Los aportes innovadores basados en la tecnológica se presentan como un paso obligado para la industria agroalimentaria si su objetivo prioritario es seguir siendo competitiva o desarrollar su posición en el mercado internacional. No obstante, para obtener un mayor éxito en este proceso se requiere avanzar en la dimensión empresarial, uno de los puntos débiles de el sector agroalimentario. Esta es una de las ideas que la Fundación Cajamar y la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (Fiab) reflejan en el estudio 'Competitividad y tamaño de la industria de alimentación y bebidas, que presentaban ayer en Madrid. En esta obra se pone de manifiesto que «la innovación tecnológica es uno de los principales motores para conseguir ventajas competitivas duraderas». En este sentido, se aclara, «las empresas de mayor dimensión tienen una mayor probabilidad de realizar actividades innovadoras, el 73,7% frente a las Pymes con un 24,3%». Además, otra de las ventajas con las que cuentan las empresas de gran dimensión se manifiesta en los recurso, ya que estas «disponen de más alternativas a la financiación, un factor crucial en cuestiones relacionadas con Investigación y Desarrollo», señalan en la Fundación Cajamar. Las empresas de mayor tamaño, añaden, «suelen destinar sus esfuerzos en diseñar y desarrollar nuevos productos. Sin embargo, el caso de las Pymes, sus inversiones en innovación suelen estar destinadas a mejorar los procesos productivos por lo que se dirigen a la adquisición de maquinaria, equipos, hardware o software avanzados».
Según apuntan desde la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, «este sector es más innovador que otras industrias de bienes de consumo como la moda, el calzado o el mueble. Nuestro ritmo de innovación es acorde a la demanda del mercado y de los consumidores. No obstante, en Fiab creemos que se puede ser más innovadores y por ello creemos necesario propiciar un salto cualitativo en la innovación del sector priorizando las acciones conjuntas en este campo».
En la obra se analiza la 'gran lacra' en la actividad de la industria agroalimentaria que no es otra que la sobre atomización que presenta el tejido empresarial. A pesar de que en los últimos 15 se ha reducido el número de empresas que operan en el territorio nacional, mejorando así el dimensionamiento de este sector, «en estos momentos hay más de 30.000 empresas integradas en esta industria, de las que el 96% son pymes», destacan en el estudio. Esta atomización, aunque es característica de los países de la Unión Europea en la industria de la alimentación y las bebidas, como detallan desde la Fundación Cajamar, «es más pronunciada en los países del Mediterráneo».
El papel que desempeñan las empresas nacionales dedicadas al sector de la alimentación y las bebidas fuera de las fronteras del país «es muy destacada, tal y como lo avalan los resultados de la balanza comercial». El estudio de Cajamar resalta que existe una relación positiva entre dimensión empresarial y sus capacidades de internacionalización, señalando que «si bien para las empresas más grandes es más sencillo acceder a los mercados exteriores, las pequeñas empresas que desarrollan con éxito estrategias de internacionalización tienen una intensidad exportadora mayor». En parte, explican desde la Fundación «esto se debe a que las pequeñas empresas consideran la internacionalización como una estrategia de supervivencia y crecimiento a medio y largo plazo».
El estudio también destaca qué tipo de empresas de mayor tamaño permitirán una mayor internacionalización, no sólo en términos de exportaciones sino en términos de presencia efectiva en el extranjero. Según apuntan desde la Fundación Cajamar, «la internacionalización es una prioridad para nuestra industria, puesto que cada vez supone un porcentaje mayor de las ventas». Desde 2005, explican, «el porcentaje de exportaciones sobre la facturación ha pasado del 18% al 24%, y consideramos que tiene un mayor potencial de crecimiento en el futuro. Para ello, además de una industria con mayor dimensión será fundamental fomentar una mayor coordinación entre Instituciones, Administraciones y Empresas».
Esta obra que profundiza en la competitividad de la industria de la alimentación y las bebidas, abre un capitulo dedicado a los recursos de los que dispone el sector en función de la dimensión que tenga. Así, aluden a que la mayor concentración favorece la posibilidad de acceder a la financiación necesaria para invertir, a costes más bajos y contando con más alternativas financieras que las pymes.