Ideal

El tren de baja velocidad

Durante dos años la política de Andalucía ha estado pendiente de un tren al que debía subir un solo pasajero. Se trata de una pasajera, ya saben, y no cualquiera, de la presidenta de la Junta de Andalucía. Mucho se ha escrito de este tren, aún por llegar, aún por partir, aún por recoger a la pasajera, pero poco se ha escrito de otros trenes. El de Susana Díaz aún saliendo de Santa Justa y acabar en Atocha, las dos estaciones pioneras del AVE, sigue pareciendo un tren de baja velocidad. Los otros trenes de los que nadie habla también son de muy baja velocidad, tanta que dan para leerse una novela larga durante un solo viaje.

Del líder de Izquierda Unida en Andalucía, Antonio Maíllo, es conocida su afición a la lectura, pero no fue para leer para lo que se subió al tren de Renfe Media Distancia (la denominación suena a chiste) que une (más bien separa) a Almería de Sevilla. El trayecto es hoy día una odisea debido a las obras de un AVE que, como el de Susana Díaz, tampoco acaba de llegar. El viaje dura seis horas y no solo transcurre por la vía férrea, ya que hay transbordo a un autobús entre Granada y Colonia Santa Ana-Antequera.

Maíllo hizo un viaje-denuncia, una modalidad política que a mí me resulta no solo original, sino también constructiva y digna de copiar. En otros tiempos sus compañeros de filas en Izquierda Unida hubieran ocupado las vías del tren para que este no saliera, con el consiguiente perjuicio para los viajeros siempre atribulados entre destino y destino.

Maíllo ha sido más comprensivo y acertado. Se subió al tren y aunque era un tren lento, llegó rápido a miles de ciudadanos a través de la redes sociales. Contó su viaje en Twitter con su prosa precisa ilustrándonos de la pésima comunicación ferroviaria entre Almería, Granada y Málaga con Sevilla, el prometido y olvidado eje transversal de Andalucía. Además nos recordó las numerosas joyas paisajísticas y monumentales de ese trayecto.

Al día siguiente del periplo de Antonio Maíllo fueron cargos del PP y del Gobierno los que ocuparon las vías para prometer otra vez que las obras del AVE paralizadas un año volverán a reanudarse pronto.

El viaje protesta de Maíllo pone en evidencia cómo se ha ido para atrás en Andalucía en tantas cosas. Era la comunidad que más avanzaba en infraestructuras viarias hace quince años y ahora todo lleva la palabra retraso. Esta semana se celebra el debate sobre el estado de la Comunidad y es una buena ocasión para hacer una radiografía de la realidad de Andalucía con seriedad, sin autobombo y sin críticas demonizadas por la rivalidad política. Una buena ocasión para apearse de una vez de este tren de baja velocidad en que parece subida Andalucía desde que la crisis echó a andar.