ideal.es
Miércoles, 22 octubre 2014
sol
Hoy 23 / 25 || Mañana 22 / 24 |
más información sobre el tiempo
Estás en: > > >
¿Se puede medir el bienestar? España y otros 33 países lo intentan

SOCIEDAD

¿Se puede medir el bienestar? España y otros 33 países lo intentan

Se van a meter en nuestras casas para medir cuánto nos satisface el colegio o el médico. La felicidad, en datos, para alegrar el PIB

09.05.11 - 02:03 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
¿Se puede medir el bienestar? España y otros 33 países lo intentan
Entre el dinero y la felicidad hay la misma relación que entre las plumas y las gallinas; una gallina sin plumas sigue siendo una gallina, pero no acaba de convencer a nadie», decía el escritor y humorista catalán Noel Clarasó. Algo parecido piensa Woody Allen al creer que «el dinero no da la felicidad, pero produce una sensación tan parecida, que solo un auténtico especialista podría reconocer la diferencia». Pues bien, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ese club de los 34 países más ricos del mundo, España entre ellos, que dirige los destinos económicos y sociales de sus miembros e influye en los que no lo son, ha convenido que el dinero no da la felicidad y que el producto interior bruto (PIB) se queda muy cojo a la hora de medir el bienestar de los ciudadanos. Eso lo sabía hace tiempo. Pero la salvaje crisis ha contribuido a que el organismo urja a los gobiernos a que completen los indicadores macroeconómicos con otros que puedan medir los desequilibrios, la calidad de la sanidad, de la educación, el ocio, el valor del desarrollo sostenible o el del resignado trabajo doméstico, entre otros.
La tesis no es nueva. Ya en 1972 el pequeño reino de Bután comenzó a medir su felicidad interior bruta (FIB) a través de encuestas bianuales que introducen diferentes parámetros para detectar el bienestar de sus súbditos. Y Brasil, que aún no pertenece a la OCDE, lleva celebrando varios congresos internacionales sobre el FIB con el propósito de evitar que su progresivo desarrollo, como país emergente que es, incurra en los defectos y errores de los más ricos, esos que ahora se devanan los sesos para salir del vendaval de la recesión.
En Europa, Nicolas Sarkozy fue el primero en hacer pública su visión de que los datos macroeconómicos no revelan la calidad de vida de los franceses. Tras recibir el informe encargado en 2008 a un equipo de cinco premios Nobel de Economía encabezados por Joseph Stiglitz para que estudiaran la fórmula que permitiera crear el índice de desarrollo basado en el concepto de felicidad, el presidente galo se apuntó un buen tanto político al anunciar que daría la batalla para que los países europeos fueran más lejos del PIB. Le secundó enseguida David Cameron que, desde la oposición laborista y poco antes de ser primer ministro británico, llegó a preconizar: «Ha llegado la hora de que admitamos que hay más cosas en la vida que el dinero y ha llegado la hora de que nos centremos no solo en el producto interior bruto (PIB), sino en una felicidad general». La OCDE ha puesto de moda el concepto del FIB y ha recomendado a sus miembros que pongan en marcha mesas nacionales que analicen nuevos indicadores que reflejen de forma más realista cómo vivimos y cómo nos sentimos.
Intangible y subjetiva
Pero ¿cómo medir la felicidad?, ¿es feliz el más rico?, ¿el que vive en una ciudad y sufre día a día los odiados atascos, el estrés de horarios?, ¿o el que habita en un pueblo y se queja de la falta de servicios educativos o lamenta la desgracia de los que mueren camino del hospital?
Luis Jiménez, presidente del Observatorio de la Sostenibilidad en España, entiende que la felicidad es un concepto subjetivo, imposible de medir o pesar. ¿Kilos o gramos de felicidad? ¿Y la infelicidad, cómo medirla? Opina que es mucho más fácil ir a la medida del concepto de bienestar y calidad de vida, que aunque también engloba aspectos subjetivos, resulta más tangible.
El Observatorio tiene la misión de aportar al debate, con su amplia experiencia, datos sobre la sostenibilidad ambiental. «Incidiremos en el gran capital natural que desgastamos continuamente y que no está incluido en la contabilidad nacional, ni recoge el PIB, y en toda la serie de bienes y servicios que prestan los ecosistemas gratuitamente, que tienen un valor económico muy importante, pero no un precio de mercado. Lo que no tiene precio de mercado no se refleja en las cuentas nacionales. Ya decía Machado que cualquier necio puede confundir valor con precio. El valor de los ecosistemas, cómo los perdemos, por qué se destruyen o cómo gastamos dinero en controlar la contaminación debería figurar en el PIB», explica el también profesor de Economía y Desarrollo Sostenible de la Universidad Complutense de Madrid.
Jiménez es consciente de que destronar al PIB será imposible a corto plazo, teoría que suscita una amable sonrisa en Mariano Gómez, asesor de la Presidencia del INE (Instituto Nacional de Estadística), otra de las instituciones que colabora en el diseño de las futuras herramientas que hablen con más concreción del estado de salud económica y sociocultural de los españoles. Para Gómez, se trata de reorientar la producción estadística hacia los hogares, no solo hacia la productividad. Hay que «cruzar los datos macro con los datos micro» para obtener una información más amplia sobre el bienestar. El PIB mide la renta y la riqueza, pero no su distribución, ni los desequilibrios o las desigualdades existentes. Pero ¿cómo valorar lo que no tiene precio en el mercado? ¿Las horas que trabajan los funcionarios y su productividad, las consultas sanitarias, las horas de quirófano o los servicios domésticos no retribuidos? Todo eso que no reflejan las cuentas nacionales pero que daría una idea más completa del índice de satisfacción de los ciudadanos es sobre lo que los organismos encargados del proyecto, con el asesoramiento de expertos (empresarios, sindicatos y académicos), han de dilucidar en los próximos meses.
El informe del Observatorio se sumará a las sugerencias del INE, de la Oficina Económica del Presidente y al documento que elabore el Capítulo Español del Club de Roma. Estas instituciones harán una puesta común de sus trabajos, de la que saldrá el informe que aportará España a la OCDE en breve, con las características específicas de este país.
Jiménez destaca, por ejemplo, que una las peculiaridades que diferencian a España de otros países europeos es el temprano abandono escolar, fruto del 'boom' inmobiliario, que animaba a los jóvenes a ganar dinero fácil y dejar los estudios. Asegura que las altas tasas de abandono han afectado a la competitividad de la economía española ante la carencia de formación de los trabajadores, aunque en estos dos últimos años vuelven a recuperarse los índices de matriculación, motivados por la falta de trabajo y el desempleo.
Educación y sanidad
El desarrollo social, el ocio, el trabajo doméstico no remunerado, la educación y la sanidad constituyen el grueso de los indicadores en los que debe bucear el Club de Roma. El vicepresidente del capítulo español de este organismo, José Manuel Morán, invita a la reflexión y explica que España tiene unos recursos y un patrimonio mayor del que reflejan los medios de comunicación, preocupados por informar de los indicadores macroeconómicos, casi siempre negativos. «El país es más rico de lo que los periodistas cuentan, tiene un gran capital social, de participación ciudadana, de fenómenos de solidaridad, de diálogo social, de valores tradicionales. El PIB no mide el desarrollo de industrias culturales ni del tejido social, y la calidad de vida de nuestro país es mayor de lo que puede desvelar nuestra renta per cápita, pero claro algunos están más preocupados por 'Gran Hermano' y por sobrevalorar aspectos negativos de la realidad. Hay que combatir ese pesimismo», espeta Morán, que advierte de que el Club de Roma no pretende adoctrinar a nadie, sino promover debates. Uno de ellos será valorar el tiempo empleado en el trabajo doméstico, el cuidado de los hijos y de las personas dependientes, que «nadie podría pagar» por su elevadísimo coste, pero que, en su opinión, ayuda a que la sociedad esté menos aislada y pueda combatir situaciones de soledad y de pobreza en un país envejecido. «Lo importante es tener alguien con quien hablar, y estamos perdiendo las riquezas rurales frente al aislamiento urbano», asevera. Ingeniero aeronáutico de profesión, Morán se pregunta si es más feliz él, que se pasa el día viajando y en reuniones, que un albañil de la Maragatería, alejado del estrés y con otro concepto del tiempo. Sostiene que una mayor riqueza no se corresponde con mayor felicidad, puesto que esta última está vinculada a tangibles imposibles de comprar, como la calidad humana y la convivencia.
En Tuenti
Ideal.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.