Encender una luz, abrir el grifo o arrancar la calefacción son hechos habituales sobre los que casi nadie se para a pensar en el mecanismo que los hace funcionar. El motor de las actividades más cotidianas se vuelve descomunal cuando se trata de encender una luz, abrir un grifo o calentar una habitación de un hospital como el de Poniente, en el que pasan a diario unas 5.000 personas, entre pacientes, acompañantes y trabajadores.
Las infraestructuras como la instalación eléctrica, la climatización, el agua de consumo, la red interna de saneamiento, gases medicinales o las redes de telecomunicaciones deben estar siempre a punto, las 24 horas del día y los 365 días del año. Sólo así se garantiza que el verdadero 'corazón' de la mini ciudad que representa el hospital no deje de latir.
El subdirector de Infraestructuras del Hospital de Poniente, Ramón Estrada -acompañado de Óscar Dueñas, técnico de infraestructuras y Carmen de Miguel, gestor de mantenimiento- presentó ayer esta particular planta industrial de la que incluso muchos trabajadores del centro hospitalario desconocen su existencia. Está en las entrañas del hospital y se compone de varias salas y largos pasillos de tuberías y cables que, pese a su entorno lúgubre, son absolutamente vitales para el correcto funcionamiento de cualquiera de las áreas del Hospital de Poniente.
650 metros de galerías
En concreto, la planta industrial del centro hospitalario de El Ejido ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados y se compone de la central de producción eléctrica, la sala de calor, sala de frío, planta de agua y central de gases medicinales. De forma anexa, hay una red de galerías de distribución previas a la incursión de las instalaciones en el propio edificio y que ocupan más de 2.000 metros cuadrados de subsuelo en un recorrido de unos 650 metros. La distribución de la energía que se produce en esta planta se extiende a lo largo de 30 kilómetros de tuberías y 40 de cableado.
Los números que se manejan en el centro hospitalario son monumentales y, así, la demanda media anual de producción eléctrica es de 10'1 GW/h; o lo que es lo mismo, lo que consumirían hasta 3.400 hogares. En la central de producción eléctrica se alojan los centros de transformación, los cuadros generales de baja tensión y los grupos electrógenos que, en caso de que fallase la red, permitirían que continuasen funcionando instalaciones como los quirófanos, la UCI, paritorios, laboratorio, urgencias o hemodiálisis, además de un 60% de la iluminación de pasillos o demás dependencias del centro hospitalario.
Parte de las tripas de este entramado que permite al hospital funcionar a diario lo compone también la sala de calor que está formada por tres calderas de gas natural, cinco depósitos de acumulación y más de 30 bombas de impulsión, entre otros elementos. La demanda de calor al año en este centro está estipulada en 3'08 GW/h térmicos y, en cualquier caso, la instalación está preparada para que si falla el suministro de gas natural pueda continuar funcionando con gasóleo.
A la sala de calor, se suma la sala de frío formada por tres enfriadoras de un millón de frigorías cada una (las de cada hogar suelen rondar unas 2.500), pero Ramón Estrada señala que incluso en el verano es frecuente el alquiler de una cuarta para cubrir la alta demanda de aire frío; esta demanda supone cada año 3'15 GW/h frigoríficos.
La sala de agua, por su parte, cuenta con cuatro aljibes con una capacidad total de 455 metros cúbicos para el agua de consumo, además de otros 200 metros cúbicos adicionales con los que se garantiza permanentemente la red contraincendios. En este sentido, Ramón Estrada también subrayó que con estas cifras el abastecimiento de agua está garantizado de forma autónoma durante 30 horas en caso de que el suministro habitual sufriese alguna avería. En el hospital se consumen al año unos 100.000 metros cúbicos de agua.
La sala de gases medicinales abastece de oxígeno, nitrógeno, aire medicina, protóxido de nitrógeno y vacío a todas las áreas asistenciales. Para ello, existe un tanque de almacenamiento de 19.800 litros de oxígeno líquido y otro de 20.600 litros de nitrógeno líquido. Además, para cada uno de estos gases existen dos rampas de botellas de gas comprimido a 200 bares que abastecen el centro hospitalario cuando hay contingencias con los tanques. De nuevo, los consumos anuales de estos gases medicinales 'marean' ya que se cifran en 221.000 metros cúbicos de oxígeno, 124.000 de nitrógeno y 800 litros de protóxido.
Los encargados de poner a punto este 'motor' son una plantilla de 21 trabajadores que realizan, en alrededor de un 70% de los casos, tareas de prevención para que cuando lleguen las emergencias reales sean lo menos gravosas posibles y, sobre todo, los usuarios apenas las perciban.
Entre las averías que se recuerdan con más «desesperación» son , por ejemplo, las de la red de fluxores que tiene como consecuencia que las cisternas de todo el área de hospitalización no funcionen. Cuando algo así ocurre se pone en marcha todo un dispositivo de actuación rápida que intenta solventarlo en el menor tiempo posible. Así que, recuerde, la próxima vez que acuda al centro hospitalario y algo no funcione es más que probable que ya haya un equipo de trabajo intentando solucionarlo, quizás bajo sus pies, en el subsuelo, donde se esconde un área industrial que casi nadie ha visto.