Nadie pone en entredicho que el patrimonio histórico-cultural se enarbola como bandera por todos, desde políticos hasta colectivos vecinales, pero también es verdad -desgraciadamente- que, por unos, por otros o por ambos, son muchos los elementos patrimoniales que se pierden, que no se conservan en condiciones idóneas, que no se presentan para que el ciudadano actual disfrute de su belleza y conozca el papel jugado en su tiempo. Son varios también los que, tras un tiempo de rehabilitación precedida de reivindicaciones y protestas la mayoría de las ocasiones, se reabren, se 'ponen en valor', empiezan a disfrutarse, pero terminan por cerrar de nuevo sus puertas y terminar por caer en el olvido y en el abandono.
Tal es el caso -un tanto señero- de las Fuentes de Alhadra, que eleva su desconocimiento, su olvido y su abandono a tal nivel que no se ha oído ninguna voz de protesta por los años que llevan ya muriéndose de pena entre las actividades de las naves industriales del Polígono 20 y que ni un grupo municipal, el socialista, las mencionara en el recuento que hizo ayer para denunciar la inactividad del equipo de gobierno -PP y GIAL- mantiene a los recursos culturales propios. GIAL fue precisamente el grupo que batalló por conseguir su rehabilitación tanto del desconocimiento que existía en la mayoría de los ciudadanos como desde el punto de vista arquitectónico y urbanístico.
Dinamización Turística
La atención seria y decida para tal recuperación quedó plasmada en el Plan de Dinamización Turística que el Ayuntamiento de Almería presentó en las primeras semanas del año 2004. Las Fuentes de Alhadra aparecían en el apartado de rehabilitación junto -y ojo por el (in)cumplimiento del mismo- a la atalaya de Torre Cárdenas, las ermitas de San Antón y de La Cañada, y la iglesia de Las Salinas de Cabo de Gata. El impulso inicial provocó, tal vez por la sencillez que conllevaba esa actuación, que tanto las propias fuentes como su entorno entraran en un proceso que permitió su inauguración en el año 2006 después de casi dos de trabajos.
Ante la sorpresa que causó el 'descubrimiento' de una parte de la historia de la ciudad, e incluso de varios pueblos cercanos, pese al papel débilmente arquitectónico y estético, el Ayuntamiento se vio obligado a incluir las Fuentes de Alhadra en el programa de visitas guiadas organizadas desde el Área de Turismo. Contribuyó asimismo a esta decisión el hecho de su ubicación, entre el tendido ferroviario y las naves del Polígono Industrial, que no resulta la más atractiva que digamos para acudir a través de un paseo y eso que el tratamiento urbanístico del entorno invita sentarse y contemplar el paisaje.
Cultura del agua
Ese atractivo recibió incluso un reconocimiento profesional desde el Colegio de Arquitectos. Tal tratamiento obtuvo una mención especial en los Premios Arco, correspondiente a los trabajos llevados a cabo durante los años 2004 y 2005, que premiaron «los mejores trabajos llevados a cabo en ese periodo», dentro de la modalidad Urbanismo/Paisajismo/Espacio Público. El proyecto está firmado por los arquitectos Eva Luque García y Alejandro Pascual Soler.
No hubo, por el contrario, ninguna explicación desde el Área de Turismo sobre la desaparición del programa de visitas guiadas y se desconoce la demanda que las Fuentes de Alhadra pudieron recibir a lo largo de los años en los que figuró en los distintos calendarios trimestrales, ya que no centralizó monográficamente ningún recorrido y formó siempre parte de rutas con más elementos, bien relacionados con la denominada cultura del agua o bien relacionadas con la ubicación en la que se levantan.
Etnografía
No es preciso profundizar en las causas de esa desaparición, y por tanto de su olvido y de su abandono, porque parece que pueden residir en el propio contenido de las Fuentes de Alhadra. Es decir, no se trata de una construcción románica, gótica, renacentista y casi, casi no existe una mano del hombre detrás de ellas. Estamos ante un antiguo pozo que sirvió para el abastecimiento de la ciudad y al mismo tiempo para el regadío, cubierto por un pequeño edificio coronado por una cúpula, que puede recordar a edificaciones islámicas e incluso ortodoxas. «El valor añadido al patrimonio turístico y cultural de Almería» que se creó con la restauración y con el tratamiento urbanístico del entorno radica en la transcendencia histórica y etnográfica que conlleva este elemento patrimonial.
Y es que Las Fuentes de Alhadra, denominadas Redonda y Larga, datan de la época de la dominación árabe de la ciudad y han sido el suministro de agua, tanto para el consumo como para el regadío, con el 'adelanto' de las norias, sin olvidar el servicio para molinos, durante siglos con un papel destacado y prioritario para el primero, tal como consta en documentos de todo ese mismo periodo debido a que se tratan de aguas corrientes. Provocaron, por el segundo de los fines, todo un sistema de riegos con acequias y boqueras. No es por tanto fútil sostener que las Fuentes de Alhadra han constituido también uno de los esqueletos del proceso económico y social de Almería. Son muchos los historiadores que coinciden en señalar que esta red hidráulica fue lo único de todo el sistema hidráulico recibido por los cristianos después de la conquista de la ciudad que sobrevivió. Las fuentes empezaron a secarse, entre otras cosas, por el abuso, en 1561 y el agravamiento llegó en 1572.
La empresa Parque San José fue la ejecutora de las obras de restauración con un proyecto de casi 60.000 euros y con dos etapas para llevar a cabo los trabajos. Mientras la primera recuperó la fuente y su construcción de forma circular la segunda se dedicó a trabajos de ornamentación y de embellecimiento, tanto de la propia fuente como de su entorno más inmediato. En este sentido se creó una rampa de acceso a la fuente y una zona de macizos vegetales de tal manera que los parterres, al estar escalonados, salvan el desnivel del terreno y forman un dibujo que imita las ondas que produce el agua al caer. La piedra natural se utilizó para el pavimento.