los 613 kilómetros que separan Madrid de Estepona. Poco después se reencontró con su hija. «Lloraba y lloraba sin parar, no me llegaba a decir lo que le había pasado», recuerda la madre, que empezó a comprender al leer los informes del hospital. «Es de película de terror, nunca imaginas que le pueda pasar una cosa así». Su marido, que actúa de portavoz de la familia para proteger a ambas, añade: «Si la policía te agrede, ¿qué te queda?».

Iba a ser un fin de semana de descanso, de fiesta y de desconexión tras pasarse un mes encerradas estudiando. El viernes a mediodía se subieron en el coche del novio de la amiga de Andrea, el único de los tres que tiene carné (22 años), y pusieron rumbo a Estepona, donde Sandra y su marido tienen un apartamento para veranear. Salieron de marcha el viernes, se levantaron tarde, pasaron el sábado en la playa, cenaron en el restaurante de la urbanización y, por la noche, se fueron otra vez de fiesta.

«Luces apagadas»

Estuvieron tomando copas en la discoteca Mosaïc, en la avenida Juan Carlos I. A las 5.20 horas, los tres amigos decidieron volver a casa. Y ahí empezó todo. Cuando circulaban por la avenida Puerta del Mar, vieron a lo lejos un coche patrulla de la Policía Local. El conductor, que asegura que solo tomó una copa con la consumición que le dieron con la entrada de la discoteca, detuvo su vehículo para evitar que los pararan. Sin embargo, los agentes se habría dado cuenta de la maniobra y se acercaron a ellos «con las luces apagadas y en dirección prohibida».

A partir de aquí, el relato se apoya únicamente en las versiones de la denunciante y de sus amigos dado que los policías locales aún no han prestado declaración formalmente, aunque, al parecer, cuando fueron detenidos negaron que se hubiera producido la agresión sexual que dice la víctima. Al interceptarlos en el coche, no los identificaron ni les pidieron la documentación. Sólo le preguntaron al conductor si había bebido o si llevaba drogas, según contaron los jóvenes a los investigadores. Los chicos trataron de excursarse alegando que estaban de celebración para que no denunciasen al conductor si daba positivo. Los agentes supuestamente les pidieron un taxi y dejaron el coche del grupo aparcado en los alrededores de una gasolinera BP, de ahí que se les atribuya un posible delito de prevaricación al no haberles hecho la prueba de alcoholemia.

Los policías locales, que habían conseguido el teléfono del conductor, enviaron a este la ubicación donde había dejado el coche y consiguieron la dirección del apartamento donde se hospedaban «con la excusa de ir allí a completar unas diligencias», dicen los padres. Para evitar que subieran al piso, los chicos esperaron abajo. Según su versión, los agentes llegaron vestidos de uniforme, pero sin el arma, en el coche particular –un Audi negro– de uno de ellos. Al parecer, pretendían quedarse a solas con la víctima, pero como sus amigos no querían dejarla, les habrían quitado las llaves del apartamento y les habrían conminado a subir.

Una vez dentro de la vivienda, y siempre según el relato de los jóvenes, los agentes empezaron a quitarse ropa y a consumir una sustancia blanca, al parecer cocaína. En el apartamento se han encontrado restos que están siendo analizados para confirmar si, como parece, se trata de este estupefaciente.

Al ver la escena, la amiga de Andrea escapó del piso y, desde el exterior, llamó a los servicios de emergencias. Los policías locales presuntamente comenzaron a realizar tocamientos a la chica en el salón, que habrían llegado a la agresión sexual. Ella, siempre según su testimonio, mostró su negativa, trató de subir constantemente la cremallera que ellos bajaban e intentó apartarlos. Entonces, se volvieron «más bruscos», dice el padre. «Le arrancaron el vestido y la ropa interior», añade la madre.

El novio de su amiga, que aún permanecía en la vivienda, trató de impedirlo, pero lo apartaron –según dijo, le retorcieron el brazo para inmovilizarlo– y acabaron arrinconándolo mientras, supuestamente, abusaban de la chica. Entonces, uno de los agentes lo agarró y le ordenó que lo acompañara a su casa en busca de hachís.

Cuando regresaban, vieron junto al edificio una ambulancia, que asistía a la amiga de Andrea. El agente llamó a su compañero para advertirles de que debían huir, siempre según las víctimas. Arriba, el otro funcionario habría abordado a Andrea en su cuarto, donde supuestamente la violó.

Cuando ambos se marcharon, la joven, en estado de 'shock', no tuvo fuerzas para contar lo sucedido, aunque la Policía Nacional activó el protocolo ante el relato de sus amigos y empezó a indagar. «La psicóloga de la policía pasó el domingo entero con ella y no logró desbloquearla hasta la noche. Ahí empezó a hablar», dice el padre. El lunes, los dos agentes fueron detenidos y trasladados a los calabozos, donde esperan a ser puestos a disposición de la autoridad judicial.

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