Los productos agrarios continúan siendo el blanco perfecto que utilizan las grandes cadenas de distribución para atraer la atención de los consumidores a sus supermercados. En la página web de Lidl, en su versión alemana, esta cadena de distribución ofrece, estos días, la pieza de pepino procedente de Alemania, Almería u Holanda a 25 céntimos de euro, o lo que es lo mismo, a 50 céntimos de euro el kilogramo, ya que como explica Adoración Blanque, secretaria general de Asaja-Almería «cada pieza de pepino que se pone en el mercado puede pesar aproximadamente medio kilo». Según Juan Antonio Díaz, director comercial de Agroiris, «en estos momentos se está vendiendo el pepino puesto ya en Alemania a 50 céntimos de euro, aproximadamente». Por tanto, la cadena alemana por la comercialización de estos productos no está obteniendo beneficios. Sin embargo, con el objetivo de llevar a sus establecimientos el mayor número de clientes, utiliza estos 'productos reclamo', sin tener en cuenta que generen beneficios.
Para que el productor dedicado a cultivar pepinos obtenga ingresos por encima de los costes de producción «tendría que vender el kilogramo de pepinos, al menos a 40 céntimos de euro», señala la secretaria general de Asaja-Almería. En estos momentos, en una Sociedad Andaluza de Transformación como es Agroiris, su director comercial apunta que «el agricultor está recibiendo, actualmente, por un kilo de pepino, entre 15 y 20 céntimos de euro». La mitad, por tanto, del dinero que debería recibir para que obtuviese la mínima rentabilidad, según las cifras que barajan en Asaja-Almería.
El sector en su conjunto rechaza este tipo de prácticas comerciales al tratarse de la configuración de una estrategia que hunde el precio de las hortalizas en el mercado. Al respecto, Blanque explica que «Si una cadena de supermercados baja el precio real al que debería venderse el producto en los lineales, las empresas que están en competencia tenderán a disminuir el precio de esos mismos productos para jugar en igualdad de condiciones de cara a sus potenciales clientes. Por tanto, se tiende a una presión a la baja de las cotizaciones de, en este caso, el pepino, en el mercado en origen y el que paga todo esto es el agricultor. Finalmente el que realmente pierde dinero es el productor». Este bucle, que no hace otra cosa sino que bajar el valor del producto en el mercado, «sólo encontraría un cambio de tendencia si la demanda del consumidor aumenta considerablemente».
Para Adoración Blanque, estas estrategias comerciales «deberían ser seguidas por La Comisión Nacional de la Competencia, o en su caso, por el Tribunal Europeo de la Competencia». Al respecto, añade que «lo mismo que se preocupan por acciones en las que toman parte los agricultores, a los que tienen muy controlados, deberían hacer con las grandes cadenas de distribución, pues éstas últimas siempre actúan a sus anchas».
Calidad
En este inicio de campaña, al parecer, productos como el pepino no están registrando la calidad que se espera en el mercado. Según afirma el director comercial de Agroiris, «además de que el volumen que se comercializa diariamente no es elevado, lo cierto es que no se está obteniendo la calidad deseada». Entre las causas, Juan Antonio Díaz comenta que «los técnicos están achacando esta falta de calidad en el pepino a la falta de luz, al excesivo calor y a las semillas, que al parecer, algunas están fallando».