Goytisolo dio a conocer una Almería áspera, dura, aislada. En la que el ser humano mimetizaba con el rudo y árido paisaje. A través de sus obras 'Campos de Níjar' o 'La Chanca', el escritor catalán mostraba al mundo una realidad apenas conocida. Un tercer mundo enrocado en la miseria a la sombra de la Alcazaba. Las cosas han cambiado. Almería ha pasado de la penuria más absoluta a la opulencia de los tiempos buenos en los que las plantaciones bajo plástico llenaron los bolsillos del pueblo llano. Tiempos en los que el ladrillo y la grúa giraron la moneda hasta tal punto que la cruz y la cara formaron parte de la misma realidad en una distancia de apenas unos años.
Almería avanzaba a velocidad de crucero. Y a pesar de mantener focos marginales de los que habían salido algunos autóctonos y llegaban foráneos con la desesperación de quien busca el dorado para olvidar la penuria que deban atrás en el estrecho, continuaba siendo la ciudad de contrastes de la primera mitad del siglo XX. Esa ciudad de Paseo con periódico bajo el brazo o abanico en la mano, y la de la subsistencia a cualquier precio en calles de tierra y barro. Esta realidad parecía totalmente desterrada. No en vano, en barrios como Pescadería ni siquiera había tendido eléctrico o agua corriente. Pero la crisis económica y financiera ha golpeado a familias que veían en la pobreza algo lejano que recordaban sus padres o algo vivido cuando la inocencia de la infancia no permitía penetrar las preocupaciones adultas.
Ahora, tras la época del dorado, de la superabundancia y del lujo, Almería ha vuelto a toparse con una realidad fría y ruda, especialmente dura con los más débiles de la cadena. Almería vuelve a emigrar. El pasado año se marcharon 1.821 almerienses al extranjero en busca de trabajo, lo cual supone una media de 4,98 ciudadanos por día. El paro asola las esperanzas y los planes de futuro de un tercio de la población activa -aquella que está en condiciones de trabajar-. Y se ceba especialmente con extranjeros, jóvenes, mayores y mujeres.
Pero la cara más cruda y difícil de digerir de la crisis es la que afecta a la infancia. El sindicato UGT viene alertando de que el alto nivel de desempleo en la provincia de Almería es la causa principal de la pobreza y de la exclusión social. La marginalidad y la escasez de recursos ya no están ligadas a ciertos colectivos concretos de la sociedad, sino que se vinculan estrechamente al desempleo. Y en esta situación, los inocentes, los niños, viven consecuencias de un panorama del que no son en absoluto responsables. Almería se sitúa, según el sindicato, a la cabeza de Andalucía en pobreza infantil, y se sitúa entre las cinco primeras provincias de España en referencia al riesgo de pobreza y exclusión social. La realidad no es desconocida. Las oenegé y las entidades públicas y privadas en contacto con los colectivos en riesgo de marginación vienen recordando de forma constante el cambio social vivido en España, el incremento del riesgo de exclusión ligado al desempleo y el impacto de estos fenómenos en la infancia.
En noviembre del pasado año, el brazo de la Organización de Naciones Unidas para la protección de la infancia, UNICEF, cifraba en un 24% el porcentaje de niños menores de edad que vivían en riesgo de pobreza en el Estado español. Si bien reconocía «los avances en los servicios sociales», alertaba de que «muchas familias no reciben la ayuda apropiada para asumir sus responsabilidades con los niños, especialmente aquellas en situación de crisis debido a la pobreza». De hecho, calificaba de «limitado» el «impacto de las medidas adoptadas».
«Aunque la pobreza de los niños y niñas en los países ricos no se dibuja, salvo en los casos más graves o los colectivos más vulnerables, con el dramatismo con que se refleja en las naciones en desarrollo, es una realidad que les priva de sus derechos y de las condiciones necesarias para desarrollarse y avanzar en la vida, comprometiendo su presente y su futuro», explica UNICEF en su informe 'La infancia en España, 2010-2011'. España está en el quinto puesto de la escala de países europeos con mayor riesgo de pobreza infantil. La superan sólo Letonia, Italia, Bulgaria y Rumanía. Estados como Polonia, Malta, Hungría, Estonia o Grecia tienen menos riesgo de exclusión por escasez de recursos para la infancia que el Estado español.
El estudio de UNICEF ahondaba en las variaciones que esta dramática situación ofrece en el panorama estatal. Y en ese ámbito, Andalucía es, tras Extremadura, la comunidad con un mayor riesgo de exclusión social por pobreza ateniéndose a los umbrales nacionales de riqueza. Teniendo en cuenta, no obstante, que en los hogares en los que ha niños, el nivel medio de renta es menor que cuando se trata de hogares en los que no hay ningún menor de edad.
En la sociedad del bienestar, en la que lo que se busca como bien máximo es la igualdad de oportunidades, el estudio de UNICEF remarca una incómoda realidad. «La transmisión intergeneracional de la pobreza es una constante. Y mientras esto ocurre, en 2008, cuando la crisis no había hecho presencia en toda su magnitud, España invirtió un 13,9% de su PIB en políticas de protección social, situándose en penúltimo lugar de la Unión Europea (atendiendo a la UE de los quince), sólo por delante de Irlanda. En aquel momento el promedio de la UE era del 18,5%.
Preocupación andaluza
El de UNICEF no es el único estudio que avisa del riesgo que la crisis está suponiendo para la población infantil. El Defensor del Menor de Andalucía alertaba en su Informe Anual de 2010 sobre los problemas que estaba acarreando esta situación en la infancia. «Los chicos y chicas de entre 0 y 15 años de edad suponen el 19,3% de la población en riesgo de pobreza, tomando como umbral de pobreza la mediana de la renta de Andalucía. Una situación que tiene mayor incidencia entre los varones (un 20,1%) que entre las mujeres (un 18,2%).
Este estudio efectuado por el Defensor del Menor indica que en Andalucía, el 50,6% de los hogares compuestos por dos adultos y uno o más hijos dependientes afirma que no se puede permitir tomarse al menos una semana de vacaciones al año, al igual que el 63,6% de otros hogares con hijos. Asimismo, el 42,6% de los compuestos por dos adultos con hijos declara no tener capacidad para afrontar gastos imprevistos y el 77,8% de los otros hogares con hijos. El propio Defensor opina que la pobreza, si bien no es la vulneración de ningún derecho, supone «un fenómeno social generador de desigualdades y que tiende a inutilizar los derechos constitucionalmente reconocidos».
«La pobreza sin lugar a dudas incide en una etapa crucial de la vida de la persona, cual es la de su crecimiento y formación, y condiciona la disponibilidad de un lugar de residencia adecuado que a su vez sea la base sobre la que garantizar el cumplimiento de otros derechos básicos como el respeto a la intimidad, el derecho al descanso, a disfrutar de una vida familiar, a formarse y educarse con dignidad», indica el Defensor en su informe anual.
Más de 25.000 niños
De hecho, sólo entre 0 y 14 años (ambos incluidos), la población almeriense recogida en el Padrón es de 117.338 personas. Y utilizando estos datos oficiales y extrapolándolos a los del Defensor del Menor en Andalucía, eso significaría que más de 25.000 menores almerienses estarían en riesgo de exclusión social por la pobreza. No es baladí. Sobre todo teniendo en cuenta que la ligera caída en los riesgos de exclusión social que venía produciéndose en el país hasta 2007 se ha vuelto a acrecentar en los últimos dos años hasta datos anteriores a los inicios de la década.
«Este panorama no va a mejorar si no se interviene», indican desde UGT Andalucía. «Nos tememos que las políticas de contención del gasto público y la limitación del déficit constitucional agravarán la situación, porque significará la pérdida de ingresos reales a pensionistas, desempleados y empleados públicos así como el resto de la gente trabajadora», apuntan. Y esto tendría a su juicio un mayor impacto en los sectores más castigados. En este caso, los menores inmigrantes.
La imagen de Goytisolo en 'La Chanca' ha cambiado algo. Especialmente en estética. Las calles ya no son de barro -aunque tengan baches sin tapar-. Y la tez de los niños, es probablemente más oscura por efecto de la mezcla de razas de la Almería de las últimas décadas. Lo que no cambia en absoluto es la inocencia de los pequeños.