Después de una profunda reflexión a lo largo de toda la semana sobre la necesidad de reforma de la contabilidad y la auditoría, ayer por la tarde tuvo lugar en el Edificio de las Mariposas el acto de clausura del curso de verano dirigido por Francisco Sierra Capel e Isabel María Román.
En línea con los objetivos marcados por los organizadores, las conferencias que se han incluido en las distintas sesiones han girado en torno a la necesidad de valorar la implantación de las principales modificaciones y novedades en la elaboración de los estados contables del Plan General de Contabilidad, el estudio de las principales novedades de la reforma de la Auditoría y la evaluación de la nueva legislación contable y en materia de Auditoría en la administración de las empresas.
En este sentido, la última jornada tuvo como ponente invitado a Sinforoso González Romero, que ejerce como auditor de cuentas, titulado mercantil, abogado y profesor asociado en la Universidad Europea de Madrid (UEM). Su intervención estuvo centrada en la aplicación práctica que puede hacerse de la Contabilidad.
Para finalizar el curso, Manuel Benítez Álvarez, auditor de cuentas en ejercicio, titulado mercantil, abogado y profesor de la Universidad CEU San Pablo, disertó sobre el papel de la figura del auditor ante la Ley de Prevención de Blanqueo de Capitales.
Obligación moral
Benítez desarrolló su ponencia sobre el 'blanqueo' de capitales y la ley de 2010 y, en este sentido, remarcó la obligación moral y legal que tienen los auditores para no contribuir ni alentar, gracias a su conocimiento, a actividades que supongan blanqueo de capital o de otro tipo de posible delito.
Prácticamente centró su exposición en la ley de 2010, que ha provocado cierta conmoción entre los auditores, ya que les obliga a a que denuncien si creen percibir algún indicio de posible 'blanqueo' de capitales. El ponente afirmaba que esta actuación debería de producirse únicamente si se produjera constancia de que se ha cometido delito, porque en este punto se genera una indefensión de la profesión liberal, ya que puede obligar al auditor a que tenga que comunicar datos sobre su cliente, medida que podría afectar a su práctica habitual y su ética.
Además, Benítez elogiaba su profesión, de la que comentaba que es maravillosa, y destacaba como una de sus características principales la necesidad de actualización que experimenta el auditor, del que, afirma, tiene que estar en permanente formación continua.
Tras el encendido elogio, ha animado a todos los presentes a desarrollar la profesión de auditor, a la que dijo se accede mediante un examen, que se convoca cada dos años, y que después requiere del profesional que se inscriba en un registro general de auditores.
La intervención de Benítez despertó una gran expectación, tal y como pudo comprobarse en las numerosas preguntas que surgieron entre los asistentes. Se produjeron muchas preguntas, que estaban enfocadas, fundamentalmente, en las opciones para 'lavar' el dinero obtenido de forma ilícita y sobre si es fácil realizar este proceso.
El conferenciante respondió explicando que los auditores tienen el deber ético y legal de evitar que se comentan estas ilegalidades, pero también quiso precisar, ahondando en su intervención anterior, que un aspecto es la denuncia de un delito y otro, muy diferente, que la labor de prevención tenga que recaer, tal y como marca la citada ley de 2010, sobre los profesionales liberales, especialmente cuando no hay constancia de que se haya cometido delito, sino solo indicios de que pueda cometerse.