En la jungla diaria, no sólo la música amansa las fieras. También la lectura. El símil no es casual. Una nueva forma de 'amansar' el día a día se está colando en Almería. Paso a paso, sin prisa pero sin pausa, cada vez son más quienes se suman a hacer de la 'jungla' un lugar más apacible. Lo llaman 'bookcrossing', algo así como 'cruzalibros'. Y su filosofía es la de liberar los ejemplares. Que la cultura forme parte de la vida diaria sin cortapisas. Que sea incluso un elemento casual del día a día. Y cuenta ya en todo el mundo con alrededor de un millón de usuarios registrados.
¿En qué consiste? En 'liberar' los libros cuando estos ya han cumplido su función, la de ser leídos. Es decir, en permitir que otra persona pueda participar de la función del ejemplar impreso. Y todo esto sin que suponga ningún coste, de modo altruista y colaborativo. Pero para que este 'viaje' del ejemplar no sea una incógnita, se han creado servidores en internet en los que se pueden registrar los ejemplares liberados para que sus lectores, si así lo desean, puedan comentar la lectura, indicar dónde encontraron el libro y marcar dónde van a 'liberarlo' de nuevo para que otra persona inicie de nuevo este ciclo con la pretensión de ser indefinido. Son las tres 'R' del dogma de sus usuarios: read (leer), register (registrar) y release (liberar). Todo mediante un código que los 'liberadores' pegan en el libro tras su registro en el que se dan datos de qué es el bookcrossing y que, además, remiten a los servidores de registro de este intento de biblioteca mundial al aire libre y por sorpresa.
Un ejemplo de estos servidores en línea para la ubicación de libros bookcrossing es la página web www.bookcrossing.com. En ella se pueden encontrar algunos de los sitios de la 'jungla', como lo llaman sus usuarios, en los que se pueden encontrar libros cruzados.
En Almería aparece uno. Una ferretería de Albox. En ella, anuncian los usuarios, hay una 'book box' (caja de libros) en la que hay liberados algunos ejemplares. Todos ellos en inglés. Una de las muestras que hace ver cuán extendida está esta práctica en otros países y cómo está siendo importada a Andalucía y a Almería en particular.
No obstante, algunas administraciones y organismos se han lanzado últimamente a potenciar esta práctica. Por ejemplo la Universidad de Almería, que en primavera promovió la liberación de libros en el campus para el intercambio entre la comunidad universitaria -al margen, claro está, de la biblioteca-.
¿Amenaza u oportunidad?
Esta práctica, que crece por semanas, no gusta a todos. La industria editorial observa como una amenaza este fenómeno, que de extenderse podría llegar a mermar sus ingresos. Los usuarios, por el contrario, no lo ven así. Más bien, a la inversa de este razonamiento, lo ven como un punto fuerte de futuro. Primero porque posibilita que algunos lectores poco habituales se enganchen a esta práctica. Por otro, permite que los lectores se familiaricen con autores o géneros que no son habituales en el carrito de su librería y que podrían ampliar su espectro de lectura. Y tercero porque ya existen otros métodos de lectura gratuita -las bibliotecas- y la industria librera no se ha ido aún a pique.
En los parques, en un restaurante, en una cabina telefónica, en un portal de una calle, bajo un banco público, en la esquina de una fuente, en un cajero automático, en el andén de la estación de tren, en el estante de un supermercado... Cualquier lugar de la 'jungla urbana' es bueno para los 'bookcrossers', los aficionados a cruzar libros, que sin embargo han ubicado en la ciudad puntos 'oficiales' de intercambio. Estos puntos se pueden consultar en los diferentes servidores de 'bookcrossing' existentes en la red. Son un lugar 'a tiro hecho'. Si no, siempre queda ir con los ojos bien abiertos por si se 'caza' un buen libro.